http://www.radiorbc.com/images/img176286109.png   http://www.radiorbc.com/images/img176286109.png   http://www.radiorbc.com/images/img176286125.png   http://www.radiorbc.com/images/correo.png

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Filosofando

Por Gustavo Viera

 

VOLVER AL ÍNDICE

 

N° 1N° 2N° 3

 

PERSONALIDADES  DE LA HISTORIA

 

 

Mahatma Gandhi (1869 - 1948), fue un hombre de austeridad inflexible y absoluta modestia entre los grandes teóricos que modificaron la configuración política e ideológica del mundo en el siglo XX, que se quejaba del título de Mahatma ('Gran Alma') que le había dado, contra su voluntad, el poeta Rabindranath Tagore. En un país en que la política era sinónimo de corrupción, Gandhi introdujo la ética en ese dominio a través de la prédica y el ejemplo. Vivió en una pobreza sin paliativos, jamás concedió prebendas a sus familiares, y rechazó siempre el poder político, antes y después de la liberación de la India. Este rechazo convirtió al líder de la no-violencia en un caso único entre los revolucionarios de todos los tiempos. 

Prof. Gustavo Viera

Comentarios: Email: filosofandodesdelacomarca@gmail.com

Blogpost: filosofandodesdelacomarca.blogpost.com

Facebook: Filosofando desde la Comarca

 

 

 

 

 

“Filosofando desde la comarca de los cerros y el mar” 

 

 JUNIO 2015-EDICIÓN N°1

 

 

PROF.  GUSTAVO VIERA

 

 “Homo sum, humani nihil a me alienum

 

Esta frase latina que he puesto como título de esta reflexión   significa: “Hombre soy, y nada de lo humano me es ajeno”. Y esto en verdad es así. Nada de lo que le ocurra a los hombres me es ajeno, por el sólo hecho de ser de carne y hueso como todo ser humano.

En estos tiempos estamos siendo testigos de distintos escándalos y denuncias de corrupción en muchos puntos del planeta. Como si nubes oscuras y tormentosas cubrieran el planeta de inmoralidad y podredumbre.

 

En el latín se encuentra el origen etimológico del término corrupción. En concreto, emana del vocablo “corruptio”, que se encuentra conformado por los siguientes elementos: el prefijo “con-“, que es sinónimo de “junto”; el verbo “rumpere”, que puede traducirse como “hacer pedazos”; y finalmente el sufijo “-tio”, que es equivalente a “acción y efecto”. Corrupción es entonces la acción y efecto de corromper (depravar, echar a perder, sobornar a alguien, pervertir, dañar). La corrupción es lo que rompe o descompone, destruye y pudre lo bueno. Es el conjunto de antivalores y costumbres que depravan, degradan, denigran, envilecen al ser humano y lo peor de esto, es que nadie está libre de no padecerlo.

Los grandes hombres, filósofos y  maestros espirituales  como: Sócrates, Buda, Confucio, Jesús, Gandhi y tantos otros  (que la historia de la humanidad con orgullo ha contado) de una forma u otra han sido muy críticos y han denunciado las debilidades y el peligro de las pasiones humanas no controladas.

  Heráclito, antiguo filósofo griego expresaba que cada uno de nosotros vive en tensa polaridad de opuestos: somos luz y sombra, bondad y maldad, fortaleza y debilidad, vicio y pureza, locura y cordura y de esta forma,  seguiríamos con una lista interminable de contrarios que luchan incesantemente en nuestro interior. Existen en forma latente como parásitos pasiones que oscurecen, enferman   y destruyen el alma. Una de esas tendencias destructivas  es la posibilidad real que cada uno  de nosotros pueda  caer en la tentación de la corrupción según, claro está, en la medida del poder que cada uno ostenta.

Como le dijo el Principito al aviador: “Antes de crecer, los baobabs comienzan siendo pequeños”. Esto nos muestra que los grandes actos de corrupción comienzan con pequeños hechos de deshonestidad. La vida es exigencia y requiere permanente cuidado, disciplina, responsabilidad, atención y fortaleza. Desde niños debemos alimentar  nuestra conciencia moral con  los  valores y principios  que nuestros padres,   la escuela,  el liceo y la sociedad en general debieran darnos como nutrientes sanos que nos ayuden a crecer fuertes y vigorosos para rechazar todos los  “virus” de antivalores y podredumbre. Lamentablemente, sucede muchas veces, que no se puede dar lo que no se tiene y así caminamos y nos conducimos  en la vida…

Un ejemplo muy gráfico para comprender el problema de la corrupción  es el cuidado de la higiene de la  dentadura que desde niños debemos hacer. Desde la infancia la disciplina del cepillado de los dientes es esencial y fundamental para mantener a raya a las bacterias que causan las caries, el mal aliento  y la podredumbre de los dientes. Esto requiere disciplina, voluntad y esfuerzo. Al menos, tres veces al día  después  de cada comida  debemos  cepillarnos  bien.

 

 De lo contrario, todos sabemos lo que sucede; los dientes silenciosamente comienzan a deteriorarse, cariarse,  y luego de un tiempo  causan mucho dolor.  Señal y signo de que algo estuvo  pasando y no tomamos medidas y recaudos al respecto. Ahora requiere rápida atención y tratamiento. Si dejamos pasar la situación, lentamente nos quedaremos sin dentadura. La corrupción en el alma actúa del mismo modo, dejamos pasar las cosas, nos acallamos, nos descuidamos y no reparamos,  ni atendemos los reclamos de la conciencia. Nos enfermamos, nos volvemos egoístas, orgullosos, vanidosos  y  nos    hundimos en el materialismo  del: “tengo, tanto valgo”.

Tener y Ser dos postulados, dos miradas totalmente distintas sobre la vida. Nuestra sociedad en general impulsa (y nos impulsamos) y, cuanto más rápido mejor,  a tener: posesiones, poder, dinero, prestigio, autoridad, fama, cargos, títulos, diplomas, etc. Es de esa forma que nos sentimos "valorados " y "respetados". Por lo tanto,  nuestra  identidad se construye en el “Tener”, en otras palabras: "Soy lo que tengo". Y entonces, cuando perdemos lo que tenemos  surge la acuciante interrogante: ¿quién soy?

 

El “Tener” como premisa e identidad de vida nos deja un gran vacío existencial que lo intentamos llenar con “cosas y objetos” materiales. A la larga, vivir para el “Tener” nos deshumaniza, nos empobrece, nos "maquiaveliza", nos cosifica y probablemente seremos  presa de las garras de la  corrupción. Es esa misma corrupción que busca ganar tramposamente mediante el atajo más fácil, rápido y aparentemente dulce: el confort y el bienestar en una sociedad materialista, consumista y  hedonista en la  que estamos insertos.

 

Una película que tiene ya unos cuantos años  (que igual vale la pena ver cada tanto) es Forrest Gump interpretado por Tom Hanks. Allí se nos enseña a través de este personaje a apostar por los valores que nutren nuestro “Ser” más íntimo y profundo. Inocencia y pureza de un alma totalmente transparente que sencillamente es fiel a los “pequeños grandes” detalles de la vida. Cándidamente se entrega  hacia los  valores esenciales del alma. La palabra empeñada, los sentimientos,  los amigos, la familia y la patria son vividos por nuestro personaje  con simpleza, claridad, responsabilidad y  suma  madurez.

 

Tanto la corrupción como la probidad, cohabitan en nuestras almas y están en tensa lucha. De nosotros depende elegir con entera libertad,   y responsabilidad a aquellos valores y principios que nos hacen probos, y le brindan sentido y dignidad a nuestra existencia, teniendo clara  conciencia de que nada de lo humano nos  es ajeno. 

 

 

N° 1N° 2N° 3

 

 

Volver al índice de la página

 

Pasar al número siguiente