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      Poesías

Allá por los 80 realizábamos en Radio RBC un programa titulado “Literatura en la Zona”. En él, y con algún hilo conductor, íbamos leyendo poemas de autores de esta Comarca.

Permanentemente llegaba material de los escritores.

Hoy, muchos años después, encontramos con mi madre las viejas carpetas, y nos propusimos publicar en este espacio una selección de aquellas composiciones.

 

 

 

Alfredo Moyano

Alvaro Figueredo

Amalia de Figueredo

Ángela Mira Vega

Blanca Cestaro

Blanca Luz Brum

Daniel Omar Pereira

Elena Silva

Élida B.Acosta de Civila

Fabiana Danta

Fabiana Martirena

F. Curi

Gaby  Ana Rojas

Gloria Quesada

Isabelino Pérez Sierra

Jordán Civila

Julio Báez Umpiérrez.

Lenir Baute

Liliana Riva

Loreley Molinelli de Cabrera

Luis A. Quevedo

Luis A. Quijano Alpuín

Margarita M. de Bonilla

Margot Bonilla de Rosa

Marita Pacheco de Blois

Mary Lagresa Bertrand

Orlando Cabrera Plada

Prof. R. L.  Figueredo

Raúl Montañez

Roberto Villalba

Silvia Rodríguez

Valentina Peña de Gianola

Wilma Pereira

Yamandú Beovide

Alberto Vaccaro

 

 

Allá por  los ochenta

 

 

 

 

 

 

 

Indice de Poesías

 

Romance para la Fundación de Pan de Azúcar

 

El plomo de las palomas

eriza cardales secos.

Sobre mástiles de izaga

mutilan gritos los teros

y en la pizarra del agua

viven horizontes viejos.

Ya don Félix de Lizarza

rompe el yunque del silencio,

amojonando distancias

sobre los planos del viento.

Un calendario de ranchos

esparce fogones nuevos.

Agrias lechuzas rechinan

rayando el perfil del cielo.

Un redoblar de pezuñas

queda aquietado en cencerros

y esmerilada de grillos

la tarde cuelga sus flecos.

Mil ochocientos setenta

y cuatro. Sus compañeros

son: Don Francisco Bonilla,

Enrique Brun y Don Pedro

Alfonso, Miguel Alzuri...

Se está incendiando el lucero

Y candiles temblorosos

arden en cansancio y sueño.

También Felipe Pagani

y Andrés Vázquez. Todos ellos

enraizarán en espigas

materializando anhelos.

La Luna escarda las nubes.

Abriendo grietas, un perro

se apuntala en un ladrido.

Canta el arroyo contento

y Pan de Azúcar naciente

se adormila entre los cerros.

Ricardo Leonel Figueredo

 

 

Romance para la fundación de Aiguá

 

Ay! Margarita Muniz

sonámbulo está tu sueño

los gritos de la vigilia

resuenan como cencerros,

si está resonando el valle

con tamboriles de teros

y los anillos de cuarzo

tintinean en los cerros.

Ay! Margarita Muniz

cómo repica el desvelo!

si el arroyo en su campana

repite su son añejo

y el gallo del viento canta

erguido sobre el silencio,

y la luna enjuaga todos

los vidrios de los espejos.

Ay! Margarita Muniz

clava el puñal de tu anhelo!

y rasga las cuatro cuadras

en donde nacerá el pueblo.

que tu tatuaje de hoy

quedará firme en el tiempo,

y tú tienes tu sonrisa

durmiéndose en el deseo,

Ay! Margarita  Muniz

traza una cruz en tu pecho!

persígnate de horizontes

y así te acurruque el sueño

que ya una bruma de ranchos

te está rondando en acecho

y San Antonio de Aiguá

viene saliendo a tu encuentro.

Ay! Margarita Muniz

año de mil ochocientos

noventa y dos y tu vida

asida está a un derrotero.

de noche cierra sus valvas

aprisionándote adentro.

Ay! Margarita Muniz

Se quedó afuera el recuerdo.

 

 

ROMANCE PARA LOS NIÑOS EVADIDOS

 

Huérfano el viento en la esquina

llora solo su congoja

Procesión de soledades

recorre calles de sombra

Escoltando a los tres niños

-tres penas con una alforja-

en busca de derroteros

para clavar su zozobra

 

Atrás ladraban los perros

sobre un silencio de estopa

En un recodo de tunas

se deshojó la amapola

de los últimos faroles

que jugaban a la ronda.

Tres ansias bajo la luna

van desvelando la hora.

 

Fuego de los carboneros,

ojos de pupilas rojas

traza señal de los cerros

a tres miradas absortas

El agua de una cañada

estila fresco en las bocas

Desnudos los horizontes

muestran sus formas redondas.

 

En los perfiles del río

cazaron palomas moras

apedrearon lechiguanas

asaron quince mazorcas.

Fueron calando remansos

en zambullidas maduras

y una siesta de chicharras

les dio almohadones de sombra

 

Entre dos guardiaciviles

tres penas niñas se ahondan

en la cruz de los caminos

quedó la esperanza sola.

la tarde sangra en los cerros

por tres heridas remotas.

Entre dos guardiaciviles

triste silencio solloza

Ricardo Leonel Figueredo

 

Prof. Ricardo Leonel Figueredo

Presidente de Honor de la

Comisión de Cultura de Pan de Azúcar

 

Indice de Poesías

 

 

El Indio

Escucho el canto del agua, que corre clara arroyo abajo, oigo a las ramas susurrando secretos con el viento... y percibo la sombra del indio en las orillas añejas.

Entonces no sé, si el silencio del bosque es silencio, simple murmullo de hojas, de vida silvestre; o es un compendio de voces dormidas en el lecho del tiempo.

Incolora, desteñida tal vez, la sombra del indio reposa, agachada junto al fogón que arde en otro tiempo, junto al arco que arroja saetas al olvido, allí donde la lanza clava siglos sin historia.

El Indio está allí, mudo, apenas una sombra etérea entre las sombras vivas, donde los suyos buscan esplendores idos en su tierra despojada. Sabiduría milenaria de escasas huellas, fuego modesto convertido en cenizas que nada dicen del ayer.

Lo veo, robusto y viejo, caminando el bosque, sin esperanzas. Sin los hijos que eternicen su existencia. Sin clamores, sin amor, sin presente, una sombra difusa, aquí, allá, en todos lados, paso lento, sigiloso... Se esconde de la luz que lo acusa ausente, y el paisaje se le pierde en dimensiones imposibles.

Sombra, sólo sombra que nadie ve, en la ribera del arroyo, en los brillos del agua, en cada piedra, en mis ojos, más adentro de mis ojos...

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

 

Sobre la curva convexa de la Tierra

Te desplazas como una invisible fuerza

Las arenas del desierto se acomodan

y al pasar, las dunas renuevan su forma.

Levantas a la altura, los barriletes,

Que se sacuden con nervios de serpiente.

Hinchas las velas del barco con tu soplo,

Para empujarlo por los mares ignotos.

Ondulas tu presencia en cada bandera

Y las aspas del molino se aceleran.

Curvas el tallo verde, quiebras la rama,

De hojas amarillas tapizas la plaza.

Una caricia, un beso transparente,

Se posa en paisajes siempre diferentes.

Cuando el Sol satura de luz la mañana

Tu frescura seca entra por la ventana.

Cierro los ojos para viajar contigo

Por horizontes que apenas adivino,

Para cargar de azules mi propio cielo

Y de lejanas islas mi agudo sueño.

Como un papel arrugado, iré contigo

A la rueda-rueda con el remolino.

Alberto Vaccaro

 

Antes de mí, y después de mí, el Mundo será el Mundo…

Sin estáticas perennidades ni eternidad.

Será la materia evolutiva del exterior a lo más profundo,

Proveniente de la nada, y en la nada viajando hasta el final.

Mísero segmento de un segmento nada más,

Se irá terminando mi tiempo, del tiempo universal.

La esfera ya estaba, y esfera será mientras exista

Aún las estrellas, llegado el instante, morirán.

Todo es breve, pese a las escalas muy distintas,

Todo es breve, y se entrega a los cambios sin parar.

 

Indice de Poesías

 

El árbol hueco del Parque Zorrilla.

 

Han pasado los peores temporales, y sigue allí... sólo cáscara y ramas huecas enlazadas de ramas vivas de algún vecino.

Ha corrido el agua tumultuosa de las crecientes, la risa de los niños en domingos de parque, el humo de los asados, las sombras y los pájaros... pero el viejo árbol, un fantasma de pie en el bosque verde, no abandona su esencia de atalaya.-

El arroyo tiene sus puentes viejos y nuevos, su playita cautivante, sus secretos insospechados. Y caminan los recuerdos entre hojas yertas y el susurro de aquella represita.

Pero el árbol muerto no muere todavía. Es una torre a sólo metros de la ribera.

Entre tantas especies, se ve aún la mano de Don Domingo. Las mesas de hormigón invitan al solaz, los caminitos a inocentes aventuras, y en un torbellino de tiempos aparece alguna diligencia para cruzar el arroyo.

Cuántas diligencias habrá visto pasar en su juventud, este testigo de los años que no quiere caer al yermo del olvido.

Estuvo allí, enhiesto, cuando desde un escenario flotante, el parque se llenó de música y canto.

Estuvo allí, a pocas cuadras de los rieles, cuando inundaba la noche el silbato del trencito de Piria.

Desde su comprometida altura, vio pasar a las lavanderas entre corredizos de espinas.

Cuántos vecinos y visitantes furtivos disfrutaron su sombra.

El implacable viento lo respeta. El agua le canta como a un niño sus canciones de cuna, el bosque lo apuntala en el abrazo indispensable de generaciones nuevas.

El parque creció a su lado, las espinas se transformaron en calles, la maleza en mesas y bancos de hormigón

En las mañanas, el sol busca lugar entre las ramas para obsequiarle su calor. El árbol hueco del parque caerá como pobrísima leña, algún día, alguna noche. Sus cáscaras en el suelo se descompondrán como simple tierra que vuelve a la Tierra.-

Quizás, entonces, nadie lo recuerde entre formas nuevas que tendrá el paisaje. Pero yo lo visito con frecuencia. Le pregunto cuántos años tiene, y me responde: más que la ciudad.

Le pregunto cuántas personas se apoyaron en su tronco, se cobijaron a su abrigo, o se refugiaron a su sombra... y no me contesta.

Le pregunto a la gente, y pocos lo conocen. Un árbol más, un árbol viejo, sin mucho para dar.

¡Eso creen!

Pero en lo poco que muestra todavía, en las huellas a cuchillo de algún amor, en su presencia de siglos, tenemos mucho para leer y comprender... mientras su sombra existe todavía, su abrigo, su silueta.

El árbol que no quiere caer caerá, antes o después de que lo veas. Depende de ti.-

Alberto Vaccaro

 

 

Indice de Poesías

 

Me gusta cuando vienes,

me tomas del brazo desde atrás,

apoyas el mentón en mi hombro,

y te fijas en las mismas letras que estoy leyendo.-

Tú el náufrago, y yo el tronco que flota en la corriente.

Me gusta sentirte cerca.

Eres la hija que no tengo, un bonito envoltorio de cariño.

Me cuentas secretos, haces preguntas, confías en mí.

Yo el náufrago, y tú, el tronco que flota en la corriente.

Nada es absoluto, ni siquiera el Mundo que habitamos porque sí.

Locura, tristeza, pasión, nostalgia, culpas, alegría... todo es relativo.

Vientos que soplan en verano desde todas direcciones.

El concierto de grises de la lluvia.

La exageración de colores cuando brilla el Sol.

La oscuridad de misterios en el cielo nocturno.

Lágrimas que no salen de los ojos y risas

que apenas asoman en las comisuras de los labios.

Todo es relativo, menos tú y yo, en este mágico instante de paz infinita.

Me gusta cuando vienes porque vienes, sin promesas ni pedidos.

Náufragos y troncos flotando en la corriente de roles alternos.

¡Qué importan los relojes... si el tiempo se detiene!

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

 

Te espero... no sé por qué

Tú vienes por otro tiempo

Yo voy lejos adelante

Y te espero, no sé por qué

 

Escucho tus pasos en el silencio

Te veo en la nada

Siento latidos nuevos

Y te espero, sin palabras

 

Escribo, no sé por qué,

Versos que ya perdí...

Sueños que ya soñé...

Y te espero, sin motivo.

 

te espero, aunque no vengas

Te doy la mano, aunque no estés,

Te sonrío sin notar tu ausencia

Y no despierto, porque no quiero.

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

 

Estás allí y no te veo. Sólo veo tus pupilas que taladran sin pudores el fondo de las mías.

Navego por el mar que ofreces, como un velero sin prejuicios, ni más destino que la dirección del viento.

El pulso se acelera. No sé si alegrías o nerviosas emociones circulan por mi sangre.

Una flecha lanzada al vacío... Un rayo en la feroz tormenta. Una sola estrella en la noche oscura.

No sé, no entiendo, no te veo. Algo de tus ojos me invade el alma.

Es un instante apenas, un segundo, y despierto al Mundo.

Estás allí, y pasas, como si todo fuera simple y fácil.

Los relojes retoman su implacable tic-tac y los caminos trazados se separan sin remedio.-

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

 

Me enamoré de niño varias veces.

Sólo sueños sin siquiera un beso.

En mi juventud tuve cien amores.

Escribí cien poesías por cada uno.

Fueron cien, también los desengaños

Escribí cien poesías por cada uno.

Dije que el amor es falso

Y me enamoré de nuevo.-

El torrente me condujo hasta el remanso

En la barca del verso nuevo.

Pero un pícaro río corre fuerte

En cauces de la más pura fantasía

Para decirle al corazón que siente

Y darle vuelo a mi poesía.

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

 

Hay algo que nos une

Y no es la vida.

No es el Mundo

Que seguimos con desgano.

Es un nexo

de canciones y poesía

Que descargan

Al contacto

Nuestras manos.

Pero en el aire cotidiano

Está cautivo

Prisionero de los rumbos prefijados

Y aparece en nuestros ojos

Como Sirio

Un brillo distante y pronunciado.-

Alberto Vaccaro

 

 

Indice de Poesías

 

Tengo las llaves del castillo, y voy por ti.

Paso el puente de tu pupila y camino la senda de  tus ojos.

Estás allí, sin teatro ni armadura, expuesto tu perfil,

Y tu sueño roto.

Lloras, y te acompaño.

Afuera los aplausos, la pintura y los trajes

Del teatro que interpretas con tu vida.

El telón separa silencios del camarín al escenario…

Y de mi sombra a la butaca vacía.

Tengo las llaves del castillo, y voy por ti,

A liberar tu llanto de sus cadenas…

A decirte “Estoy aquí”

Donde sólo los amigos llegan

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

 

Llueve y hace frío.

La noche se termina y el sueño se siente amenazado.

El instante robado tirita al costado de la carretera, repudia sus culpas,

Descubre su espacio, y se esconde.

Hace frío.

El Sol no se verá por las nubes

Y los amores prohibidos reclaman más noche.

Hace frío.

Historias de carruajes y calabazas rondan la madrugada

Vidrios empañados,

Sueños vencidos.

Alegrías extrañas, casi tristes.

Hace frío, y nace el día

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

 

Una tarde lloraste en mi clase... ¿Recuerdas?

Por la cascada azul de tu pupila

Desbordó un río de pena contenida.

Un mar de lágrimas nubló tu mirada

Y se hizo lluvia sobre mi alma.-

Un sueño niño se quebró en tus ojos

De cristal azul, mientras yo,

Como un tonto te miraba

Sin encontrar palabras que decir.

Una tarde lloraste en mi clase... ¿Recuerdas?

Te había visto triste, demasiado,

Y pregunté ¿Qué te pasa?

Por la ventana azul de tu pupila

Contemplé imprudente tu dolor.

Me dije ¡No te metas! Pero era tarde.

Y en el cielo que muestras cuando miras

Me sentí un intruso, quise pedir perdón,

Volver atrás, ¡Pero era tarde!

Alberto Vaccaro

 

 

Indice de Poesías

 

Muerte Primera

La sentí de golpe

en mis adentros

como una gran batalla.

Ella habitándome

llevándome

despojándome en diciembre.

Yo desasiéndome

salvándome

queriendo ser del mundo.

Ella habitándome

escarbándome

como a su sola tierra.

Me vio tan pobre

que deshabitándome

trayéndome a diciembre

me habló de un ramo

y haciéndome de niebla:

vuelve a tus hábitos, Amalia.

Aun es temprano.

Amalia de Figueredo

 

 

Indice de Poesías

 

Primavera

Simplicidad de jardín

hay en tus pétalos sinfonía,

esencias ya olvidadas

de color de dulces días.

Al llegar la mañana

el cielo está despejado

y en las barcas de mis sueños

bordan malvones dorados.

Ya llega la primavera

la brisa trae golondrinas,

con opresión en sus pechos

revolotean las colinas.

Color de trigo maduro

bajo ese cielo de nubes,

es el Sol que nos despierta

para subir a las cumbres.

Primavera: un jardín

de rosas y azucenas;

reverdeciendo esperanzas

para escribir un poema.

Valentina Peña de Gianola

 

 

Indice de Poesías

 

Canto de Amor y de Esperanza

 

Cuando mis huesos descubrieron dolores impensados

y mi corazón - niño lagrimeó en una madrugada,

cuando mis ojos bebieron las distancias y

a la utopía le clavaron una espada, te

 

integraste al paisaje de mi pobre vida con

paso leve y tu mirada de niña enamorada.

Y mi corazón anduvo cantando entre los verdes

y las lunas fueron todas de esperanzas.

 

¡Y te estoy amando! Más allá de dolores y de penas

te estoy amando hasta el borde mismo de las

lágrimas. A los hijos que inventamos y que laten

cada noche detrás de una mirada.

 

¡Y te estoy amando! Con la fuerza del destino

y la palabra. Y estoy aquí en mi morada

palpitando mis días y mis noches con la

luz de tus pupilas en mi alma.

Alfredo Moyano

(del poemario "Cantares")

 

REQUIEM PARA UN AMIGO

 

 

Allí donde el azul se mezcla con el verde

y el fuego rompe entre dos aguas.

Donde la helada eterna quema sombras

y el vuelo nocturnal de un ave, crece,

 

está la muerte en viernes trece

con risa cruel que la desangra,

allí, donde Acuario juega su marcado naipe

y el duende universal llora tristeza

 

un febrero brutal muere en su hastío,

en pirueta mortal, grito al vacío,

que horada siglos de fecundo llanto

para volver en rubia espiga, luz y canto.

 

Alfredo Moyano

 

Indice de Poesías

 

Roberto Villalba

 

Nacido en Pan de Azúcar en 1955, Roberto Villalba es un muy auténtico exponente de la literatura comarcal.

En el mundo de sus versos vive un luchador rebelde con tra las injusticias de la vida.

Implorante. Duro y a veces inflexible. Solidario. Su poesía no se aparta de la realidad, de esa realidad que muchos preferimos ignorar... Pero que nos envuelve sin remedio.

Sin necesidad de quedar bien con nadie, Roberto escribe lo que siente, y como ya lo hemos escrito en otras publicaciones, por profundidad, su poesía merece ser leída más de una vez.

"No puedo cantar el amor

el amor de sangrienta llama

el amor que todo lo exige

el amor que todo lo da.

No puedo cantar el amor

el de las nocturnas llamadas

el de los abrazos infinitos

el de los besos derramados

por la piel, el de la flor

abierta donde se duerme

el jubiloso semen.

No puedo cantar el amor

su misterio, su llanto, su ausencia

su locura que duele, duele...

No puedo cantar el amor

ni escuchar su desesperado llamado

la piel ya no me importa.

¡Ay pero no puedo acallar sus campanas!"

Roberto Villalba

 

No quiero ver

más la miseria

no, ni la ventisca

de las Estaciones

 

Quiero la canción

De las frondas

El amor de los adolescentes

En las esquinas

 

La infinitud de su semen

Prematuro de las horas

 

Rehacer la paz

Con el pez y la luz

Asumir el pan

Y la criatura gris

Entretejida con las venas.

 

Más allá

Del olvido puede estar Ananié

Corazón descubierto

Que en la escala de los días

Se extinguió oscuramente

Patria para tu corazón

de violín insurrecto

que en la vorágine del tiempo

pudo ser amor

pudo ser destino

pudo ser estrella

que rompió a llorar

en caudales de luz

de rosas rojas

infructuosas .

 

Roberto Villalba

 

Indice de Poesías

 

 

Alvaro Figueredo nació en Pan de Azúcar,

el 6 de setiembre de 1907.

En 1932 se recibió de Maestro de Educación

Primaria.

El 18 de Julio de 1935 se casó con Amalia

Barla, maestra fernandina, y del matrimonio

nacieron dos hijos: Alvaro Tell y Silvia Amalia.

Editó su primer libro de poesía en 1936: "Des-

vío de una estrella" . Del mismo año es el pe-

riódico literario "Mástil".

Su segundo libro de poesía ("Mundo a la Vez")

apareció en 1956.

Fue premiado en diversas oportunidades dentro

y fuera del país.

Falleció en Pan de Azúcar el miércoles 19 de

enero de 1966.

 

 

ALVARO NUPCIAL

 

"Junto en mi voz un Alvaro y lo alejo

-hacha de miel- a darme el dulce gajo

donde pende el poema en que trabajo

mi eternidad con dócil entrecejo.

Junto en mi voz un Alvaro y lo dejo

-guija de miel- rodar, Alvaro abajo,

hasta la flor de Amalia en que agasajo

mi eternidad con amoroso espejo.

Si más poema que Alvaro, me escojo,

si más Amalia que Alvaro, me elijo,

junto en mi voz un Alvaro y lo empujo

hasta el celeste niño en que me alojo,

y vuelvo a hablar del término del hijo

mi eternidad con inocente lujo".

-----

 

“Memoria de mi calle” (1956)

 

“Hablo tan poco

buen día

cómo llueve

qué viento

que desgracia

o cada día cada noche un perro

comiendo el digo el te diré el  decía

el hasta luego

el sí perdón vecina

y a veces tanto polvo

de automóvil

tan breve poco pájaro

o amable soledad

qué tarde linda

qué plateada

buen día

equivocado porque estoy tan bueno

porque todo esta ahí

como en la mano”.

 

----

 

“Narciso enlutado”. 1947.

“Abro el umbral del Alvaro en que moro,

junto en mi voz el Alvaro que aspiro.

Doy un Alvaro al aire, si suspiro,

y arrojo al mar un Alvaro, si lloro.

 

Cae del cielo un Alvaro, si imploro,

nace en mi sombra un Alvaro si expiro,

y, Alvaro solo y sin razón, me miro

si Alvaro tanto, a solas, atesoro.

 

De Alvaro tanto, mas que dueño, avaro,

me voy llorando al Alvaro mas duro

para olvidar al Alvaro en que muero.

 

Mas sin quererlo, el Alvaro mas claro

le brindo el cáliz del Alvaro que apuro,

para escuchar los Alvaros que espero.”

 

----

 

"Romance  a Abel Martín”

 

“Hace mil años, un día

al pie del mar de un espejo,

me quedé muerto mirando la sinrazón de mi sueño.

Desde mi voz descendían

gaviotas de pecho negro,

y el mar estaba de pie

temeroso de mi aliento.

Se ahogaba un niño de miel

en  su fulgor pasajero

y me lloraba el cristal

donde yo me estaba viendo.

Mi mar era un niño azul

vestido de terciopelo,

con dos ojos desvelados

mirando mis ojos ciegos.

Le pregunté quien vivía

del otro lado del viento,

y el mar se burló de mi,

con sus razones de espejo.

Así me encontré una vez,

con Alvaro Figueredo,

en un rincón de mi casa

un crepúsculo de invierno.

Mi sombra estaba detrás

de la pared del espejo,

y era el espejo un carruaje

llevándose un niño muerto.

 

Otra vez me puse a hablar

con Alvaro Figueredo.

era un miércoles amargo

y al pie del mar verdadero.

Un ancho toro de espuma

con las pezuñas de fuego,

iba quebrando el crepúsculo

donde yo me estaba viendo.

El mar estaba sin ojos

ese miércoles de enero

y se trenzaban la barba

con los olvidos del tiempo.

Yo estaba solo y miraba

al mar con ojos ajenos.

Mis ojos lloraban lentas

gaviotas de pecho negro.

De mar en mar se escuchaba

el llanto del campanero.

El mar estaba en el mar

y el mar estaba en mis sueños.

Le pregunté quién vivía

del otro lado del viento,

y el mar se burló del mar

como si fuera un espejo.

Los dos quedamos al pie

del mar que nunca sabremos:

Mi voz un poco mas fría

y el mar un poco mas negro.

El mar estaba dormido

soñando un miércoles muerto

Pero yo estaba soñando

durmiendo un miércoles ciego.

Ya nadie sabe quien soy

y en cuanto soy, solo veo

un mar que mira sin ver

las hojas de un mar eterno.

Si yo no fuera quién soy

Pensara que era un espejo”

 

A. Figueredo

 

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YAMANDÚ BEOVIDE

(DEL LIBRO "HOMBRE Y NO PUEDO" -1962-)

"Titiritero"

Esta cabeza triste

Esta voz

Estas manos moviéndose sin ganas,

Y más

Estas palabras,

Y más aún,

Estas manos, esta cabeza triste

Esta voz,

Y menos todavía

Este que está debajo

Y dice y dice,

Y la cabeza de madera triste

Y las manos moviéndose sin ganas

Y el ademán pesado

Y menos todavía

Este que a veces llaman Yamandú.

 

 

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Perdido por no encontrarte

 

Quisiera hables igual que si estuvieras

Junto conmigo como estabas antes;

Pero el espejo dice que los años

Se llevaron tu risa de otras tardes

 

Tuvimos una vez ,una caricia

Y una luna brillando en la ventana

Una ciudad amparaba en las esquinas

Tu corazón en flor y mi esperanza

 

¿Dónde andará tu paso?¿por qué calles

Caminas hacia nunca? Por hallarte

mi  palabra rescata tu presencia

Yo me perdí también por no encontrarte.

 

He recorrido hoteles desde entonces,

escaleras sin fin he caminado:

esta pieza triste y este espejo

nunca más nos verán entrelazados.

 

Yamandú Beovide

Poeta   nativo de Pan de azúcar

Autodidacta, andariego, director teatral,

Tipógrafo, músico, se radicó finalmente en Montevideo.

Obtuvo en 1970 un importante premio en el 2º festival de la Canción.

 

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AMOR SIN BARRERAS

(Lenir Baute)

Estar a tu lado

es lo mejor que me pudo haber pasado.

Agradezco a Dios el haberte encontrado

y que de mi te hayas enamorado.

Son para ti

los más bellos de mis poemas.

No es preciso que lo mencione,

es suficiente con que los leas.

 

Sentirte ausente

es más cruel que la muerte.

Estoy tan segura de este amor

que sé que nunca voy a perderte.

Me duermo pensando en tu mirada

y no tengo más sueños...

En ella quedo atrapada.

¿Será eterno el amor que nos condena?

Si es así, sabremos

que amarnos, valió la pena.

 

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Un Ejército en pie

Dragones en hilera formando en la cuchilla.

Infantes que se enraízan cerca del pastizal.

Al viento las melenas grises y alborotadas

en la cinta plateada, bota fuerte calzáis.

 

Soldados en ¡Descanse! Desde hace más de un siglo.

Ni avanzan ni se vuelven. Callados siempre están;

marcando su presencia aquellas viejas rutas

donde el veloz viajero jamás ha de pasar.

 

Se advierten desde el llano coronando las lomas,

bajando las laderas y volviendo a trepar.

Dan sombra al caminante que pasa por su vera

aspirando su aroma rústico y natural.

 

Eucaliptos altivos donde filtran los vientos

y rayos vespertinos se posan a jugar

en los atardeceres tibios y rumorosos,

como broches preciosos de luz crepuscular.

 

Habrán otros caminos más anchos y lujosos,

más cómodos y abiertos, más fáciles de andar,

pero vosotros seguiréis dando abrigo

a angosto derrotero que no quiere cambiar.

 

Yo miro la cimera ¡Imán irresistible!

Comprendo que al progreso podréis quizá estorbar,

pero seguid enhiestos, firmes, quietos y austeros

mientras me quede vida, mientras os pueda admirar.

 

Wilma Pereira de Vaccaro

30/7/1991

 

Homenaje

 

Tú, Juana la rica de sueños y amores,

de oscuros cabellos y agrestes aromas

 

Tú, la Juana nuestra, que alabó el rocío,

le cantó a la tierra, al árbol y al río.

 

¡Qué fresco tu verso todo primavera,

pleno de esperanzas tu rico rimero.

 

Tú la joven clara, de andar peregrino

de dedos con rosas, de higueras y trinos

 

Princesa en un día glamoroso y fasto

senda de violetas, trompetas en alto.

 

Tú, Juana la hermosa, tú, la más florida

la que sólo loas  regaló a la vida.

 

Juana la de América, Juana la colmada

y Juana la sola, la casi olvidada…

 

Juana luz y sombras, para ti mi canto,

dama de las letras, de estrellas tu manto.

 

Wilma P. de Vaccaro

18/3/2010

 

 

Älvaro y la hoja final

 

Una flor para el poeta Álvaro Figueredo

 

La hoja eterna cayó tan de repente

desdeñando  al muchacho en la calzada,

al abuelo y a  aquel sufrido enfermo

para llegar hasta la austera casa.

 

Cayó así sin aviso, muy de prisa,

lo despertó del sueño de la siesta,

para mostrarse bien, ocre, precisa

anunciándole un  cruel dormir  sin tiempo

 

Había olvidado al miércoles de enero

que una tarde escribiera de su puño.

no la esperaba ahora, de sorpresa,

y quiso rebelarse, mas no pudo

 

 

Creyó salvarse en la ruleta rusa

o ser mago soñaba un mediodía

Pero no hoy ¿cómo llegó la intrusa

si esta tarde feliz, él se sentía?

 

¿Y ahora qué? Ya sin tiempo ni alborada

sin Amalia y ella sin él ¿qué dejaría?

Un testamento inédito de cantos,

una lira, una musa, su poesía….

 

 

De un mañana de luz, le habló su madre,

y hoy olvidado acaso, se evadía

Dios en su niñez quedó guardado

pues mil dudas  hoy siempre sacudía.

 

Y la hoja severa que pensara

cegó sus ojos ahora para siempre

y con vergüenza de morir, su cara

escondió tras la losa gris e inmensa.

 

Wilma P. de Vaccaro

 

 

A RUBEN DARÍO

 

 

Cuánta mujer deseara haber sido Francisca,

para darte ternura, para calmar tu mal,

pero fueron las huellas de Eulalia o Carolina

las que jamás dejaron secar tu manantial

 

Hay un niño en tu pecho cuando derramas flores

y lloras los insomnios de las noches sin calma.

Débil hombre, caíste en redes tentadoras

que rasgaron tus carnes,  y golpearon tu alma

 

Ay! Darío, la vida te impulsaba hacia Eros

Tú gustaste cien  bocas, quizás buscaste más,

pero algo te faltaba y acentuaba tus miedos

mientras en finas copas bebías el champán.

 

¿Besaste a la princesa prisionera en sus tules?

Recóndito palacio la guardará sin duda,

pero en horas oscuras hubo mujer y musas

para acallar pasiones ,sin dulzor ni ternura.

 

¿Quién como tú ha logrado sangrando regar rosas

y sacar del carbono  las luces más brillantes?

Quién pudiera palabras selectas y preciosas

esparcir en las hojas blancas y sollozantes

 

Pero el alma sensible no te marcaba rumbos

aunque obsequiaras  broches de fina pedrería.

Alhajas tus palabras cual tu sentir fecundo,

que lucirse pudieran en cara joyería.

 

 

Fue tu lira tan rica que envidiarla pudiera

inspirado poeta con el más alto vuelo.

Pero tú fuiste uno, tu vida y tus quimeras

te dejaron desnudo en tu busca del cielo.

 

 

Tu pluma venció al tiempo, al viento, a las edades,

Mas recojo con pena las dudas del mensaje.

Tu juventud perdiste, tu esperanza temprana

quedó allá entre la brisa que refresca el boscaje.

 

Aunque admiro tu numen no he de beber tu savia,

mi sendero fue grato, sin espinas, con paz.

Son mis giros muy lentos, tengo cortas  las alas

y dejo  grises versos, cada tanto, al azar.

 

 

Wilma Pereira de Vaccaro

5 de setiembre de 2007

 

Indice de Poesías

 

 

APREMIO

 

En mi ayer se confunden  las hojas con el tiempo

y yo juego con ellos, los detengo.¡ Son míos!

El cielo lo es también, el campo y la ribera,

el arroyuelo,  el niño, el pájaro y sus trinos

 

De repente furtivo un viento huracanado

se vuelve mi oponente, y  agresivo  disputa

las verdes hojas, y el tiempo que se escapa,

y me empuja impaciente , dolida  por la ruta.

 

 

Y yo que dueña ayer  me creí del Universo,

siento  ahora  pasar el tiempo huraño y frío,

y corro, río y sueño, y lloro con apremio

antes que la última hoja, cubra el caudal del río.

 

Wilma Pereira de Vaccaro

 

No sé por qué te elijo

 

Tu nombre es de mujer, así lo creo,

y te  he elegido abril entre los doce.

Ni siquiera he sabido  los por qué

Eres la primavera o el otoño

con aroma de rosas si estás lejos

o con hojas al viento si me tocas.

Abril indefinido, amor de mil poetas

que recuerdan a la chica joven

o a la dama que no pensamos vieja.

Primavera u otoño, casi apacible,

no tuviste en mi vida sitial privilegiado

tal vez no fuiste nadie, ni una nota

señalé en tus días de almanaque

ni bodas, cumpleaños, ni festejos

Más yo les debo a julio y hasta a enero

por ser  más benignos con mis” nanas”

Sin embargo te nombro como a octubre

aquel mes que me llenó de ilusión y de nostalgia

Él fue el mes de amor, florido y recordado

tantas veces amado, ¡tan colmado!

Y tú que no me diste ni perfume ni flores

es el nombre que elijo, y te perdono

por llevarte a mi muerto, al  compañero,

¿A quién  puedo culpar por su partida?

Él se iba de a poco, en otros meses

y quizás te eligió para dejarme un tres

cualquiera que estuviera libre

No tuviste nada grato para darme

me  dejaste un ¡Adiós! En una tarde.

Wilma Pereira de Vaccaro

 

 

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Luis Alberto Quevedo es un poeta nacido en San José de Mayo, pero desde hace años radicado en Piriápolis. Lo valoramos como un escritor en permanente búsqueda de superación, y como un ser humano dotado de gran voluntad para ir derribando barreras económicas y llegar a sus lectores ya con varios libros, pronto con una nueva entrega.

En "Desde el Corazón" encontramos:

SOÑADOR

Soy un vagabundo errante

Soy un pobre soñador

Que navego por los mares

Pensando sólo en mi amor.

Solitario por las calles

Solo con mi soledad

La mirada indiferente

Perdida en el más allá.

Mi barco no tiene puerto

La esperanza es el timón

Los compases de los remos

Son los de mi corazón.

Ella me estará esperando

Y yo no podré volver

Si el engaño es la distancia

Más lejano es mi querer.

Vagabundo a mí me dicen,

No comprenden mi dolor

Si me ven sucio y cansado

Por el precio de mi amor.

En mis noches de delirio,

Me parece hasta soñar

Con su carita de niña...

Es muy cruel el despertar.

 

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Raúl Montañez, fue uno de los excelentes poetas que ha dado el departamento de Maldonado. Del libro "Pajarillos de Papel" extraemos:

TARDE DE LLUVIA

Estoy mirando a un niño jugar bajo la lluvia

Quiebra con sus manitas los espejos del agua

Tiene los pies descalzos, tiene el alma desnuda

Y un cascabel alegre brincando en su garganta.

El niño juega y juega desbordado de vida

Y de su propia risa se ríe a carcajadas

Vencedor del silencio en premio a su alegría

Una nube de plomo le regala una lágrima.

Estoy mirando a un niño reír bajo la lluvia

Yo bebo de su risa detrás de mi ventana

Y qué bien que me hace para mi sed madura

Después de haber vaciado mi copa de nostalgia.

Yo también cuando niño jugué bajo la lluvia

Ahora, viejo y cansado, me pesa tanto el tiempo

Que mientras ria el niño, yo respiro ternura

Porque casi no puedo sostener mis recuerdos.

 

 

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Gloria Quesada Manzor es una mujer joven, pero su inclusión en este espacio se debe a su pasado.

Años atrás recibimos "Muñecas y Letras", un libro que Gloria publicó en 1978 con la recopilación de textos escritos desde sus siete años de edad. En particular uno, que escribió cuando tenía diez años, nos emociona profundamente:

BENGALA

Lo trajo mi empleada. Era una suave pelotita negra, en cuyo interior latía un pequeño corazoncito. Abrió los ojitos, me miró. Me brindó todo su afecto a través de sus pequeños luceros. En esa mirada me di cuenta que sería mi mejor amigo.

El tiempo pasaba y Bengala crecía.

En las tardes de sol corríamos por el campo; a veces nos bañábamos en la laguna más cercana.

Los días de lluvia lo pasábamos frente a la estufa, jugando con una pelotita de goma roja.

Bengala cumplía ocho meses.

Una mañana me levanté precipitadamente a verle y...

¡Qué horror! No lo podía creer: Dios se lo había llevado.

Dormía el sueño eterno del que nunca despertaría.

Me arrodillé ante él, lo besé. Una lágrima hacía temblar mis ojos, parecía una prisionera que quería salir de su celda.

La lágrima estaba a punto de deslizarse por mi mejilla cuando de pronto, algo la detuvo: un poco de felicidad entró en mi corazón y con amor lo miré y me dije:

¡Mi Bengala! Pensar que Dios lo vino a buscar a él, a mi perro, para llevárselo, ¡Qué gran orgullo que se haya acordado de él!

¡Mi querido Bengala!" Dios se lo llevó a conocer el maravilloso mundo del paraíso.

Desde entonces, por las noches, antes de acostarme, le pido a Bengala que ayude a toda la gente buena y humilde del Mundo, que casi siempre pagan las consecuencias por los males de los demás, que ninguno tenga más que otro, pues tenemos derecho a lo mismo: todos somos hermanos.También le digo que dentro de un largo tiempo nos reuniremos y los dos podremos disfrutar de la maravillosa vida del paraíso.

 

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1907 - 100 años de Alvaro Figueredo  - 2007

El poeta Alvaro Figueredo nació en Pan de Azúcar el 6 de setiembre de 1907.

En 1932 obtuvo el título de Maestro de Enseñanza Primaria.

El 18 de Julio de 1935 se casó con Amalia Barla, maestra de la ciudad de San Fernando de Maldonado.

En 1936 editó su primer libro de poesía Desvío de una estrella, y el periódico literario Mástil.

Se le reconoce la iniciativa e impulso para la  realización del 1er. Congreso de Escritores del Interior, realizado en 1938 en el Ateneo de Montevideo.

Colaboró durante años en la revista escolar El Grillo, editada por el Departamento de Publicaciones del Consejo de Enseñanza Primaria y Normal, trabajos recopilados en el volumen Estampas de nuestra tierra, bajo el título de Diario de Goyito.

En 1944 dio lectura ante la Piedra Alta de la Florida, a “su Canto a la Independencia Nacional”.-

En 1946 recitó en Colonia su “Oda a la Paz después de la Victoria”

También en 1946, su “Canto a Iberoamérica” fue  distinguido con Mención Especial en los “Juegos Florales de México”.

Su segundo libro de poesía Mundo a la vez apareció en el año 1956.

En 1964 fue designado miembro correspondiente a la Academia de Letras del Uruguay.

Falleció en su casa de Pan de Azúcar en la tardecita del miércoles 19 de enero de 1966.

(extraído de la Biografía del libro Poesía)

 

Alvaro Figueredo fue, antes que nada, un habitante de Pan de Azúcar y frecuentemente de Punta Colorada. Nacido en la ciudad que fundó, entre otros, su abuelo materno, profesó un gran cariño por sus calles y su plaza, por sus niños y adolescentes.

“Pueblo Mío, profundamente mío…” (La Canción de mi Pueblo Azul) pinta con claridad ese sentimiento veinteañero, que evolucionado, sazonado con los años y la madurez espiritual, reaparece en el discurso leído ante su gente el día en que Pan de Azúcar fue declarada Ciudad en 1961.

Poeta no fue su profesión, sino su naturaleza. El “ABC del Gallito Verde” conjuga esa esencia escritora con el amor por los escolares, y testimonios de sus alumnos reflejan la autoridad natural de su sabia presencia en el aula.

Alvaro Figueredo es también recordado por sus magistrales clases de Literatura en Educación Secundaria. Dueño de una valiosa biblioteca y de sus mensajes, Alvaro fue catedrático cuyos apuntes podían ser utilizados a niveles universitarios.

Apático, poco comunicativo, tal vez introvertido o tímido en su relación diaria con los vecinos, abría su cuota de expresividad cuando la pluma jugaba sin barreras, casi surrealista, sobre el papel.

Amante de la libertad, consecuente con su tiempo generacional en los mensajes de contenido latinoamericano, comprometido con su tarea docente, pero más con circunstanciales olas de inspiración… Solía recluirse en geniales paréntesis creativos, de los que surgió un legado del que poco existe publicado, y en el que habrá que bucear años para rescatar, seguramente, muchos libros más.

 

Alberto Vaccaro

 

 

MARY LAGRESA BERTRAND

 

 

ALVARO DICE

 

 

A la memoria del gran poeta pandeazuquense Álvaro Figueredo

 

Mary Lagresa Bertrand  (poeta autora de este bello poema)

 

 

 

La celeste heredad su mano lleva

A intocable lugar que acaso dijo

Y al pie de la escalera le pregunto

Por el labio creciendo a cielo fijo;

 

Por el clavo de sangre estremeciéndose

Por la piedra y el ay del triste-triste

Por la flor y un apóstol deshojándose

Por el pan y un silencio que no existe;

 

Al pie de la escalera le pregunto

Por la voz que se escucha indoblegada

Por la pátina el velo de la esfinge

Los veranos que gritan y las lágrimas;

 

Por el pálido beso por el río

Diecinueve de enero en la muralla

Repentino de ingrávida ternura

Tierno de repentina campanada;

 

Al pie de la escalera le pregunto

Por la góndola el palco y la manzana

La teatral dimensión la lluvia leve

La tentación la rosa atribulada;

 

Un tanto así de viento sobre el mundo

La soledad los hombres de la fábrica

Las nueve sin final y el pasadizo

Cuando llora la Sierra de las Ánimas;

 

Desde el laurel temible le pregunto

Por la rótula el cirio y la ventana

Las muchachas de miel y de jacinto

Alvarísimamente sollozadas;

 

Al pie de la escalera le pregunto

Por las cosas que había en su mirada

Y él las vuelve a decir inmensamente

Y de otrísimas luces se levanta.

Mary Lagresa Bertrand

 

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BLANCA LUZ BRUM

 

¿SABES DE DÓNDE VINE?

 

 

¿Sabes de dónde vine con mis ropas sencillas?

Con el alma y el cuerpo saturada de aromas

De tréboles, de malvas, verbenas y gramillas

Y en los ojos las curvas perfectas de las lomas?

 

Yo vine de los campos que dora el sol ardiente

Donde forja el labriego el pan de cada día

Arrojando a los surcos la bendita simiente

Mientras juegan sus hijos en la blanca alquería.

 

Donde salta en las sierras las aguas cantarinas

Tan puras y tan claras que asomándose a ellas

Maravillada he visto mi alma en esas cristalinas

Aguas;¡y la tenía toda, tachonada de estrellas!...

 

¿Sabes de donde vine

Yo vine de los campos que dora el sol ardiente

Donde todo es sencillo y más bueno se siente.-

 

 

Año 1927   Del libro “Las llaves Ardientes” de

Blanca luz Brum    (Poeta pandeazuquense)

 

 

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Marita Pacheco de Blois