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Filosofando

Por Gustavo Viera

 

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PERSONALIDADES  DE LA HISTORIA

El 10 de octubre del 2014 Malala Yousafzay  fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz junto con el hindú Kailash Satyarthi, activista por los derechos de los niños, convirtiéndose en la ganadora más joven de este premio. Ambos fueron premiados por su lucha en contra de la opresión infantil y a favor del derecho de todos los niños a la educación. Malala Yousafzay a pesar de su juventud, luchó durante varios años por el derecho de las niñas a la educación y ha mostrado con su ejemplo que niños y jóvenes también pueden contribuir a mejorar su propia situación. Ella lo hizo en las más peligrosas circunstancias. A través de su lucha heroica se ha convertido en una portavoz líder en favor del derecho de las niñas a la educación.    

                           Prof. Gustavo Viera

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filosofando desde la comarca de los cerros y el mar

Julio 2015- EDICIÓN N°2

PROF.  GUSTAVO VIERA

 

El vacío existencial: Un desafío       para el hombre moderno

 

Los seres humanos de todos los tiempos, se han hecho preguntas arquetípicas: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? ¿Cuál es el sentido de la vida y de mi vida? Las respuestas a lo largo de la historia humana han sido variables. Muchas de ellas se inscriben en los principios de las grandes religiones o de los sistemas filosóficos, también se nutren de la sabiduría popular de los pueblos.

Para entender este concepto de vacío existencial, (acuñado por Viktor Frankl en el siglo pasado) de desencanto y del sin sentido de la vida, tenemos que remontarnos unos cuantos siglos atrás cuando el racionalismo encabezado por el filósofo francés René Descartes colocó en un pedestal  a la razón humana. Esta razón iba a hacer la encargada de traer el progreso, el desarrollo, el avance científico y tecnológico para que el ser humano pudiera lograr el bienestar, la comodidad y la felicidad plena.

 Este progreso, ha tenido sus grandes beneficios para la humanidad, pero también sus grandes costos. No olvidar que el siglo XX trascurrió con dos grandes guerras mundiales, la llamada Guerra Fría, las crisis económicas, hambrunas, totalitarismos, etc. Todo esto, trajo aparejado cierto desencanto y descontento con la idea de que el planeta progresaba hacia un paraíso terrenal.

 

 

Ante esto, surgieron distintos movimientos  como forma de protesta a ese  hombre moderno,  consumista, vacío, impersonal y  carente de valores.  Corrientes culturales, filosóficas, psicológicas  y artísticas  comenzaron  a denunciar esta realidad y promover alternativas para el cambio.

Viktor Frankl fue un psicólogo austríaco  prisionero de los nazis en el campo de concentración  y exterminio de  Auschwitz quien  acuñó el  concepto de  “Vacío Existencial”  como una  enfermedad del alma. Esto es, la pérdida del sentimiento de que la vida es significativa y tiene sentido.

Al pensar en una imagen o símil podrá ayudarnos a entender este concepto de vacío existencial  en la vida de una persona y es lo que en astronomía se llaman “agujeros negros” que pululan en el  universo. Un agujero negro u hoyo negro es una región finita del espacio en cuyo interior existe una concentración de masa lo suficientemente elevada para generar un campo gravitatorio tal que ninguna partícula material, ni siquiera la luz, puede escapar de ella. De tal modo, como los agujeros negros, el vacío y la desesperación atrapan dentro de sí toda nuestra voluntad y  como los hoyos negros logran crear a nuestro rededor un campo gravitatorio que deglute entre sus fauces cualquier atisbo de luz o resurrección moral y  espiritual. Así funciona el vacío existencial, impulsándonos a intentar llenar de cosas materiales e intrascendentes ese hoyo negro del universo de nuestras existencias. Deseos e intentos vanos de llenar nuestra alma con “cosas” dejándonos más insatisfechos hasta llegar al hartazgo. Hartazgo, que paradójicamente,  nos deja más vacío y extenuados todavía.

 

En la conciencia queda  el sabor amargo   de nuestra precariedad, inconsistencia,  tedio,   ansiedad,   angustia y depresión. En definitiva; la conciencia del absurdo. Decía Viktor Frankl que no importa tanto que la vida esté llena de placer o de sufrimiento, lo que importa es que esté llena de sentido. No obstante,  encontrar el sentido de la vida en una sociedad utilitarista, materialista y hedonista que nos enseña a “cosificar” a las personas impulsándonos a participar   activamente del sin sentido   imperante, es un camino entorpecido por satisfacciones inmediatas que se prueban cada día más ineficaces

 

 

 

 

. En cuya estación final se agazapan el “horror vacui” y la serpiente de la angustia. Tenemos entonces que evadirnos y escaparnos  de mil maneras distintas igualmente desnortadas, comprando, drogándonos,  consumiendo compulsivamente, recurriendo a paraísos artificiales, descargando nuestra   violencia hacia los demás o practicando sexo de forma compulsiva, o estando  detrás de una computadora y  televisión. El abanico de posibilidades en el siglo XXI es muy amplio. Cuando nada nos sacia por no encontrar un motivo atractivo y trascendente  que dé sentido a la vida, no es ilógico que muchos lamentablemente  quieran acabar con ella.

¿Cómo salir del vacío de nuestra existencia, de  la desesperanza, de la angustia, de la mediocridad y  del sin sentido de la vida?  Lo peor que podemos hacer es pasar nuestra existencia huyendo, escapando, evadiéndonos de nosotros mismos a través de lo que el mundo moderno nos puede ofrecer. Vivimos la vida proyectados, escindidos, y volcados  hacia el mundo  exterior, gastando nuestra energía en un activismo externo y no tomamos conciencia, ni nos damos  tiempo para  atender y cuidar nuestra interioridad. Estimulados y acicateados  por las luces sicodélicas del mundo moderno, logramos   anestesiar  nuestra mirada introspectiva hacia un alma que como selva virgen desea ser descubierta y explorada.

Debemos revelarnos voluntariamente contra nuestra  modorra espiritual y buscar la salida del desencanto y  realizar la mayor aventura que el hombre contemporáneo puede hacer: lanzarse y  zambullirse  en la selva de nuestra alma. Allí, se ocultan para ser develados por nosotros  los grandes tesoros, nuestra intimidad más íntima,  los atractivos y esenciales valores  que brillan para iluminarnos y orientarnos en el mundo.  En el alma  se  encuentra nuestro destino y misión en la vida dada por nuestra “Voz Interior”, esa voz muchas veces tapada  por la voz de la sociedad, del materialismo, hedonismo y de las conveniencias.

 Ampliamos   nuestra personalidad cuando   descubrimos, valoramos y cultivamos  lo bello y lo sublime que existe en nosotros: dones, cualidades, talentos, virtudes y capacidades. Así como también, aceptamos y purificamos nuestros  defectos, oscuridades y  fealdades que  salen a la luz. De esta manera, con trabajo,  esfuerzo y  sacrificio, el hombre se unifica a su  “Totalidad”, a su “Centro Interior”. Éste Centro Interior” brinda seguridad ontológica, dignidad e integridad  surtiendo a la vida humana de novedad y significado. Es así, como  vamos  encontrando atisbos de luz ante la gran pregunta que cada uno de nosotros  en algún momento de la vida nos hemos hecho: ¿Tiene algún sentido  y misión  mi existencia en este mundo?

 

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Número 3

 

“FILOSOFANDO DESDE LA COMARCA DE LOS CERROS Y EL MAR”

 

 

“EL SANTUARIO DE  LA NOSTALGIA”

Cómo, a nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor” Jorge Manrique

 La palabra nostalgia deriva del griego nostos (hogar) y algos (dolor). Fue acuñada a finales del siglo XVII por el médico suizo Johannes Hofer para describir el estado de ánimo de los soldados suizos que luchaban fuera de su país, que sentían una “tristeza originada por el deseo de volver a su casa”.

 

Hofer, formó nostalgia mediante la  yuxtaposición de las palabras griegas nostos ‘regreso’ y algos ‘dolor’. Es el dolor  el que produce el anhelo de regresar al pasado. Podría definirse entonces la nostalgia como el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. ¿Buscamos en la nostalgia la juventud perdida? ¿Añoranza de una época  lejana? ¿El paraíso perdido? ¿Se tiene nostalgia por algo que creemos  que nos hizo feliz?

 

 Cuando se mira por el retrovisor de la vida, algunos episodios de antaño parecen perfectos. Una especie de paraíso perdido. En general, la  juventud es el  paraíso que se siente como perdido pero que, en realidad, nunca se ha tenido. Quizás esa época juvenil haya sido  bella, emocionante y especial, aunque quizás, no tanto como nos hace ver la nostalgia. Esta nos hace recordar un pasado teñido y tergiversado por la  idealización.

 

 No es lo mismo dejarse llevar  de vez en cuando por la nostalgia (la noche de la nostalgia) que vivir esclavizado y atrapado por ella. El problema es  anclarnos y petrificarnos   en el pasado. Nadie está libre de sentir nostalgia en alguna ocasión. Pero es muy diferente recordar con añoranza la juventud una tarde de domingo que ser infeliz en la adultez porque se recuerda la juventud como el paraíso que no volverá. Es muy diferente echar de menos el pasado de vez en cuando que vivir instalado en él. Cuando  continuamente  tenemos una tendencia a la nostalgia en general solemos  tener problemas para adaptarnos y vivir el presente y proyectarnos hacia el futuro. El problema no sólo está en  idealizar el pasado, sino, sobre todo, creer que no se va a encontrar en el futuro nada similar a lo que se echa de menos.

 

 La nostalgia se compone de pinceladas muy simples que nos impiden ver el pasado con exactitud. Esta especie de melancolía que impide vivir el presente y encarar el futuro es excesiva porque no nos gusta ni el hoy, ni el mañana. La nostalgia es muy atractiva   porque el pasado tiene una pureza y una candidez que ni el presente ni el futuro poseen. El pasado en general no crea ansiedad. Y el presente y el futuro siempre crean incertidumbre, inseguridad y angustia; estas son algunas causas  por las cuales aparece la nostalgia. Se siente mucha nostalgia de un pasado libre de preocupaciones cuando los actuales tiempos aprietan demasiado. El sentimiento nos asalta al rememorar las aventuras y andanzas  de   juventud cuando ahora la rutina y la cotidianeidad no tiene compasión.

 

 La nostalgia excesiva casi siempre aparece cuando el presente es desagradable y el futuro es amenazante. La nostalgia por la juventud quizá sea una de las más frecuentes e intensas, bien lo sabemos los uruguayos. Porque además, tiene que ver con muchas cosas que se hacen por primera vez: el primer noviazgo, el primer beso, el primer baile, el primer viaje. Las primeras grandes vivencias dejan una huella emocional muy profunda. Cuanta más energía dedicamos al pasado, menos tenemos para el presente y el futuro.

 

Tal vez, parte del éxito se debe a la negatividad que se vive en momentos de crisis. A veces, muchos de nosotros después de un día muy duro, difícil y agotador buscamos  evadirnos,  huir al pasado, a una época en la que no teníamos tantas responsabilidades, al santuario de la nostalgia. Quizás no haya que sentirse culpable por dejarse llevar, de vez en cuando, por los cantos de sirena de la añoranza. Esta no aparece de forma voluntaria. En muchas oportunidades no somos dueños de lo que sentimos. Pero sí de lo que hacemos. Así que, para vacunarnos contra la nostalgia excesiva y extrema, existe  una receta muy clara: dejar de sobredimensionar e idealizar el pasado. Si nos instalamos eternamente  en el pasado, anulamos el presente e hipotecamos el futuro. Y debemos ser conscientes y convenir que  no todo era perfecto en los viejos tiempos.

 

Pero, ¿qué función puede tener entonces la nostalgia? ¿La nostalgia puede aportarnos algo positivo? ¿O se trata simplemente de un inútil y vano paseo por el canto de sirenas del  ayer? Podemos contestar lo siguiente: que si la nostalgia nos  hipoteca el presente o el futuro es netamente  negativa. Debe ser un trampolín y no una cama donde reposar. Puede tener como cometido encontrar un refugio momentáneo a las inclemencias del presente. Un oasis, en el que reponer fuerzas para regresar al ahora con algo más de vigor, motivación y fortaleza.  La nostalgia conlleva sentimientos positivos, aumenta la autoestima, fomenta las relaciones sociales y alivia la angustia existencial. Y, en estos tiempos de incertidumbre, ¿la nostalgia es un valor en alza? Sí, está en alza, quizás debido a diferentes crisis: económica, de identidad cultural y de valores personales propios de esta época de posmodernidad, en la que no hay nada seguro.

 La nostalgia nos da una seguridad de la que carecemos. La inclinación por la nostalgia entre los adultos pude ser  un síntoma de la profunda inseguridad que  sentimos hacia el futuro. El gusto por la nostalgia hace que triunfe en nuestro país por ejemplo: “La Noche de la Nostalgia”  y tenga un  éxito impresionante donde se invierte mucho dinero para evocar un pasado “mágico y esplendoroso”, acompañado de música, luces y fiesta. La nostalgia también puede desempeñar un papel importante en nuestra identidad. Nos ayuda a elevar la autoestima.. Sin duda, acordarnos de aquel que fuimos y poder observar al que somos ahora. El sentimiento de añoranza no deja de ser una pérdida por un yo que existió. Forma parte de nuestra historia personal y a veces, se entromete en nuestra cotidianidad para que le hagamos un espacio. No obstante, al momento siguiente regresamos de nuevo al ahora, a nuestro yo actual, que puede admirar serenamente cómo la vida es puro movimiento y dinamismo. Podemos decir que  el ser humano concreto se experimenta como urgido a renovar, de un modo dramático y liberador, un pasado más o menos nostálgico o privilegiado con el fin de ir asumiendo más lúcidamente su futuro, individual o colectivo.

 

 

 

 

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N°1