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            DESPEDIDA 6° Liceo de Pan de Azúcar – 14/11/2014

 

"EL MAESTRO CHINO" libro de Alberto Vaccaro sobre el Prof. Ricardo Leonel Figueredo,

será presentado el jueves 2 de julio h 19,30, en la Casa de la Cultura de Pan de Azúcar.

Están todos invitados.
av

 

… “Nací el 7 de junio de 1918 en Pan de Azúcar; mis padres fueron

Ricardo Tell Figueredo y María Inés Silva y mis hermanos,

Mario, Darío y María Inés. Yo el mayor de los cuatro.

 Crecí en el Rincón de Olivera, hasta que tuve diez años

y me mandaron con mi abuelo paterno,

para que me enviara a la escuela de Pan de Azúcar.

Mi abuela era muy rígida… 

 

 

Presentación del Libro “El Maestro Chino” en la Feria del Libro en el Paseo San Fernando – Maldonado.

Oratoria: Prof. Jorge Céspedes   Imágenes

 

 

 

 

 

  

 

 

Entre las Estrellas, la Educación y la Poesía

presentado el 21 de marzo de 2013 – Casa de la Cultura de Pan de Azúcar (por el Prof. Jorge Céspedes)

 

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Reflexiones en la cueva de Pan de Azúcar

 

 “Reflexiones en la Cueva de Pan de Azúcar”. Fue presentado en 2008 – En el Liceo de Pan de Azúcar Por el Prof. Enrique Marrero          (Leer)

 

 

 

 

 

EL LIBRO "Tu hijo, mi alumno" está disponible en: (bajar Tu Hijo Mi Alumno)

 

En imágenes, una de las presentaciones realizadas. En este caso, en el CEI, con el auspicio de la Junta Departamental, y en el marco de los festejos de los 250 años de la Ciudad de San Fernando de Maldonado.

 

El grupo "Apostamos por la Poesía", ampliado, realizó la parte artística de la presentación, en los cuatro escenarios utilizados hasta el momento. (Liceo Alvaro Figueredo, Casa de la Cultura de Pan de Azúcar, Casa de la Cultura de Gregorio Aznárez y CEI).

 

"Tu hijo, Mi Alumno" se refiere a la experiencia de 26 años de docencia y trato con los jóvenes

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 Bajar el libro “Tu Hijo Mi Alumno” (de Alberto Vaccaro)

 

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El Cerro desde cada Esquina, mi primer libro, es un compendio de crónicas sobre la realidad de Pan de Azúcar al año 1994. Muchas cosas planteadas en él ya se han corregido, otras no.

Presentado por el Prof. Ramón Guadalupe en Casa de la Cultura de Pan de Azúcar

 

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El Telón Azul del Cielo es un libro de introducción a la Astronomía. La tapa de la primera edición fue diseñada por mí. Es un arco, un pórtico, que deja ver al fondo el Cerro Pan de Azúcar, con su Cruz, y por encima la constelación de la Cruz del Sur.-

Presentado por el Dr. Luis Meliante Garcé

 

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Para la segunda edición de "El Telón Azul del Cielo", hubo que hacer varias correcciones. De paso, se cambió la tapa, que fue diseñada por un especialista. Alude a la constelación de Orión, con las famosas "Tres Marías".-

El libro procura llegar a todo lector con un texto simple y accesible, sin descuidar lo emocional.-

 

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"En los Rieles del Tiempo" incluye varias "historias" de Pan de Azúcar (NO la historia de Pan de Azúcar, sino algunos relatos).

Presentado en año 2000 en Casa de la Cultura de Pan de Azúcar, por el Prof. Ricardo L. Figueredo en Casa de la Cultura de Pan de Azúcar

 

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EN LOS RIELES DEL TIEMPO

 

(AGOTADO EN LIBRERÍAS)

 

ÍNDICE

Prólogo

Historias Cruzadas

El Pan de Azúcar que guardo en el alma

El Bar Avenida

Campitos de Dios

El Indio

Solvox Radio

Mi abuelo el Comisario

En Alas de un Nocturno

Fotos Viejas

A los Fundadores

La Bodega de Blois

El Ferrocarril

Alvaro Figueredo

Frases

La Calle de mis Afectos

 

 

 

 

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Prólogo

 

Un tren  imaginario corre por los rieles del tiempo y toca sólo algunas estaciones. Así me siento como hurgador de ayeres.

 Miro el cerro, escucho el ruido de motores veloces que me hablan del presente, busco referencias del pasado en mi memoria, o evoco el recuerdo colectivo de mis mayores.

Entonces los años se presentan como postales vivas pobladas de personajes irrepetibles, de lugares cambiantes, de modas breves, de sueños que murieron con la gente.

Son, quizás, postales sueltas y desordenadas, más que la prolija cronología que no persigo. Yo busco abrir ventanas, retroceder relojes, rescatar algunas de las raíces de mi pueblo.

Si recorro todas las calles, pasaré un mínimo de dos veces por cada esquina. Las historias se cruzan como las calles y a veces de modo más intrincado. Por eso, en este camino que va y viene por las coordenadas del tiempo, algunas caras se repiten... y me entusiasman esas coincidencias que aparecen sin querer.

Esta no es la historia de Pan de Azúcar: Es apenas una sencilla contribución, un aporte más, que se suma a lo ya escrito, para darle una justa batalla al olvido.

 

 

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Historias Cruzadas

 

Hoy quiero retroceder en el tiempo. Despojo al paisaje de su actual diseño humano y  veo esta colina de mi pueblo, las mismas piedras, el mismo cerro, el arroyo, las serranías... El rumor de las olas se escucha detrás del cerro en medio del profundo silencio. Suena leve el aleteo de los pájaros y florece la vida silvestre entre pastos altos, chircas y coronillas.

Quiero ver el mundo más allá de esta cara tierra... y pienso en los sumerios, Creta, Troya. Aquí, un puma acecha a su presa en la espesura y nada tiene prisa. Pienso en el Egipto faraónico. Ignorantes de tanto verde virgen, miles de esclavos levantan una pirámide más. El Nilo divide el árido desierto y lo alimenta. En estas praderas, un venado salta ramas y corre por su vida. Intuyo los poemas homéricos, los profetas hebreos, Esparta, las Olimpíadas griegas. En las ramas de un ombú parece dormir un jaguar mientras el arroyo limpio musicaliza el monte. Nace Roma con destino de glorias. En Grecia Tales de Mileto piensa. Pitágoras dibuja triángulos en la arena. Confucio medita allá en China. Pericles domina  en la democracia de Atenas. En este lugar la loma exhibe piedras gastadas y pasto ralo, y sólo cada tanto, pasan hombres silenciosos con sus familias, buscando un campamento provisorio. Las mujeres arman chozas con palos y ramas y los hombres cazan y pescan. Alguna fruta se les ofrece en la arboleda y el agua es clara.

Lejos, el mundo corre. Guerras. Invasiones. Luchas de poder. Sócrates es condenado a muerte. Platón, Aristóteles y conceptos que se arrastrarán por siglos. Julio César gobierna Roma y reforma el calendario. Marco Antonio y Cleopatra mueren en Egipto. Jesús de Nazaret es crucificado... Pero nada  trasciende en esta colina, que simplemente vive su libertad en permanente paleolítico.

La Edad Media sumerge al mundo en oscuridad y la luz asoma en el Renacimiento. Hasta aquí, nada afecta al paisaje que adivino en el ayer. Colón convence a la Reina Isabel y  tiende un puente de carabelas por el océano, para que un mundo se derrame sobre el otro con su sino de adelantos y flaquezas.

Entonces sí, todo cambia. Mientras en Italia Leonardo Da Vinci pinta la Gioconda, españoles y portugueses se adueñan de estas tierras.

Al principio eran caballos que galopaban sobre campo virgen, tirando de aquella diligencia que se hamacaba en el terreno desparejo. Buscaba zonas bajas del arroyo para cruzar con cuidado y se detenía. Abrevaban los animales en la orilla recién revuelta y barrosa mientras los pasajeros hacían una pausa impostergable. Las ruedas fueron marcando un camino y la ruta tuvo sus paréntesis más organizados en las Postas. Pan de Azúcar tuvo razones para nacer.

Había pasado mucho tiempo desde que el amerindio deambulara libre las costas del Plata. Pasaron épocas de dominio extranjero y llegó la Independencia. Artigas murió en Paraguay (1850). La "Triple Alianza" que integraron Brasil, Argentina y Uruguay vencía en la guerra con Paraguay (1865 - 1868). El 6 abril de 1872 finalizó la "Guerra de Aparicio", que comenzó el 5 de marzo de 1870 cuando el coronel Timoteo Aparicio invadió el país al frente de un grupo de revolucionarios. En 1873 Montevideo vivió el fantasma de la fiebre amarilla. El Presidente de la República Oriental del Uruguay era el Dr. José E. Ellauri, destacado por su escrupuloso manejo de los dineros públicos y su afán de tutelar los derechos de los ciudadanos. Pese a que no tuvo suficiente energía como para neutralizar las efervescentes pasiones políticas, su gobierno regresó al país a la vida civilizada y de progreso. En 1873 se fundaron Sayago, La Paz y Sarandí Grande. En 1874, Nuevo Berlín, Porvenir, 25 de Mayo y Pan de Azúcar.

Había llegado el año 1874, y desde tiempo antes, hubo pobladores en la zona. El Mundo no se detenía. En España Alfonso XII, hijo de Isabel II, fue proclamado Rey. El General Grant presidía los Estados Unidos de Norteamérica. Chile y Argentina firmaron su tratado de límites. Acá cerca, Joaquín C. Márquez compraba los terrenos y encomendaba a Félix de Lizarza el fraccionamiento que transformaría la colina en pueblo. El Canal de Suez tenía cinco años, la Cruz Roja Internacional diez.

El nacimiento oficial de Pan de Azúcar ocurría en épocas políticamente  difíciles, y el año 74 terminó con una fallida intentona de alzamiento del coronel Máximo Pérez. En enero del 75 hubo incidentes en la elección de Alcalde Ordinario de Montevideo (con funciones de Juez Letrado) y del primer  día del año se suspendió para el 10. La nueva fecha no fue mejor y los tumultos terminaron con catorce muertos y más de ochenta heridos. El 15 de enero un motín militar derrocó al Presidente Ellauri y dio el mando a Pedro Varela. Las revoluciones no cesaron y la crisis financiera se hizo tan aguda que se recuerda al 75 como "año terrible". Finalmente, el coronel Latorre asumió el gobierno como dictador.

En ese entorno, Pan de Azúcar daba sus primeros pasos. Los habitantes del pueblo carecían, además, de muchas comodidades que el tiempo fue trayendo. La energía eléctrica llegó recién en 1919 y desaparecieron los "faroleros". La gente de entonces recuera a Milano (italiano, de profesión hojalatero) y a Aparicio Beovídez (un  hombre mayor, alto y canoso), personajes que llegaban entre dos luces a la plaza y a las esquinas con la escalera al hombro para encender los faroles del alumbrado público, que funcionaban a gas de queroseno. En 1874 Alexander Graham Bell experimentaba, y construyó el primer prototipo de teléfono en 1875. En Pan de Azúcar la primera línea telefónica se habilitó allá por 1925 en el comercio de un vecino de apellido Zabala. El agua se repartía en latas rebosantes puerta a puerta, hasta que entre los años 1928 y 1930 "Aguas Corrientes" comenzó a instalar su servicio. El tanque se pensaba instalar cerca del cementerio como punto más alto del pueblo, o en la zona donde hoy está el hospital, por la proximidad a pozos surgentes. Finalmente se colocó en la Plaza, donde estaba la bomba pública.

Más que imaginar el paisaje de ranchos pobres y casas coloniales, trato de pensar en una época sin radio ni televisión, y sin diarios (que sólo podrían llegar con varios días de atraso). Los primeros intentos radiotelefónicos se emprendieron en Uruguay allá por 1921. El acceso a la información era difícil y las noticias se conocían, con suerte, mucho tiempo después. No había automóviles. En 1874 había experimentos en Francia, Alemania e Inglaterra con motores de combustión interna, y la producción en serie de vehículos con esa propulsión data de las cercanías del 1900. El tren recién pasó en 1910. Las diligencias siguieron pasando hasta 1911.

No existían tampoco los aviones. Casualmente en 1874 se estrelló y murió el belga Vincent De Groof, tripulando un experimento aéreo de propulsión a fuerza de músculo humano.

Pan de Azúcar fue declarado "Pueblo Oficial" el 20 de abril de 1887. El 25 de mayo del mismo año la Junta Económica Administrativa de Maldonado (órgano que precedió a la Junta Departamental) creó la primera Comisión Auxiliar de Pan de Azúcar (antecesora de la Junta Local). La Iglesia, que era al principio sólo una capilla, fue consagrada el 18 de febrero de 1877 por el Cura Pedro Podestá.

Me instalo en el año de la fundación de Pan de Azúcar, y veo el cerro sin cruz. Pocas casas en la comarca. Ovejas y algunas vacas en los campos y plantíos pobres. Muchas personas acabaron su vida sin ir a la escuela ni comprender demasiado un mundo distante de cuya existencia algo escucharon. Para algunos que jamás viajaron siquiera a otros pueblos, el mundo conocido terminaba en los límites de su rancho, un trozo de campo, un boliche de campaña y algunos relatos.

1874. Los pobladores que ya tenían estas tierras y otros que llegaron, mayoritariamente desde San Carlos, fueron los primeros habitantes de Pan de Azúcar.

Imagino días de trabajo, noches largas y silenciosas, mate y pan casero, carne ovina, algún paseíto dominguero, una caña en el boliche, algunos cuentos coloridos, fiestas de tabas y acordeonas no muy frecuentes y la tranquila vida familiar. Veo el caballo atado del palenque, la pava en el fogón, y el Sol anunciándose por Oriente.

Sin prisa y sin pausa ha transcurrido el tiempo. El pueblo ha cambiado desde aquel 1874. Mi abuelo nació treinta y un años después, yo ochenta y cuatro. Los años que no viví se entreveran e intento descifrarlos, los alejo del olvido, porque el presente es la piedra más alta de una pirámide en permanente construcción que sólo se sostiene sobre las piedras anteriores.

 

 

 

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El Pan de Azúcar que guardo en el alma...

 

Hay algunos recuerdos de mi ciudad, que los foráneos quizás nos entiendan y los mayores tal vez consideren demasiado recientes. Pan de Azúcar tenía otro color, seguramente por el cristal más joven de mis ojos.

El Colegio San José, los futbolitos de Zacarías, los ómnibus de Rimpax y Copap, la parada en la Junta Local con una bolsita de mandarinas. Los partidos de fútbol sobre pedregullo en el patio de abajo o sobre baldosas en el de arriba. El agujero en el codo de la túnica... las bolitas contra el portón de lata, las hamacas y el tobogán.

Recuerdo a la hermana Blanca  en Jardinera: hacía bailar a Pinocho si nos portábamos bien... y aquel primer día de clase entre lágrimas y soledad, salvado por mi prima Laura, que estaba en 4° año.

Allí están, en la memoria, tantos compañeros, las monjas, los recreos. Tampoco olvidé mi primera bicicleta, pequeñita y con ruedas de apoyo que mi padre quitó cuando cumplí tres años.

Recuerdo con lujo de detalles el día que nació mi hermana, algunos juguetes, los autos que arreglaba mi padre en el taller; los paszeos en bicicleta por el barrio "La Viviana" y los campitos que trillábamos detrás de la pelota.

Aquella imagen es un sentimiento: el cerro dibujado en la ventana, el almacén del Nene, la Tota, la fábrica Mar y Sierra, el puente, y los jinetes arreando vacas para el abasto y la feria del cuatro.

A todo pedal, curva a la derecha, la casa de los Núñez, los Sosa a la izquierda, una cuneta que atravesaba la calle, el almacén del Tocho, Hernández y Suárez; Elisa allá abajo donde después rellenaron para la fábrica, Elena, los González, los Marrero y Maristela, Juanita, la Sociedad los Amigos, los Techera, los Alvarez, los Márquez. Wilder y Néstor, Beltyrán, Amanda con su paraguas por sombrilla, Clavero, Castro y Groposso, El Chiche, la cañada, Roque, los Alvira, Evergista y Tomás, Lucía, Iris y Violeta, y Salomé, la uva, Celia y mi amigo Wilson.

El Colombes y los emocionantes domingos de mañana. El Profesor Rebello en el Albion y la iglesia del Padre Isabelino Pérez.

La fábrica de baldosas, Ortusar y la radio "valijita" de plástico, Hilario y el Chiche Cuadrado caídos en cualquier esquina. Y la "vieja de la Mancha" con un carrito redondo de lata.

Así era Pan de Azúcar. El Quiosco de Sureda en la plaza, tapizado de rervistas y claveles, el almacén de Eguren, el minimercado de Molina, la farmacia de Menafra, la papelería de Amengual, la mueblería de Montes de Oca y las bolitas en lo de Parodi. El cine, la tienda Quintela, y una fuente en el centro de la plaza.

Los hermosos desfiles cívico militares en los que participábamos todos, una poesía de memoria en el púlpito de madera, y las bocinas de Solvox-Radio repitiendo a destiempo las estrofas del himno.

La peluquería del Portugués, la empresa del "flaco" Villalba Etchenique, Ricardito Sánchez en el Bar Avenida.

El liceo en la calle Ituzaingó y un salón en el garage de enfrente. La Onda, primero en Rincón y Olivera, después en Lizarza, desplazando al almacén de Eguren.

El fotógrafo Antonio Martínez, el odontólogo Becco, el Escribano Pí, el Dr. Accinelli, el Escribano Romero. Aquel viejo hospital y la "gota de leche". El Maestro Chino de túnica blanca. La zapatería de Clavero, el salón de Moyano, y la escuelita Maternal pegado a lo de Surroca.

Me acuerdo de la Tienda Leoncio, la Carnicería del Clota y la de Martirena... y un muro alto junto al Banco Pan de Azúcar.

Me parece ver el taxi de Carmelo, los carteles de Piringo, el viejo Quinche, al Indio Miguel y al "bobito" con una bolsa llena de pan.

La camioneta de la Panadería Bonet, el Bedford de Eguren con un perrito sobre el tanque, la cachila amarilla de "Fachola" Seippa, los autos de Fontes y "el Japón" Luzardo, los perros del Comisario Ferreiro y los pozos que invariablemente tenía la Avenida Batlle a pocos metros de la Ford.

Allí están en la memoria, la Casa de los Regalos del "Fígaro" Sosa, las clases de acordeón en lo de Mabel Falvo en el Barrio Estación.

Uranga me llevaba a ver el tren en su Renault chiquito, igual al del "Chino" Figueredo.El Juez Piegas y el almacén Toledo de Don Bruno, la cuarta división de Pan de Azúcar y la reserva de La Estación.

Me acuerdo del Albion en épocas de esplendor, con Gustavito Núñez como presidente. Los hermanos Suárez, especialmente Luis que jugaba bien a todo. El Pato Freire, el gordo Marrero en el arco, Ciro Quijano y tantos otros.

Rotary de Don Washington Quintela y las reuniones de Interact. Las exposiciones de la Escuela Industrial y la plaza irrepetible del año 74, cuando celebramos el Centenario.

La zapatería de Rocha, el comercio de Alonso, Bercan y Cancela con su Mehari cargada de heladeras. Gustavo Núñez padre y el Inmenso París Londres. La barraca del Varón Cuadrado , la gomería de Arturo Rocha, las Fiat 500 de Grille y la Tota Tuvi, la pequeña Toyota de Quirque y Adán Pedroso en la puerta del Liceo.

Recuerdo la automotora de Mansilla, las Bedford de Ferrés y Rebello, el Simca de Piringo Bonilla, y su Zanelita celeste, los camiones de mi tío Juan, la gomería Pemar, el "cachilo-camioneta" y cada vehículo que tuvo mi padre.

La vía que cruzaba antes del puente, un grupo musical que integraban entre otros los hermanos Buzó, el Studebaker verde de Manuel García y los camiones Thames de la Igam.

El Comercio de Hugo Díaz en Rincón y Rivera, Griman y el club del Frente Amplio en Ituzaingó y Rivera. El Bar y Agencia de ómnibus de Robertito Blois y aquellos "recibos" bailables del Centro Progreso.

Tengo presente los partidos en la cancha de Fontes, donde una vez jugaron Abaddie, Ghiggia, William Martínez, Maidana y otras glorias en el "Alvaro Gestido", equipo de veteranos.

El correo en Rincón y Rivera, la joyería de Velázquez, el Banco de Previsión donde está el Semanario Zona Oeste. La Valenciana donde está la Casa de las Telas, "La Escoba" de León en la esquina de Artigas y Rivera. Las canchitas de baby fútbol en la Plaza de Deportes, frente a la escuela Industrial y cerca de la escuela 78.

La estación de AFE y el bar de al lado, que tuvo Ferrés, el quiosco de Faccelli, Pedro Castellanos gerente del Banco Pan de Azúcar y Emilio Falvo trabajando en la estación.

Artemio Pérez  repartía leche en una Gilera 50; mi abuelo iba todos los días al centro en su motoneta Iso, y mi abuela en una Malanca. Mi madre iba a dar clases en la Escuela Industrial en un Fido, y en verano yo trabajaba con mi padre en el taller.

El cerro no tenía antena; el telégrafo estaba en Leonardo Olivera casi Rincón y la central telefónica en Lizarza casi Ituzaingó. Cerca de mi casa armaban las camionetas Marina y Serrana, autos Ford Taunus... después Mar y Sierra se transformó en Fiat, más tarde en Nórdex y por último Nortel.

Una vez visité el Molino Schiavonne y varias veces la carpintería de Montes de Oca. El cine era un paseo casi obligado. En mi barrio el único que tenía televisor era "el Tocho" y allí nos reuníamos cada seis de enero para ver el desfile de los Reyes Magos.

Me acuerdo de la Cancha de Bochas, de la herrería de Sucías, el almacén de Baliña, la bicicletería de Melo y El Fortín del Prof. Figueredo. La fábrica de pastas de González, el Centro Comercial frente al nuevo edificio de Antel, Rosita, que vivía al lado del Colegio y colaboraba en los festivales de fin de cursos.

Conservo en mi memoria una postal del Liceo cuando rendimos examen de ingreso los que veníamos del Colegio: Baldo Director, Irigoyen, Doris, Cecilia, Sonia, Adán Pedroso y aquel patio de piedra despareja.

También aquella imagen: largos bancos de madera azul y una ventana de salón, donde golpeábamos figuritas con la mano ahuecada, en el querido San José.. Aquel salón al fondo del patio, donde una noche de fin de cursos me maquillaron para vestirme de holandés con seda roja; Stella, mi siempre compañera de baile, Jesús y los demás.

Quinche hablando de Pinki en las mesas redondas de lata, en la vereda del Bar Avenida. Fonseca repartiendo telegramas, Presa hablando solo, el Taxi de Lazo. Avila llevando agua en su carro de madera tirado por un caballo, la bicicleta de media carrera de Heriberto en la que yo pedaleaba por dentro del cuadro; las esperas en lo de Razquín.

Las muelas que me sacó Becco y el club en su garage cuando ganó Gestido. Me acuerdo de muchos perros que quise de verdad. El gallinero de mi abuelo y Minero, aquel espléndido caballo.

Un discurso de Agustín Cuadrado y un acto de Michelini. Las bolitas que me regaló Pedro en una bolsita de tela. La Shell de Antonio Calo y la plaza de Beltrán. La ruta 9 pasaba frente a mi casa; los asados en el taller, el camión de Bártola y la casa de Andrés...

Son pocos años, pero son mi vida. Postales  que no se borran, cosas y gente que ya no están, pero no se olvidan... y de algún modo, siguen poblando las calles de mi Pueblo.

 

 

 

 

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          El Bar Avenida

 

(Durante cierto tiempo -años 1999/2000- el Bar Avenida estuvo cerrado. Quizá el futuro nos lo devuelva, pero el lector sabrá valorar que estas palabras fueron escritas con la tinta triste emanada de un panteón de nostalgias en el centro de mi pueblo)

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 La esquina llora, oscura y solitaria. No es el Bar, que cerró sus puertas... Es el Pueblo, que apagó su luz, cerró el álbum de añejas memorias y se durmió sin tiempo en la telaraña gris.

Esquina o mojón del Centro, guarda valiosos recuerdos de cada nativo del Pueblo. Los Mayores me hablan del “Café de Mereja” y de tantas anécdotas de tiempos que no viví.

En mi alma está esa esquina rutilante vestida de emociones un sábado de noche, o mesas de lata pintadas de rocío un lunes temprano, en aquellas mañanas de mi infancia.

Ricardito Sánchez en la caja. Carmelo o Sención, leyendo un diario prestado, en las largas pausas que les daba el taxi. Amigos conversando entre el vapor del café y el humo del cigarrillo. Aquel tablado de carnaval. La máquina pasa discos en el rincón. Los espejos. Las clases libres del Liceo.

Las Pizzas y el fainá de mis primeras salidas de sábados a la noche, y el café de los domingos con mi padre y sus amigos.

 La ONDA paraba 15 minutos y decenas   de pedidos  hacían   correr a los mozos, agitaban las puertas  de los  baños y  como por  arte de magia,  las sillas quedaban vacías y las mesas pobladas de pocillos de café, botellas de refrescos, y platillos con servilletas arrugadas.

El viejo Quinche. Muchachones conversando en la vereda y alguna pareja absorta en sus temas, es un cuadro más, del añorado paisaje.

Algunas mesas juntas para la barra de amigos que va para el baile. ¡Tantos recuerdos!

Oscuro y silencioso, el fantasma de tiempos  idos contagia su angustia a la calle, que no es la misma. A la esquina, que no reconozco, a la Ciudad que sufre su ausencia de luces y reuniones.

Mucho más que un comercio cerrado en el corazón de mi pueblo. Es parte de su historia. Parte nuestra, de todos quienes apretamos los ojos y nos vemos en el amplio salón.

A Pan de Azúcar le falta algo, a mí me falta algo,  El Bar Avenida está cerrado, frío, oscuro, vidrios pintados para ocultar su agonía, y en la esquina dormida yacen historias que amamos todos... y se nota mucho... demasiado.

 

 

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Antes, no hace mucho, mis amigos y yo nos encontrábamos a jugar a la pelota en cualquier baldío. ¡Fueron tantos...! Yo recuerdo varios en La Viviana (mi barrio): en Los Amigos, pegado a la casa de los Suárez, en lo de Hernández, en la Feria del 4, en las calles de Mar y Sierra (después Fiat, Nórdex y Nortel), en mi casa, en lo de Alvarez, en el Abasto.

Pero fue recorriendo campitos que conocí la Ciudad y su gente: Frente al Hospital, donde está la casa del Dr. Ruiz; detrás del Albion, en la Estación de Afe, frente a la Escuela 78, frente a la UTU, un baldío donde hoy está el B 24, el campo de los Denis... por mencionar sólo los más concurridos. Pero hubo más.

              

Campitos de Dios

 

Dios los creó para echar a correr las almas niñas detrás de la pelota. Les dio colorido de estadio en tarde de clásico, aunque los ajenos sólo vean un baldío de pasto gastado.

Pequeños paraísos sin razas ni dinero, templos de igualdad. Dios los hizo para combatir toda discriminación. Les puso entusiasmo de tribunas repletas y de finales del Mundo. Abolió el egoísmo y puso semillitas de amistad en cada partido. Derramó magia y alegría en cada gol irrepetible.

Entonces, los chicos de toda edad, aprendimos a ser solidarios, a respetar a los rivales, a competir con lealtad.

Sí, ya sé... A veces el diablo metió la cola en alguna rencilla que no duró más de unos minutos, en algún agujero en la túnica, en alguna rabona. Pero Dios compensó esos pecados y algunos hematomas, con el cansancio más lindo de la vida.

Yo sé que Dios los creó y me guió por muchos de ellos... campitos de fútbol, para regalarme un racimo incontable de amigos. Allí, sin más requisito que ir llegando, jugábamos todos. Heber Pinto gritaba en mi garganta y no era yo, era Spencer, Abaddíe, Rocha... Morena. No importa si jugaba mal, si otros eran mejores o peores. Regían otros valores. Dios me llevó a conocerlos e incorporarlos para siempre.

A veces los padres no comprendían. “¿Para qué vas, a cansarte? ¿Viste, ese raspón, ese golpe? Perdiendo tiempo... en vez de estudiar.” A veces era cierto, exagerábamos. Pero qué linda escuela de la vida fueron los campitos, ¡Cuánto les debo! Estoy seguro: Dios los hizo.

 

 

 

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     Esta historia es diferente. La escena transcurre en el Parque Zorrilla, entre la sombra de los árboles y el arroyo. Yo lo vi...

 

El Indio

 

Escucho el canto del agua, que corre clara arroyo abajo, oigo a las ramas susurrando secretos con el viento... y percibo la sombra del indio en las orillas añejas.

Entonces no sé, si el silencio del bosque es silencio, simple murmullo de hojas, de vida silvestre; o es un compendio de voces dormidas en el lecho del tiempo.

Incolora, desteñida tal vez, la sombra del indio reposa, agachada junto al fogón que arde en otro tiempo, junto al arco que arroja saetas al olvido, allí donde la lanza clava siglos sin historia.

El Indio está allí, mudo, apenas una sombra etérea entre las sombras vivas, donde los suyos buscan esplendores idos en su tierra despojada. Sabiduría milenaria de escasas huellas, fuego modesto convertido en cenizas que nada dicen del ayer.

Lo veo, robusto y viejo, caminando el bosque, sin esperanzas. Sin los hijos que eternicen su existencia. Sin clamores, sin amor, sin presente, una sombra difusa, aquí, allá, en todos lados, paso lento, sigiloso... Se esconde de la luz que lo acusa ausente, y el paisaje se le pierde en dimensiones imposibles.

Sombra, sólo sombra que nadie ve, en la ribera del arroyo, en los brillos del agua, en cada piedra, en mis ojos, más adentro de mis ojos...

 

 

 

 

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Solvox Radio

 

Era Pan de Azúcar de mi infancia. Bocinas colgadas de la columna de palo propalaban la voz de Villegas promocionando los comercios de la Ciudad. Era una radio con información y publicidad, pero con alcance sólo para quienes vivían en la zona o caminaban por la acera más concurrida del "centro". La idea de Pablo Silva, "El Apagón" había sido incorporada a las tranquilas costumbres pueblerinas.

El recuerdo está nítido entre los primeros de mi Pan de Azúcar, mis caminatas al Colegio, y especialmente los actos patrios que por entonces eran una verdadera fiesta popular. ¡Qué lindas las calles, niños de túnica, jóvenes de uniforme liceal, y la gente con escarapelas en la solapa de obligados trajes! Allí, en Félix de Lizarza entre Ituzaingó y Artigas, estaba el comercio (ramo electricidad) de Pablo Silva, y estacionada su Fordson rural. Era además el "estudio" de Solvox.

La historia comenzó mucho antes, allá por 1952 o 1953. Pablo Silva se asoció con Juan Carlos Fontes, un técnico de San Carlos, para lanzar el novedoso proyecto. Cuatro bocinas en una base de madera, montada en una torre, precedieron al famoso "palo", que era más alto.

Se procuraba dar el mayor alcance posible a la programación que según relatos, se escuchaba desde km. 110.

El primer locutor fue Wilson Pimienta, que con unos quince años de edad, anunciaba los boleros de la tarde con tono romántico y fragmentos de poesías. Las jovencitas, sensibilizadas por la propuesta poético - musical, hacían solicitudes de temas en las oficinas de Solvox Radio.

París Londres, Peluquería La Rochense de Mario Suárez, La Casa de los Regalos de Sosa, eran algunos de los tantos comercios de aquella época que apoyaban el esfuerzo y promocionaban sus ventas.

Wilson Pimienta, siempre fue locutor de diferentes maneras hasta que obtuvo su título de rematador. Incluso como tal, condujo siempre el remate con arte de animador y gran conocimiento de la sicología del cliente. Excelente imitador y narrador de historias de personajes típicos del pueblo, siempre fue ameno eje de reuniones de amigos. Después de dejar el Sólvox Radio, apenas en la mayoría de edad, inició un emprendimiento particular asociado con Gustavo Bonilla. Montaban parlantes en columnas de la cancha de fútbol y trasmitían desde la "cabina" instalada en una Studebaker furgón. Musicalizaba bailes con Nilo Píccolo. Más tarde, Pimienta fue contratado por el Banco Pan de Azúcar para una campaña publicitaria que tocó casi todas las plazas céntricas  del país. Iban en una Fordson primero, en una Chevrolet 51 después, mostrando una película documental filmada en la costa desde Solís hasta el Chuy, relatada por Emilio Bacotti, para promocionar alquileres de inmuebles administrados por el Banco.

Vuelvo al Sólvox Radio.Después de Wilson Pimienta  estuvieron San Cono, Ruiz, Villegas... Allá por 1966 ingresó Walter González, más conocido entre los vecinos como "El Pájaro Loco" o simplemente "El Pájaro".

Cuenta Walter que en su infancia escuchaba  atentamente al locutor y soñaba  con ese trabajo, repitiendo los textos...

  

Un día, Walter, con sólo nueve años,  concurrió a la base de transmisión y encaró a Villegas: "a mí me gustaría hacer esto" a lo que el hombre respondió: "lo que pasa es que tú todavía tienes voz para hacer avisos de galletitas, cuando crezcas y cambies la voz, vas a ver que puedes hacer  este trabajo".

Y lo hizo.  Operador y locutor disfrutaba irradiando los goles de uruguay en Maracaná en la voz de Solé cada 16 de junio (en un disco LP de 78 revoluciones), informando y entonando los "avisos" comerciales.

En 1970 nació WS Publicidad (Walter y Susana) y Walter, que sentía gran inclinación por la radio y había actuado desde 1966, en épocas de estudiante,  como corresponsal de CW 51 Radio Maldonado, dejó el soñado empleo. Era tiempo de independizarse. Solvox Radio continuó sin él un año más, con la locución de De León. Por la mañana funcionaba la red de parlantes de WS y por la tarde "el palo" de Silva. En 1971 WS compró los equipos y material que incluía discos y cintas  de Solvox Radio, que quedaba así en el recuerdo. La transmisión (que se originaba siempre desde el taller electrónico de Francisco Bonilla 731) se escuchaba en red de parlantes en horario matutino, y por el viejo "palo" en las tardes. Esto originó un nuevo apodo para "El Pájaro": "El gusano", porque tenía (p...) a toda la manzana. La red de parlantes funcionó hasta 1979. Todavía se conserva en el taller de WS el transmisor de Solvox (un viejo amplificador a válvulas), la totalidad de los discos y grabaciones dignas de un valioso museo.

WS realizaba también publicidad callejera en una Fordson equipada con dos parlantes de madera y un tocadiscos a batería incorporado al amplificador. Había que conducir con cuidado y lentamente, para que no "saltara" el brazo. Después llegó la nueva tecnología y se pasaba música de fondo con cintas mientras el texto se leía en vivo una y otra vez.

Historia. Todo es historia. También lo que apenas recién sucedió. Juzgará el lector si ha pasado mucho o poco tiempo. Pero en mi memoria suena todavía la cuarteta de bocinas en el palo alto, con música, con publicidad, con noticias... con la imagen de aquel Pan de Azúcar de mis años niños y las voces inconfundibles, que suenan en algún lugar inmaterial y eterno, con la probada potencia de "SOLVOX Radio".

 

 

 

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Mi abuelo el Comisario.

 

 Una vez le pedí datos para  escribir su historia, quizás un libro sobre su vida. Me dijo que no. Que me daba los datos, si quería, para escribir sobre el Pan de Azúcar de su infancia y juventud.

Cumpliré mi promesa. El libro no es exclusivamente sobre Juan Angel Pereira. Además, parte importante de la historia fue publicada por mi madre en su libro "Tiempo de Recuerdos". Pero creo sin temor a equivocarme, que el relato que sigue es ilustrativo de épocas remotas de la Ciudad y su entorno. Tardé algunos años en tomar coraje para escuchar las grabaciones y en leer apuntes de una libreta que dejó a su única hija.

Yo nunca lo conocí de uniforme. Cuando nací ya se había retirado al lugar en el que me crié: Gallinero para venta de aves y huevos, quinta, un caballo que se llamó Minero, un par de vacas y terneros, una motoneta, y un pasar tranquilo.

Recuerdo sus madrugadas de invierno, ordeñando vacas sobre el pasto blanco por la helada. Después, el balde sobre el aljibe, y un jarro de leche al hervidor para su segundo desayuno (el primero era el mate) y también para el mío.

Más tarde era hora de juntar huevos y alimentar a las gallinas, carpir un poco la tierra, y vestirse, para subir a la motoneta y marchar al centro. Regresaba cargado de ración, el diario y algunas otras compras, y la correspondencia que levantaba en la comisaría.

Su casi exagerada e impaciente puntualidad, su rectitud a toda prueba, fueron ejemplos permanentes de mi abuelo... Una de las personas más importantes de mi vida.

El cariño por el nieto traspasaba nítidamente su gesto pretendidamente duro. Yo cruzaba de noche a su casa a mirar televisión, le pedía un "codo" de pan criollo (guardado en una lata de yerba Armiño) y me dormía apoyando la cabeza contra su hombro.

Cuando crecí, comencé a escuchar historias de aquel comisario severo que "enderezó" al pueblo en épocas difíciles. En su ropero había un uniforme completo con dos gorras... ¡una!, porque la otra me la regaló para jugar a los policías. Le preguntaba por aquellas fantásticas aventuras que me contaban, y él asentía, pero no solía agregar demasiados condimentos al asunto. Siempre me hablaba de la responsabilidad, del celo en el servicio, de la honradez, de la disciplina.

Pero yo quería saber más.

Mi abuelo tenía 53 años cuando yo nací, y tuve la gran fortuna de tenerlo durante 38 años.

Juan Angel Pereira Serrón nació el 23 de octubre de 1905, a las dos de la tarde,  en la campaña de la 3ª. Sección, veinte kilómetros al norte de la Ciudad, en las costas del arroyo Pan de Azúcar. Primogénito de una familia con 14 hijos, siete varones y siete mujeres, tuvo que hacerse grande muy temprano. Sus padres tenían una pequeña posesión agro ganadera donde se producía para satisfacer las exigencias imprescindibles de la vida, como alimentos y vestimenta. Comenzó a cabalgar (idea de su padre)  a los dos años, atado del recado, y desde los tres años de edad, por su cuenta, dominando el caballo con relativa facilidad. Tenía cinco años y cuatro meses cuando comenzó a asistir, como alumno fundador, a la escuela de Calera del Rey, a unas quince cuadras de la casa paterna.

Como era la primera escuela de ese paraje, ingresaron a primaria entre los más de cuarenta alumnos de ambos sexos, jóvenes de hasta 17 años. Juan Angel, el más pequeño por edad y  físico, cursó hasta tercer año rural (todo lo que ofrecía el pequeño centro educativo) pero siguió asistiendo hasta 1918 para completar su formación, ya que otros niveles de estudio eran inaccesibles, a más de cincuenta kilómetros de distancia y  mucho más allá de las posibilidades económicas de la familia. Como buen lector, era elegido por los maestros para leer en voz alta a la clase, y los vecinos organizaban veladas en las que  escuchaban novelas, revistas o diarios, que cayeran en las manos  de aquel niño.

Después realizaba tareas en casas de vecinos por una pobre remuneración. Eso le permitía cubrir sus gastos de ropa y aprender trabajos de campo. Ayudante de albañil, "agarrador" de lanares, esquila con tijeras de mano. Desde los quince hasta los diecisiete años fue peón en la estancia de Froilán Nieves  Siete meses trabajó en un comercio de Minas, un tiempo más integrando una cuadrilla de esquiladores... y por fin, en 1922 recibió la citación del Comisario de la 3ª Sección.

¿Fue la carrera policial lo más importante de su vida? Sólo estuvo en servicio activo 31 años de una existencia de 91. Pero pese al retiro, nunca dejó de ser Comisario. Comenzó como Guardia Civil en las funciones de ayudante de Escribiente y telefonista. Supo elegir los consejos buenos, y ante la falta de bibliotecas donde obtener libros, mejoró su formación leyendo cuanto escrito figurara en los archivos de la comisaría. Desde 1923 le fueron asignadas más responsabilidades. Montando a caballo, recorrió la campaña realizando tres censos de cosecha de maíz chacra por chacra, uno de marcas y señales, otro de vecindad. El éxito de estas tareas  fue clave para futuras promociones.

Actuó un tiempo más en la seccional 3ª, en tareas de  oficina y en giras por la campaña. Era elegido por el Comisario, que no era de la zona,  para que lo guiara en recorridas por la sección. En febrero de 1925, el Poder Ejecutivo creó la Seccional 11ª (Piriápolis) con un territorio que abarcaba parte de la 3ª y parte de la 5ª. El personal designado era, por orden jerárquico, un Comisario, un Escribiente, un sub - Oficial y tres Guardias Civiles. Desde la inauguración, el 1º de Marzo de 1925, Juan Angel Pereira era el Escribiente, pero además, por ser el segundo en grado, actuaba como sub Comisario y reemplazaba al Comisario cuando estaba ausente. Tenía diecinueve años y era, desde ese momento, Oficial de Policía.

La nueva responsabilidad exigía conocimientos que él consideraba que no tenía. Como no ganaba suficiente como para comprar libros, consiguió varios en préstamo y los estudió. Tenía muy buena memoria. Así aprendió códigos y copió a mano la constitución de la República de 1919, la que conservó el resto de su vida.

Su facilidad para asimilar lo que escuchaba o le enseñaban, para aprender de las personas con las que conversaba, le permitieron progresar rápidamente.

Cuando todavía no había sido nombrado Escribiente en la Seccional 11ª, Juan Angel Pereira conoció personalmente a Don Francisco Piria. Antes de crearse la Comisaría de Piriápolis,  toda la zona pertenecía a la Seccional 3ª. Desde 1922 hasta 1929 realizó frecuentes visitas  a las obras en construcción de murallones (el Puerto ya estaba hecho y recibía al Vapor de la Carrera). La Rambla estaba construida pero la deshizo un temporal en Julio de 1924. Contaba mi abuelo que la gran mayoría de los obreros eran inmigrantes post Primera Guerra Mundial. Arribaban al Puerto de Montevideo y desde allí en tren a Piriápolis. Un peón común ganaba en esa época un peso por día, y Piria pagaba un peso con veinte centésimos. Los salarios se abonaban en la actual Quebrada del Castillo. El Castillo, levantado en 1897, fue la primera construcción de Piria en la zona, pero  en la época de este relato el fundador de Piriápolis era ya viudo y vivía en Montevideo, desde donde venía de vez en cuando. Pereira (que tenía por aquel tiempo veinte años) recordaba  a Piria como un hombre de unos ochenta años, de físico menudo,  baja estatura, sombrero de ala dura, muy dicharachero y ya sin bigotes. Incluso recordaba una anécdota, una vez que en el Hotel Piriápolis una presuntuosa turista, buscando conversación, le preguntó: "Diga, Don Francisco, Usted que ha viajado tanto...¿Cuál es la forma más barata de llegar a Asunción del Paraguay?" A lo que Piria respondió: "métase en un sobre y paga cinco centésimos".

Por esos años el Hotel Argentino tenía construido el segundo piso, y se trabajaba en el tercero.

Para viajar de Piriápolis a Pan de Azúcar en esa época se utilizaba el "Trencito de Piria", con sus vagones abiertos. La ruta 37 no existía. Había un camino asfaltado desde Piriápolis hasta cerca de Zanja del Encanto, pero la salida de Pan de Azúcar era por donde hoy está el Abasto Municipal de Carne. El Guarda del trencito era Francisco Sanui y la estación estaba en la Sub Prefectura aunque las vías seguían hasta el Puerto.

Juan Angel Pereira estuvo en la 11ª hasta octubre de 1929, más de cuatro años y medio. Desde allí pasó a la 6ª Sección, José Ignacio, donde permaneció dieciséis meses.

Estando en la 6ª ocurrió un hecho que le hizo muy conocido y reconocido para nuevas promociones. El Inspector de Policía, recién llegado a la Jefatura de Maldonado, debió realizar en esa comisaría un Sumario Administrativo y solicitó un Escribiente. El Escribiente era exactamente eso: anotaba a mano toda la documentación, con pluma y tinta, porque no había máquinas de escribir. El recomendado para el trabajo fue Juan Angel Pereira, considerado idóneo en la materia.

La exigente labor llevaba ocho o diez horas diarias de rápida y prolija caligrafía, pero fue cumplida tan bien, que en adelante fue llamado para hacer la misma labor en todo el departamento. Seis sumarios en poco más de un año.

Luego se agregó la tarea departamental de pago de sueldos mensuales, en los que elaboraba el acta. Prestó servicios en la seccional 5ª (Las Flores), durante tres meses. El 15 de marzo de 1931 pasó a la 2ª (San Carlos) donde actuó hasta el 6 de febrero de 1936. En diciembre de 1934 fue ascendido a Sub Comisario Rural. Había sido ya Escribiente rural y urbano, salteó el grado de Oficial Inspector y pasó a Sub Comisario Rural. Desde allí fue trasladado a Punta del Este con el cargo de Sub Comisario Urbano. Pasó casi siete años en la Seccional 10ª, donde cosechó muchas amistades, entre ellas la de personas importantes que veraneaban en Punta del Este, como el Dr. Pedro Berro (Diputado, Senador, Ministro del Interior y figura relevante del Partido Nacional); el Dr. Juan José de Amézaga (más tarde Presidente de la República); Don Tomás Berreta (Presidente de la República).

El 1º de Noviembre de 1942 fue designado Comisario Rural en la Seccional 4ª hasta el 1º de Noviembre de 1943, cuando se hizo cargo como Comisario Urbano, de la Seccional 3ª (Pan de Azúcar). Ese fue su último destino en la Policía, ya que diez años después, el 15 de Octubre de 1953, pasó a Retiro voluntario.

Como dije al comienzo, esta entrega tiene como objetivo central esbozar historias de Pan de Azúcar. Mi abuelo es parte de esa historia, pero además, sus relatos son el puente por el que arribo a una época que mi edad no me permitió conocer.

En 1922, cuando recién había ingresado a la Policía, el Juez de Paz era Don Germán Rodríguez Gerona, que ocupaba el cargo por política. En realidad la tarea la cumplía uno de sus hijos, y el magistrado se limitaba a firmar.

El Comisario era Luis Rodríguez Salaya, a punto de jubilarse.  No tenía gran instrucción, pero su experiencia le daba la habilidad necesaria para desenvolverse  en la función. Incluso mi abuelo lo recordaba como un buen consejero.

La Junta Local se llamaba "Concejo" y tenía un Secretario, un ayudante (Pablo Colistro), un Comisario de Salubridad (Bonilla) y unos muy escasos peones.

El pueblo era muy pequeño. La calle Lizarza arrancaba en Sarandí, pero no había casas en esa zona. El Cementerio estaba en su actual emplazamiento, pero se llegaba por un camino de tierra marcado entre pinos. Todas las calles eran de tierra. Los vehículos se empantanaban frente a la Plaza. Lizarza, Lavalleja, Rivera, Bonilla, Ituzaingó, Rincón, Piedras, Leonardo Olivera, eran las principales vías de tránsito. Existía ya en esa época la casa que más tarde fue del Escribano Pí, padre del Dr. Haroldo Pí. Los prostíbulos estaban en Lizarza y Goicoechea, y el parque Zorrilla no existía, era simplemente un campo virgen donde concurrían las lavanderas y gente que tenía animales en pastoreo.

La principal cancha de fútbol era la de Fontes, pero había otras. En el Barrio Estación existía un local de feria de ganado, aproximadamente en el ángulo que forman Oribe y Devizenzi, hacia el Sur.

El tren ya pasaba rumbo a San Carlos, quizás desde 1911 o 1912. En 1920 pasó por Pan de Azúcar hacia San Carlos Don José Batlle y Ordóñez, para un gran acto.

El Molino Cordone era una importante fuente laboral. El Barrio Belvedere ("del Peligro") era un conjunto de ranchitos. Tío Fernando que repartía agua, fue el padre de Quintín Díaz Bonilla ("el poeta de esta Villa"). Quintín andaba con un balde de cal, y por unas pocas monedas, iba casa por casa ofreciendo "blanquear" alguna habitación. Además, escribía un diario a mano, que dejaba en el Bar Avenida para que lo viera la gente. El dueño del Bar Avenida era Mario Rodríguez Peláez. Unas dos mil personas vivían en la entonces Villa, contando los barrios más alejados.

Dieciocho años más tarde, al regresar a Pan de Azúcar como Comisario, el Pueblo había cambiado bastante. Calles asfaltadas, no muchas más personas, pero sí nuevos problemas. Incidentes y desórdenes con participación de mayores y menores,  eran cosa corriente en bares y comercios. Eran frecuentes las reyertas entre ebrios y patotas de escandalosos, pero quizás los mayores problemas estuvieron en el fútbol. Equipos de otras ciudades se negaban a venir, porque si no ganaban los locales, la golpiza era segura.

Esa fue la causa principal del traslado de Juan Angel Pereira a la 3ª Sección, pero además, el desarrollo de los hechos posteriores y la actuación del Comisario, abrieron toda una leyenda que como tal, tenía la base de casos reales con el aditivo de exageraciones. El relato popular tiende a redondear historias con anécdotas de novela, gustoso condimento para la charla.

Yo crecí escuchando cuentos de esas aventuras del policía severo y guapo,  represor y autoritario, que apuraba a su caballo por el límite de la cancha para impedir el ingreso de los espectadores.

Algo de cierto había. Una vez en San Carlos, donde concurrí junto a muchos otros estudiantes de Pan de Azúcar a cursar 6º año liceal (opción físico - matemática) un profesor, leyendo mi nombre completo, me dijo... "¿Vaccaro Pereira?" "Sí," respondí. "¿Es usted familiar del Comisario Juan Angel Pereira?" - siguió preguntando - "Es mi abuelo" dije orgulloso. Imaginé que era un amigo de mi abuelo, lo que seguramente me traería una relación más familiar con el Docente. Pero no fue así. Inmediatamente me contó: "Hace muchos años fui a un partido de fútbol en Pan de Azúcar, y tras un incidente, varias personas fueron detenidas. Su abuelo me tuvo en un calabozo algunas horas."

Yo escuchaba y le preguntaba después: "Tata... ¿Es verdad que cuando eras Comisario de Pan de Azúcar...?" y él se acomodaba en la silla y me decía: "Bueno, la gente le agrega cosas y a veces exagera, pero sí, pasó más o menos así" Negó siempre que una vez haya ingresado (como me contaron) a un bar montado en su tordillo, para disolver una timba. Pero lo del fútbol era cierto. Los relatos de mi abuelo coincidían con los del pueblo.

El Comisario se apostaba en una esquina y permanecía vigilante hasta que algún fanático osaba ingresar a la cancha. A veces la multitud pisaba la línea lateral y el "Comadreja" y su jinete, como un centauro, arrancaban a correr marcando el límite entre lo permitido y lo prohibido. El fiel caballo mostraba los dientes como para morder y el guardián amenazaba con su sable. Más de una vez, rodeado de inamistosos hinchas, expuesto a golpes desde los trescientos sesenta grados del entorno, se defendió dando "planchazos" a diestra y siniestra. Después la comisaría se poblaba de detenidos y en la puerta insistentes "abogados" reclamaban libertad para sus compinches. Poca suerte tenían, porque además de no lograr sacar a nadie del calabozo, solían transformarse en nuevos detenidos.

En la Villa había varios hombres difíciles, pendencieros porque sí, o envalentonados por licores. Mi abuelo me los nombró muchas veces, pero la identidad no viene al caso... eran de esas personas que recordaba, años después del retiro, como buena gente, pero un poco conflictivos al comienzo. Con la mayoría de ellos logró  buenas relaciones con el paso del tiempo.

Quienes me hablan de aquella época, se refieren al Comisario Pereira con mucho respeto. "Era bravo" me comentan, pero nunca lo tildaron de injusto.

Mi abuelo me contaba que al llegar y tomar conocimiento de la situación, impartió órdenes al personal a su cargo, pero con poco éxito. Tuvo entonces que imponer su autoridad y velar personalmente por el cumplimiento de las directivas.

La rigurosidad con la que se propuso combatir la presencia de menores de edad en lugares no aptos y todo tipo de desorden, generó cierto tipo de resistencia. Intentaron agredirlo físicamente, y con amenazas, pero nada de eso podía torcer la dirección que había tomado. No faltaron enfrentamientos violentos, calabozo por 24 horas, pases a la Justicia y procesamientos.

Algunos vecinos de la Villa se solidarizaban con los detenidos e ignoraban al Comisario, al que ni siquiera saludaban. Firme, y de decisiones rápidas, comenzó a dominar la situación dentro de la propia Comisaría y en la comunidad. Pero eso le llevó no menos de tres años de constante lucha, sin que existieran noches que no terminaran con varios revoltosos detenidos, ni partido de fútbol que no acabara con decenas de conducidos a la Seccional.

Un rol relevante cumplió "Comadreja", su tordillo, ya mencionado líneas atrás. El fantástico caballo perteneció a don Juan Francisco García, un amigo de la familia que había sido compañero de infancia del padre del Comisario Pereira. Comadreja tenía ya trece años de edad y su rendimiento en las carreras había bajado, por lo que sería retirado de las pistas. García le ofreció enviárselo, y así lo hizo.

Nervioso como cualquier parejero sólo dedicado a correr, se ponía muy inquieto en presencia de numeroso público. El trato cuidadoso y amable del nuevo amo, logró una excelente relación  entre jinete y corcel. Comenzó a reconocer la voz del dueño y obedecía sin necesidad de utilizar el freno; era inteligente y aportaba su colaboración de una manera tan efectiva como espectacular. Comadreja acompañó al Comisario los últimos ocho años de su carrera y murió de un ataque al corazón, en la caballeriza de la Seccional, tres meses antes de que el protagonista de esta historia se retirara de la Policía activa.

Pero volvamos a los primeros tiempos del Comisario Juan Angel Pereira al frente de la 3ª Sección. Dos procedimientos de represión de desórdenes ocurrieron casi seguidos. Uno de ellos fue con un señor dueño de un bar, vecino antiguo de la zona, que tenía la costumbre de emborracharse y promover mayúsculos escándalos que incluían agredir a quienes quisieran pararlo. No vaciló en atropellar con su auto a funcionarios policiales. Estuvo varias veces detenido pero siempre por poco tiempo, pues cuando se le iban los "humos" del alcohol, se le perdonaba. Lógico era que chocara con Pereira. Al primer intento de acercamiento, el individuo tomó a golpes de puño al Comisario, pero este último, que no solía achicarse, lo detuvo de todos modos y lo pasó a la Justicia. Fue enviado a la cárcel. Al salir de prisión, era un hombre distinto, totalmente curado. Dejó de beber y fue una persona de trabajo y buen vecino que a esa altura, tenía unos cuarenta años de edad.

El otro caso parecido, fue un procedimiento con un señor de iniciales C. G.  El hombre alcoholizado agredió en la calle al Comisario, y la lucha cuerpo a cuerpo terminó con el revoltoso procesado y preso. Al salir de la cárcel, reunió a su familia y dejó Pan de Azúcar para radicarse definitivamente en la ciudad de Maldonado.

El Comisario intentaba cumplir con su misión de poner la Villa en orden. Se abocó entonces a uno de los problemas que a su juicio eran más perjudiciales para la salud de la sociedad: los menores en lugares y horarios inconvenientes. Hizo cumplir estrictamente las disposiciones del Código del Niño y se encargó de controlar que los funcionarios a su cargo pusieran el mayor celo y dedicación en ese camino. Poco tiempo después, ya no se veía a adolescentes en bares y otros lugares nocturnos o de juego y era incluso difícil ver niños jugando a las bolitas en las calles... se las quitaba como castigo para ponerlos a salvo del peligro del tránsito. Si los menores fumaban, les quitaba los cigarrillos y recién los dejaba ir después de un buen sermón. Pero uno de los motivos más notorios de su esfuerzo, fueron los juegos prohibidos, es decir, las timbas.

Recorrió entonces las calles, tugurios, boliches de campaña, solo o acompañado, en una lucha frontal y sin concesiones. Salía a cualquier hora de la noche y madrugada a pié o montado en su tordillo. Nunca logró erradicarlas, pero dejaron de ser  pasatiempos casi permitidos que se practicaban sin disimulos por doquier. Recordaba años después, haber  realizado dieciséis procedimientos con detención de muchos apostadores ilegales en zonas urbanas y rurales. Cuentan que incluso familiares directos estuvieron a punto de caer en sus redadas, que se prolongaron hasta el día mismo de su retiro.

Pan de Azúcar vio permanentemente a su comisario uniformado, salvo en oportunidad de alguna misión que requería discreción. Las únicas pausas de cierta distracción eran las partidas de ajedrez que compartía con el Juez López y el Ingeniero Peluffo, entre otros compañeros de un momento social. Un comisario que en once años de funciones al frente de la seccional 3ª no tomó licencia, era un azote permanente dentro de la comisaría y para los revoltosos e incorrectos de toda la comarca. Pero su trabajo fue aceptado y comprendido por quienes se movían en las coordenadas de las leyes y la buena vecindad. Su integración a la sociedad fue muy buena y actuó en diversas comisiones: Fue Presidente y Secretario del Comité Local delegado del Consejo del Niño; Secretario y Presidente de la Sociedad de Fomento Rural de Pan de Azúcar; integró la Comisión de ayuda al Hospital, comisiones de escuelas, Liceo, Escuela Industrial (de la que fue fundador), banda popular y otras. Una vez en retiro integró y presidió hasta que la salud se lo permitió la Comisión de Colaboración Policial.

Militante del Partido Colorado, Juan Angel Pereira fue Edil Departamental y durante su gestión (1955-1959), entre otras cosas, eligió nombres para el  Parque Zorrilla, el camino Julio María Sosa, la Av. Aparicio Saravia (actual tramo urbano de ruta 9). Coherente con su modo de vida, fue de los ediles con mejor asistencia al Plenario y miembro informante de la Comisión de Tierras, en la que trabajó responsablemente.

Pero sigo en la carrera policial de mi abuelo. Llegó  el día del retiro.  Once años como Comisario de Pan de Azúcar completaban un ciclo para la historia. Le sucedieron Del Puerto, y años después Ferreiro, el primer comisario que yo recuerdo. 

En diciembre de 1953  se realizó un acto de despedida,  que contó con un desfile frente a la comisaría. Recibió telegramas de Ministro del Interior entre otras autoridades policiales y personalidades relevantes del Gobierno y la política. La oratoria estuvo a cargo del Dr. Héctor Fontes y se le obsequió un álbum con la inscripción:  

 "Al Señor Juan Angel Pereira, funcionario ejemplar, celoso de su misión social, recto y comprensivo, guardián atento del orden y la moral pública; en la culminación de su carrera en el cargo de Comisario de Pan de Azúcar. Diciembre 13 de 1953."    

Lo vi desde mi niñez, atesorando un reloj de oro que le fue obsequiado aquel día. Lo usaba sólo en momentos muy especiales. En los últimos años de su vida, le daba cuerda, lo contemplaba  y lo retornaba a su caja. Sería para su nieto. Hoy, cuando una ocasión especial lo amerita, prendo el reloj en mi muñeca y siento que mi abuelo, mi Tata, está conmigo.

 

 

 

 

 

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Hay personas, digamos personajes de mi pueblo, que se ganaron un lugar en mi propia historia, en los recuerdos de mi infancia y adolescencia, en los afectos de siempre.

Uno de ellos fue Don Bruno. Compartí con él, mi padre y la barra de amigos infinidad de asados, noches de pesca y días de campo.

La vida de Don Bruno, su periplo por el mundo, su recalada en Uruguay y Pan de Azúcar, inspiró un trabajo de mi madre, Wilma Pereira de Vaccaro, cuya sola lectura me emociona intensamente. No es un cuento. Es una historia más que termina en mi ciudad.

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En alas de un nocturno

 

                      Recordando a Bruneslav Alexandrovich

                                               (Don Bruno)

 

Esa tarde se sentía particularmente deprimido. El otoño le provocaba cierta melancolía. Tal vez debía organizar un "asadito". Mañana hablaría con Alberto o Eduardo para que reunieran a la barra. Sin dudas, eso lo reanimaría.

No se había sentido muy bien últimamente. ¡Esa presión que a veces se disparaba!... Miró por la ventana. ¿Cuánto hacía que conocía la ciudad? Posiblemente cerca de cuarenta años, desde la época en que trabajaba en la Constructora de los Reolón. Cierto que después se había ido para Colonia y en Tarariras tuvo una empresa propia, pero un día no hubo allí más casas para construir.

Después tuvo aquella oportunidad de establecerse en Pan de Azúcar, con una filial de almacenes de renombre. ¡Habían sido días buenos aquellos, con la colaboración de la esposa laboriosa! Marchaba entonces con frecuencia a Colonia y regresaba con quesos bien escogidos y más solicitados. Sus hijas, las mellizas, ya habían crecido. Un día la cadena comercial desaparece y queda al frente de un negocio propio. La esposa debió trabajar más. Él, sin saber por qué, había llegado a una etapa de la vida en la que se le agolparon todas las frustraciones, las rebeldías y los fracasos.

Se sentía vacío, y con frecuencia trepaba a su camioneta y marchaba a compartir recuerdos con algún amigo, o asados como el que hoy deseaba.

... Hacía muchos años que había llegado a América. -¿Cuántos?- pensó. Llegó en 1948, Argentina había sido la entrada. Al terminar la guerra estaba en Roma, y los norteamericanos que ocupaban Italia lo habían hecho prisionero.

Su nacionalidad: polaco, más que a castigo los motivó a dolor. En realidad había sido apenas una víctima de aquel pandemónium que acababa al fin.

Le dieron dos opciones, repatriarse a su país arrasado y paupérrimo, o aceptar la visa de una de las pocas naciones dispuestas a acoger a ex soldados del ejército alemán. Eligió Argentina. Para entonces, ya se había casado. De allí, familiares de la esposa que vivían en Uruguay, lograron traerlos.

Todo eso lo recordaba ahora, aunque con cierta fatiga, pero antes... ¿Qué había pasado? ¿Cómo se había metido en esa guerra que ni siquiera había intuido?

Asomaban sus inquietos catorce años. ¡Cómo olvidarlo! Hasta entonces andaba libre por las calles de Grandenz, su ciudad. También integraba una pequeña banda musical y hasta vestía un lindo uniforme. La madre y la hermana tenían mucho en qué ocuparse para sobrevivir en un país frecuentemente deseado por los vecinos. Al padre lo había perdido cinco años atrás.

Polonia, rica en subsuelo y sitio estratégico era el punto de mira de ambiciones ajenas.

Por eso, aquel ensombrecido setiembre de 1939, cuando vio avanzar a un ejército altanero, precedido de una marcial y bellísima banda,  no tuvo miedo. ¿Enemigos? -nadie lo había advertido de ellos. Su ingenuidad niña no lo hizo desconfiar de su presencia. Quedaron allí un tiempo y él se acercaba a menudo a oír los ensayos de la banda. Los soldados no lo trataban  mal. Eran unos jóvenes apenas mayores que él. Alguna vez, lo invitaron a compartir su comida, pero lo más importante era que le permitían acercarse a observar aquellos bronces relucientes.

Se sentía fuerte, algo sabía ya de música, posiblemente pudiera sacar sonidos gratos si se lo permitieran.

No supo entonces que su patria en pocos días había quedado dividida en dos. Tras la entrada de aquellos soldados que tomaron la parte occidental, los rusos avanzaron por el Oriente.

Ni siquiera advirtió que la Banda no ejecutaba la Polonesa Heroica de Chopín, tal vez era de Wagner esa marcha. Igualmente era hermosa.

Así, cuando el Regimiento y su banda marcharon hacia nuevos destinos, un adolescente rubio y eslavo estaba entre los músicos.

Sus sonrosadas mejillas se inflaban mientras boca y pulmones buscaban armoniosos sonidos.

Ahora, hoy, no recuerda si les pidió que lo llevaran o ellos se lo ofrecieron. Pero al fin estaba en esa banda. Claro que aún gastaba sus catorce años. No pensó en la familia que dejaba o supuso que no llorarían su partida. Al fin, sería una boca menos que alimentar en aquella tierra con huelgas y tantos conflictos internos.

Chopín y sus rebeldías, se habían ido mucho antes que él naciera y el yugo posterior casi no se insinuaba todavía.

Pero los días pasaron veloces igual que atravesaban las fronteras. Su adolescencia iba quedando atrás, desgarrada junto a sus sueños.

Tarde comprendió que las guerras no requieren siempre de fanfarrias, se necesitan soldados y debió serlo, por una causa ajena y contraria a los intereses de su nación. El torbellino lo incluyó en las tropas aparentemente insensibles que avanzaban siempre. Alguna vez lloró. Nadie lo supo. Fueron más las veces que con su amargura apretó los puños y se tragó aquellos sollozos que pedían libertad.

Se hizo hombre cuando vio al primer muerto, cuando se acercó al herido. Su carácter no era agresivo; a pesar de ello, pasó por Africa conduciendo tanque pesado. Roma marcó el fin de su errático camino. Después fue América y Uruguay.

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Largos, largos años, tuvo clavada en el alma una dolorosa espina: ¡la Madre! Lejana e inaccesible. -Es verdad que había restablecido contacto con su familia; que mandaba naranjas coloridas más valoradas allá que lujosa joya.-

Hubiera deseado volver como partió, niño inocente y rubio y encontrarla dinámica y decidida.

El milagro, la posibilidad del regreso, se produjo cuando menos lo esperaba. Alguien lo vinculó a un carguero que partiría curiosamente cargado de naranjas con destino a Rotterdam.

Pero en medio de la esperanza, llega el dolor. Pierde a la compañera. Tardíamente comprende cuán necesaria era ella en su vida y en su hogar. Agobiado, piensa renunciar al viaje, pero las hijas lo animan y finalmente con un cargo ficticio de Inspector de Carga, aborda la nave. Realiza a veces trabajos de mozo de cubierta, intentando ser útil; eso le granjea simpatía entre la tripulación.

Ya en puerto, tomó un avión y descendió en su Polonia natal. ¡Cuántos años a cuestas llevaba su madre! Ya no lo esperaba; había perdido esperanzas y lo que es peor, expectativas.

La hermana no era tampoco la jovencita de sus recuerdos.

Fue cálido el encuentro, pero desde el principio marcado para ser breve.

Encontró allí sus raíces, pero las sintió ajenas.

Pocos años después, tuvo otra oportunidad y visitó nuevamente a la familia y a su tierra.

Un día, el correo le trajo la noticia. La madre se había marchado agobiada por las luchas de una vida de sacrificios y privaciones.

Rompe así definitivamente los lazos con su patria. - Al fin se rehace. Anda por las calles de la ciudad de adopción. Trabaja, hace compras, saluda amistosamente a los conocidos que cruza. Ahora las hijas son adultas e independientes.

... Piensa otra vez en el asado de camaradería. De pronto, aquellos múltiples recuerdos le pesan demasiado como su emoción. Una carga muy grande que lo abruma finalmente.

Necesita descansar y se va adormeciendo sin prisa.

Desde lejos, desde adentro, van naciendo los acordes de un Nocturno de Chopín.

                         Wilma Pereira de Vaccaro

                                           1999

 

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Fotos viejas

 

 

Han pasado muchos años, no sé cuántos. No tengo fechas ordenadas en la memoria, sino imágenes que van y vienen, fotos viejas que se aparecen de pronto nítidas y se esfuman, sufren cambios, se fusionan, y se resisten al olvido.

Las postales de mi recuerdo son reiterativas. En otros capítulos de esta entrega he mencionado muchas, aunque clasificados en otros rubros.

Los "mandados" de mi infancia, me llevaron a distintos comercios que ya no están, pero conservo estas visiones:

 

Agencia ONDA. Ricón y Leonardo Olivera, esquina Oeste. Más tarde en Lizarza pegado al Bar Avenida.

Almacén De Eguren, en la esquina Sur de Lizarza y Rincón, y en Lizarza pegado al Bar Avenida.

Almacén Toledo, de Don Bruno, en Rivera casi Rincón, acera NW.

Antonio Martínez en Rivera, entre Rincón e Ituzaingó, acera NW.

Asistencial Médica en Ituzaingó casi Rivera, acera SW, después en Ituzaingó pasando Rivera hacia el NW.

Bar Avenida. Lizarza e Ituzaingó, acera Oeste.

Bar de Robertito Blois. Agencia COOM Rivera entre Rincón e Ituzaingó, acera SE.

Bar El Chelo, Rincón y Lizarza, esquina W.

Bar La Cueva. Olivera y Lavalleja, esquina Sur.

Barraca Cuadrado. Quintela (ex Piedras) y Olivera, esquina Oeste.

Bazar Baliña. Rivera e Ituzaingó, esquina Este.

Bercan, de Bertolami y Cancela. Repuestos de bicicletas, heladeras, calefones. Calle Rincón entre  Lizarza y L. Olivera, acera SW.

Bicicletería de Melo, Lavalleja entre Lizarza y Rivera, acera NE.

Carnicería Barbachán. Rincón entre Lizarza y Rivera, acera NE.

Carnicería Campolo. Sarandí casi Rivera, acera de la esquina Norte.

Carnicería El Clota Artigas entre Lizarza y Olivera, frente a la Plaza.

Carnicería Martirena, Ituzaingó casi Rivera, acera SW.

Carpintería Montes de Oca. Quintela y E. Brun, esquina Sur.

Casa Díaz (de Hugo Díaz) Rincón casi Rivera, acera SW. Artículos de pesca, bicicletas.

Centro Comercial. Ituzaingó entre Lizarza y Olivera, acera SW.

Centro Eléctrico. Lizarza casi Ituzaingó, acera NW.

Confitería Perla. Ituzaingó y Olivera, esquina Norte.

Consultorio de la Dra. Norma Sierra. Ituzaingó entre Lizarza y Olivera, acera NE.

Consultorio del Dr. Andrés Accinelli, esquina Sur de Washington Quintela (ex Piedras) y Lizarza.

Consultorio del Dr. Eduardo Becco (odontólogo). Lizarza entre Rincón e Ituzaingó, acera SE.-

Correo. Rincón casi Rivera, acera NE.

Empresa Fúnebre Pan de Azúcar, de Villalba Echenique. Lizarza entre Rincón e Ituzaingó, acera NW.

Escribanía de Pí, Artigas entre Lizarza y Rivera, acera SW.

Escribanía de Romero, en Lizarza casi Artigas, acera NW.

Escuela Maternal en Ituzaingó entre Olivera y Lizarza, acera SW.

Fábrica de Pastas de González. Rincón casi Lizarza, acera de la esquina Norte.

Farmacia Menafra. Lizarza entre Rincón e Ituzaingó, acera SE.

Futbolitos de Zacarías. Leonardo Olivera e Ituzaingó, acera SE.

Gomería Alonso. Olivera y Rincón, esquina Sur, y más tarde en Rincón entre Olivera y Lizarza, acera SW.

Gomería Pemar. Ituzaingó casi Lizarza, acera de la esquina Este.

Griman. Lizarza casi Ituzaingó, acera NW.

Jeanería en Rincón casi Lizarza, acera NE.

Joyería Gamma. Estuvo en Rincón entre Lizarza y Rivera. Tuvo sucursal de electrodomésticos en Rincón entre Lizarza y Olivera, acera NE.

Joyería Velázquez. Rincón casi Rivera, acera NE.

Joyería y relojería González. Ituzaingó entre Lizarza y Olivera, Acera SW.

Juzgado en E. Brun casi Lavalleja, acera de la esquina Norte.

La Casa de los Regalos de Omar Sosa. Lizarza a metros de Ituzaingó, acera SE.

La Casera. Supermercado y venta de motos. Rincón casi Lizarza, acera de la esquina Este.

Liceo en Ituzaingó entre Lizarza y Rivera, acera NE.

Mansilla y Morris. Automotora, agente FIAT.  Esquina Sur de Rincón y Lizarza.

Minimercado de Molina, casi frente al Bar Avenida, por Lizarza. "Tenemos desde un fósforo hasta un elefante".

Mueblería Montes de Oca. Lizarza e Ituzaingó, esquina Sur.

Oficina de Teléfonos (UTE, después ANTEL) Lizarza entre Artigas e Ituzaingó, acera NW.

Panadería La Balear. Rivera entre Rincón e Ituzaingó, acera NW.

Papelería Amengual. Lizarza entre Ituzaingó y Rincón, acera NW.

Panadería Bonet, después Sentena, más tarde 5 de Marzo, en Lavalleja y Francisco Bonilla, esquina Este.

Parador Velázquez. Esquina Este de Quintela y Rivera.

Parodi tenía su comercio en la esquina Norte de Lizarza y Lavalleja. Sólo recuerdo bollones grandes con bolitas.

Parrillada El Rosal. Ituzaingó entre Lizarza y Olivera, acera SW.

Peluquería El Portugués. Dos sillas giratorias reclinables, una cubierta. Bicicletas, cuadros, copas de su hermano ciclista. Lizarza entre Rincón e Ituzaingó, acera SE.

Peluquería Lara. En el Bar de Freire, Rivera casi Ituzaingó, esquina N.

Puesto de verduras de Costa, en Lizarza entre Artigas e Ituzaingó.

Quiosco de Cedrés, en la esquina Norte de la Plaza.

Quiosco de Sureda en la esquina Oeste de la Plaza. Claveles, cartuchos, revistas, caramelos. Me encargaban las revistas Nocturno y Selecciones.

Salón Moyano. Mesas tapadas de revistas, una libreta de quinielas, algunos diarios. Ituzaingó a metros de Lizarza, acera NE. Más tarde Salón y Corresponsalía de CW 51 en Rivera casi Félix Núñez, acera NW.

Solvox Radio. Lizarza entre Ituzaingó y Artigas, acera SE.

 

Supermercado Tuvi, Lizarza entre Ituzaingó y Artigas, acera NW.

Telégrafo en Olivera casi Rincón, acera NW.

Tienda Alberto. Lizarza entre Artigas e Ituzaingó, acera NW.

Tienda Leoncio. Artigas y Olivera, esquina E.

Tienda Quintela. Rincón y Lizarza, esquina Este.

Tienda Tuvi. Esquina E de Ituzaingó y Lizarza.

Venta de piedra, Juan Vaccaro. Rivera casi Rincón, acera NW.

Verdulería De León en Artigas y Rivera, acera Este.

Verdulería La Valenciana en Rincón casi Rivera, acera NE.

Vidriería El Bayano, Artigas frente a la Plaza.

Zapatería Clavero. Lizarza casi Lavalleja, acera de la esquina Norte.

Zapatería de Rocha, en Rincón entre Olivera y Lizarza, acera SW.

Zapatería El Sol en Ituzaingó y Rivera, esquina Sur.

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Seguramente Ud. recuerda más comercios y otras cosas que tuvo Pan de Azúcar, y ya no tiene. Esta lista surgió en un ejercicio rápido y libre de memoria, que dejó expuestos algunos de los cambios que la Ciudad ha sufrido en no mucho tiempo.

 

 

 

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A los fundadores...

 

En el año 1999 Pan de Azúcar celebró su 125° aniversario. Los actos fueron muchos, desde un gran desfile hasta un festival folclórico que alcanzó un elevadísimo nivel. La fiesta tomó a Pan de Azúcar en una efervescencia cultural con picos altos en "La Vieja Bodega", la Comisión de Cultura, la Casa de la Cultura Alvaro Figueredo (y su museo), escritores, cantantes, y a plena calle el ebullente color de los murales que forman parte del proyecto "Pan de Azúcar Ciudad Cultural".

Entre tantos actos, se realizó el de inauguración de lo que denominamos entonces "Plazoleta de los Fundadores". Se "enderezó" la esquina torcida de las calles Artigas y Francisco Bonilla, y se descubrió una escultura, brazos al cielo, de Richard Liencres.

El Prof. Ricardo Leonel Figueredo, principal orador del acto, dijo:

"Este es el segundo homenaje que se hace a los fundadores de Pan de Azúcar, porque cuando el Centenario se creó una plaza (que desapareció después) que se llamaba "Plaza de los Fundadores" y estaba en la explanada de la Shell. Ojalá no pase lo mismo con ésta, y creo que no."

"Me voy a referir  brevemente a varios aspectos... Yo me crié acá. Recuerdo, en la época de mi niñez, que varias veces en la época de primavera, mi abuelo me hacía escuchar el ruido del mar.  Yo lo comenté en el liceo, y una alumna lo registró también en el barrio Las Brisas. Eso es una prueba del silencio enorme que tenía Pan de Azúcar en aquewlla época, y que se nos ha ido. Los decibeles son muy altos ahora."

"Con relación a la Fundación,  es necesario aclarar que no existe una fecha determinada, por la sencillísima razón de que todas las casas no se hicieron al mismo tiempo. Se hicieron el mismo año, a pesar de que esta esquina no se hizo en el 74 sino en el 78. La que se hizo en el 74 es lo que corresponde al fondo del museo. Con relación a la población que había en aquella época, yo me imagino esto una cuchilla pelada, les puedo informar que la población del 'Partido de Pan de Azúcar' -como se llamaba en aquella época- estaba hacia El Renegado; el Renegado era mucho más poblado que esto, e incluso, no es difícil que haya existido alguna idea de fundar Pan de Azúcar en El Renegado, y que no lo fundaron porque es más húmedo. Este lugar es mejor. Pero allá, en El Renegado, donde estuvo el primer propietario  de estas tierras después de los indios, porque acá cerquita hay dos paraderos, uno está en el Renegado y otro está al final de esta calle (quiere decir que este lugar perteneció a los indios) pero después le perteneció a Sebastián Rodríguez, que se afincó a la orilla del Renegado. Pero después, vinieron los De León, vino un Bartolo de León cuyo nombre persiste porque la familia  lo mantiene en las nuevas generaciones."

"Estaban  los de la Ascención, los Rodríguez (descendientes de Sebastián Rodríguez) estaban los Fontes allí nomás, estaban los Rappa, y todos ellos fueron habitantes anteriores a los fundadores. Los fundadores vinieron de San Carlos casi todos. Pero si bien se consideran siete, y hay un periódico de Maldonado del ochenta y pico, donde se incluye a Juan Rappa, el de allá arriba, no se tomó en cuenta a quienes acompañaron a estos fundadores. No se tomó en cuenta a las familias, a las mujeres, (en otros lados lo han hecho) no se tomó en cuenta a los peones... no se tomó en cuenta a algún negro que ya vino. Entonces se hizo una selección de las siete personas prominentes que las tuvo en ese momento Elías Devizenzi en el 78... cuatro años después de la fundación de Pan de Azúcar. Para todos esos anónimos, esos pobladores anónimos, y de todos los pobladores anónimos que han existido estos 125 años, este es el principal homenaje. Esta plazoleta los recordará y nosotros, y los niños, se nutrirán de un recuerdo que hasta este momento había pasado desapercibido."

"Muchas gracias."

 

En el mismo acto, el Esc. Julio Báez, entonces Presidente de la Comisión de Cultura de la Ciudad, dijo:

"...Hoy es un motivo de felicidad para nuestra ciudad, porque en esta plazoleta estamos haciendo dos cosas simultánemante: por un lado, estamos homenajeando a los fundadores de Pan de Azúcar, a los fundadores anónimos, y con una placa que se va a descubrir, se homenajea a quien es el principal fundador de la ciudad de Pan de Azúcar, Don Joaquín C. Márquez, que fue quien compró las tierras donde hoy está situada la ciudad, y le dio los poderes a Don Félix de Lizarza para amanzanar y fraccionar, todo con la expresa intención de fundar un pueblo, como está documentado en forma fehaciente y sin ningún tipo de dudas.

El otro motivo de felicidad es que comienza, con la escultura de Richard Liencres que descubriremos, la segunda etapa del proyecto Pan de Azúcar Ciudad Cultural... un parque de esculturas, que será motivo de atracción turística y enriquecimiento cultural para nuestra ciudad...."

"...también quiero destacar que estos adoquines de la Plazoleta tienen valor histórico, ya que fueron traídos de la Rambla de Piriápolis, construida por Francisco Piria. Esta Plazoleta es una unión de Piriápolis y Pan de Azúcar, y de sus fundadores, Piria y Márquez..."

Richard Liencres, artista plástico autor de la escultura de la Plazoleta de los Fundadores, explicó el simbolismo de la obra:

"...Son dos brazos de acero, que están sosteniendo un péndulo. Los brazos de acero son los brazos de los fundadores de Pan de Azúcar. No es fácil detener el tiempo, y en este caso, ellos, con ese gesto fundador, lo han hecho... Es lo que significa para nosotros vivir en una ciudad que es donde nacemos, donde formamos nuestra familia, donde nos educamos, y muchas cosas más que significa una ciudad. Ellos, con ese gesto han logrado eso, detener el tiempo y pasar a la inmortalidad."

"...Otra cosa que pretende simbolizar esta escultura, es el gesto que hoy usan los políticos al levantar las manos, a convocar.  Esta escultura quiere tomar ese gesto de convocar, De invitar a construir. Tenemos la responsabilidad de imitar el gesto de los fundadores de construir para el futuro, para las generaciones que vienen, dejar cosas hechas."

 

 

 

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La Bodega de Blois

 

En la segunda mitad del siglo XVI vivió Ticho Brahe. Descendiente de nobles daneses y hombres de estado, se suponía que debía seguir el mismo camino. Ticho amaba la astronomía y logró vencer la oposición familiar hasta transformarse en uno de los mejores observadores del cielo que recuerda la historia, pese al escaso instrumental con que contaba.

Jecmaan Blois nació para ser artista plástico, pero su ruta estaba marcada en otra dirección. La historia se desarrolla cuatro siglos después de Brahe, pero tiene grandes coincidencias. El joven Blois sentía inclinación por el dibujo y la escultura, pero sus mayores aspiraban a que continuara la tradición familiar al frente del almacén Juan Blois, el más importante de la zona desde los últimos años del siglo XIX. El arte no era considerado un oficio digno para la familia de  prósperos comerciantes.

Jecmaan era, sin remedio y por dotes innatas, artista. Lo fue a escondidas cuando sus padres se lo prohibieron y  rompieron los caballetes y las cajas de pintura que le encontraron. Logró asistir a la Escuela de Bellas Artes y obtuvo una beca a los catorce años para concurrir a Europa... Pero lamentablemente, le impidieron aceptarla. Fue becado dos veces. Comerciante por decreto, Blois es recordado en la caja del almacén, cumpliendo el trabajo como un verdadero vocacional. Pero quién podría evitar que en alguna pausa, aprovechando papeles de fideos o de yerba, dibujara a lápiz o con óleo pastel imágenes de personajes del pueblo. Casi fotográficos, los retratos tenían  exagerada perfección. Jecmaan poseía, Además, excelente voz para el canto, y algunas veces integró como aficionado una orquesta de tango.

La familia Blois tenía viñas en el terreno donde décadas más tarde se construyó COLEOL (Cooperativa de Viviendas Leonardo Olivera). Pan de Azúcar tenía entre diez y doce viñas, aprovechando las óptimas condiciones del suelo. Allí cerca estaba la bodega de Blois, operada en una época por Agostino Falvo ("Agustín", padre de José y Emilio).

Pasó el tiempo. La vieja viña fue vendida a COLEOL y Jecmaan y su esposa Marita donaron su parte, alegres de colaborar con un grupo de entusiastas vecinos, y a través de ellos, con el progreso de la Ciudad.

En 1982 Blois ya no estaba, pero Marita, sensible siempre a las manifestaciones artísticas de todo tipo, se reunió con Ricardo Leonel Figueredo y Miguel Angel Bonilla ("Piringo") y concibieron la idea de un taller de artes plásticas que se armaría en aquel galpón de la bodega. ¡Qué mejor homenaje! Jecmaan sonreiría feliz desde su morada eterna. El equipo estaba integrado también por Rufino Martínez, Juan Carlos Aquino y Ricardo Torres.

Casi un año de esfuerzo permitió refaccionar pisos, armar bancos, hacer la estufa. El local era el ambiente ideal para nuclear a quienes amaban la pintura, pero la practicaban sin escuela. Había que elegir un maestro. Así se sumó el Prof. Pedro Gava, sucedido años después por el Prof. Eduardo Marcos.

"La Vieja Bodega" era entonces una realidad, motivo legítimo de orgullo para sus integrantes y para la ciudad toda.

Además de realizar exposiciones individuales y colectivas en su salón y en varios puntos del Uruguay y del exterior, la Vieja Bodega (que reunía ya a muchas personas más) incursionó desde los primeros tiempos en otras áreas. Así creó y organizó La Noche de la Poesía y La Noche de los Cuentos, y se convirtió ocasionalmente en sala de teatro para presentar su propio elenco en aplaudidas actuaciones. Entre aquellas añosas paredes he disfrutado del arte y otras demostraciones de la cultura de mi pueblo.

Una pequeña ventana sobre la salida a ruta 60, permite disfrutar de un excelente paisaje con el fondo del Cerro de las Animas. Cuentan que Marita se negó en más de una oportunidad a vender el terreno de enfrente, para que un edificio no obstruyera la mirada al horizonte azul piedra.

La Vieja Bodega es por otra parte, por Jecmaan por Marita de Blois, por Bonilla, Figueredo y tantos más, un símbolo del esfuerzo, de la  perseverancia, de la irrenunciable voluntad de transitar, pese a quien pese, la senda marcada a fuego en el alma.

 

 

 

 

 

 

 

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El Ferrocarril

 

 

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Dicen que pronto llegará el tren. Nuestro país cuenta con ferrocarril desde 1868 aunque la primera línea funciona desde enero de 1869. En 1884 el parlamento aprobó la Ley de Trazado General de Ferrocarriles y estableció seis líneas, una de las cuales (Ferrocarril Uruguayo del Este) iba de Montevideo a la Laguna Merim por Pando, Maldonado, San Carlos y Rocha. Eso incluiría una parada en Pan de Azúcar, pero hasta ahora, sólo llega a La Sierra.

El ferrocarril es un gran adelanto, y nuestro pequeño pueblo, que tiene sólo treinta y seis años de existencia, lo necesita. Todavía se recuerdan aquellas aventuras en diligencia... Un viaje a Montevideo llevaba más de dos días si el tiempo era bueno y los arroyos no estaban demasiado crecidos. En días de temporal las demoras eran de varios días, y cruzar los cauces de agua era sinónimo de arriesgar la vida. El carruaje llevaba normalmente unos dieciséis pasajeros, aunque algunas veces cargaba hasta dieciocho. Ello generó en su momento quejas por el "abuso" de los empleados, que exponían así a tantas personas a la falta de seguridad e incomodidades imaginables. El Camino Real (ruta a Montevideo) era tan ancho como una cuadra. Las carretas y diligencias hacían surcos profundos en el barro y el mayoral conducía por otro trillo, en mejores condiciones. Al llegar desde Montevideo, cruzar el arroyo Pan de Azúcar tenía precio. Cuando el nivel del agua era de cierta altura, los pasajeros pasaban en botes y pagaban un peaje. Ese servicio se entregaba por concesión,  el último licitante fue Schiavone (abuelo de Ruben) y el último botero Belarmino Martínez (el "indio Belarmino").

El seis de mayo de 1881, cuando cumplía aquí  una de sus misiones por la campaña, falleció en Pan de Azúcar Monseñor Jacinto Vera (primer Obispo de Montevideo). El cuerpo embalsamado fue trasladado a Montevideo en la diligencia de Patrocinio Fernández. Quiso el destino que 17 meses más tarde, el 20 de octubre de 1882, en el Paso de Bentos, a dos leguas y media de San Carlos, la diligencia fuera arrastrada por las aguas y murieran el Mayoral Patrocinio Fernández y cuatro pasajeros.

En 1877 el ferrocarril llegó a Pando y en 1895 a La Sierra. Desde entonces, las diligencias unen Maldonado con la Estación La Sierra en ocho o nueve horas. El servicio lo cumplen las unidades de "La Comercial del Este" de Estanislao Tassano ("La Diligencia de Estanislao"). La diligencia rueda sobre arenales con bastante dificultad, especialmente en días de viento. Se tapan los ojos a los caballos y los pasajeros se envuelven en pañuelos.

Desde Rocha llega aún la diligencia con el mayoral Jacinto Gómez, un negro nacido en Pan de Azúcar, hijo de la partera Carlota Gómez. Jacinto ha venido arreglando los pasos en cañadas y arroyos colocando piedras que transporta en su vehículo. Otra diligencia tiene como mayoral a Leonidas Pereira y como cuarteador a Zabaleta. Entre San Carlos y Pan de Azúcar, existe una parada de descanso en el Abra de Perdomo. Las "agencias"en el Pueblo están en la casa de Francisco Bonilla y frente a la esquina Oeste de  la Plaza. Allí suele presentarse Tío Narciso, que hace bailar un trompo para entretener a los pasajeros en espera.

Pero pronto pasará por el pueblo el tren que traerá progreso. Piedras y mármoles de la zona, podrán abandonar un tramo de vía angosta que va desde Nueva Carrara a La Sierra por el Abra de Castellanos y ser cargados directamente en Pan de Azúcar. Las gestiones realizadas por el Diputado por Maldonado Julio María Sosa y por la Comisión Pro-Ferrocarril presidida por el Dr.  Román Bergalli  tuvieron éxito y se anunció que el tramo de vías será ampliado hasta San Carlos y Maldonado, lo que asegura el pasaje por Pan de Azúcar. 

Dicen que Don Francisco Piria ya está pensando en aprovechar el pasaje del tren por nuestro pueblo, para tender una vía de trocha angosta hasta Piriápolis, como conexión por tierra  de Montevideo al balneario. Los pasajeros tendrán que hacer transbordo en Pan de Azúcar.

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 Por fin llegó la fecha de la inauguración de la línea ferroviaria a Maldonado. Es el 27 de julio de 1910. Pero no todo es alegría en este pueblo: el tren pasaría sin detenerse. Un habitante indignado, de apellido Bonilla, se paró sobre la vía y obligó al maquinista a detener la marcha. Más tarde, instalarán la Estación de Pan de Azúcar.

El pueblo se extenderá en esa dirección, y durante décadas el movimiento de pasajeros y el paso de locomotoras y vagones será un centro de atracción  y  paseo obligado.

Piria llevó adelante su idea y la pequeña locomotora arrastra sus vagones abiertos desde la Estación de Pan de Azúcar a la del Puerto de Piriápolis, ubicada donde en el futuro estará  la Sub Prefectura. El fundador de Piriápolis compró dos locomotoras a la Compañía inglesa, con los accesorios correspondientes: vagones de carga, de pasajeros, abiertos y cerrados, todo para vías de trocha angosta. El característico medio de transporte cruza por un terraplén al Oeste del Pueblo hasta la ruta 9, pasa sobre el puente del arroyo Pan de Azúcar, se tuerce a la izquierda por un sendero, esquiva las pronunciadas pendientes, cruza la ruta, se acerca al cerro, un desvío permite llegar a 143 metros sobre el nivel del mar, por un pasadizo tallado en la roca; pasa cerca del Castillo, ingresa por la Selva Negra a la avenida Piria hasta su terminal. En el trayecto total existen varias paradas para ascenso y descenso de pasajeros. Completa el paseo un recorrido por la Rambla de los Argentinos desde la Estación hasta la Avenida Artigas. Los automóviles estacionan en diagonal entre la vereda y la vía, pero deben tener cuidado de alejarse del paso del tren: es frecuente que los vagones "enganchen" paragolpes y los arranque.

Piriápolis es ya un balneario muy conocido internacionalmente y por más que aparezcan nuevos y modernos vehículos para el transporte de pasajeros, nada igualará a este trencito... aunque el futuro le tenga reservado un polémico final.

El tren pasa por Pan de Azúcar. La locomotora a vapor es un verdadero espectáculo: la bocina que anuncia su próxima llegada, el clásico ruido de las ruedas en los separadores, los soplidos de su caldera, la campana de la estación autorizando la partida y el silbato del guarda. Largos trenes de carga o de pasajeros irrumpen en el silencio de la noche y se constituyen en una simpática referencia de las horas. La Estación, prolijo edificio de madera, se llena de bolsos y cajones y es durante largos minutos, escenario de charlas ocasionales. Mientras tanto, funcionarios trasladan bultos a un galpón, ponen otros sobre la balanza, van y vienen, en una actividad que llena el lapso entre dos trenes.

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Pasó el tiempo.

Por lo menos hasta 1920 existió un servicio de coches de caballos (semejantes a las diligencias, pero más pequeños).Eran una especie de taxis que transportaban a los viajeros a y desde la Estación, pero que además realizaban un trayecto a San Carlos y Maldonado. Algunos de los prestadores del servicio fueron Miguel González, Emiliano Villalba, Justo Nocetti, y un tal González que hacía una especie de "tour" turístico. Seguramente algunos coches de caballos iban también a Minas. Una novedad se  incorporó poco más tarde: el automóvil. Manuel Gorlero tenía uno capaz de  hacer en 3 horas el recorrido Maldonado - La Sierra; un tercio del tiempo que empleaba el coche tirado por caballos. En esa época se instaló la competencia de los coches sin caballos, autos Ford T que actuaban como taxímetros, algunos de cuyos dueños fueron Justo Nocetti, Gorito Martínez, Santos Rojas, Antonio Fontes, José I. Fontes, Romeo Villalba y Larrosa. También aparecieron los ómnibus, pequeños y de baja altura. Viajaban tan lento que eventualmente remolcaban sulkis con destino a la Talabartería Díaz, (propiedad del padre de Alfio) que los vendía. Uno de los primeros ómnibus perteneció a Lucio García, de Piriápolis.

En 1920 se comenzó la construcción del Hotel Argentino, inaugurado el 24 de diciembre de 1930. En 1933, por iniciativa de Juan Zorrilla de San Martín y el Padre Engels Walters, comenzó a construirse la cruz del cerro Pan de Azúcar. La obra fue dirigida por los arquitectos Albérico Izzola (nieto de Piria) y De Armas. Los materiales, que podían llegar por tren hasta la base del cerro, eran trasladados a la cima con cinco mulas. Vencidas las dificultades que imponían el relieve y el casi siempre fuerte viento, la cruz de cemento armado, de 35 metros de altura, fue bendecida el 27 de noviembre de 1938. Francisco Piria jamás la vio construida, pues falleció el 10 de diciembre de 1933.

El trencito siguió uniendo Pan de Azúcar con Piriápolis hasta 1962. Vecinos levantaron firmas y las llevaron al Presidente de AFE, pero los argumentos eran claros y terminantes: la línea, que desde 1945 estaba en manos del Estado, no era rentable. Además, su zigzagueo con tres pasos a nivel sobre ruta 37 estaba convirtiéndose en un verdadero peligro para el creciente tránsito. Cuentan que por las noches, los conductores veían una luz como si una moto se desplazase en sentido contrario, pero abruptamente se atravesaba en la carretera la locomotora  con tres vagones. Se sumaba a esto la incomodidad que estaba significando su desplazamiento por la Rambla y la Avenida Piria. Hoy tendríamos que agregar un gran puente para cruzar la ruta 93, de veloz tránsito entre Montevideo y Punta del Este. Es necesario destacar también, que líneas de ómnibus habían ya ocupado desde años atrás el vacío probable. Pero el "Trencito de Piria" era mucho más que un ferrocarril de línea. Era un símbolo de la zona. La gran mayoría de los lugareños y asiduos visitantes le tenían cariño, y estaban dispuestos a agotar todos los recursos para evitar su retiro. Tanto fue así, que cierto día, enterados de la intención de hacer correr el convoy en un último viaje, los vecinos colocaron autos y camiones sobre los rieles. Pero la medida había sido adoptada, y nadie podría haber permanecido indefinidamente en esa actitud de protesta.

Como ocurre frecuentemente, no se estudió una solución intermedia. Unos treinta años después una locomotora y un vagón parecidos a los originales fueron puestos en la Rambla como un emblema de aquel pasado. Muchas voces volvieron a reclamar el trencito, pero ya no con su viejo trazado, sino uno de interés turístico que no perturbara rutas ni avenidas, quizás desde el Castillo de Piria hasta algún lugar del balneario. De todos modos, el Museo del Ferrocarril que con tanto esfuerzo levantaron y mantienen José Luis Chifflet y Noel Martínez, interpone obstáculos al olvido.

Regresemos a la historia principal: el ferrocarril y Pan de Azúcar. Muchas generaciones viajaron por tren a hacia el Este y hacia el Oeste. Un granero permitió grandes ventajas a los productores agrícolas. Iban y venían cargas de todo tipo, incluido ganado vacuno. El ómnibus de línea Pan de Azúcar - Piriápolis llegaba a la Estación a traer y esperar pasajeros. Yo fui uno más entre tantos usuarios de AFE. Pero se terminó.

El servicio se había deteriorado demasiado. Algunas veces las demoras extraordinarias eran de varias horas. El transporte carretero estaba en auge y pesaban intereses privados. El Directorio de la empresa estatal había comprado mal y las máquinas se rompían a menudo. El estado de las vías era cada vez peor.   Mantener el servicio en esas condiciones era una pérdida millonaria. Sería muy extenso estudiar las causas por las cuales el ferrocarril para pasajeros  no es rentable en Uruguay cuando sí lo es en gran parte del Mundo.  No lo fue al comienzo (1869) y tras varios balances a pérdida, el Ferrocarril Central (de la Compañía del Ferrocarril Central del Uruguay S.A.) pasó a manos de la compañía británica "Central Uruguay Railway Company Limited" en 1878. Fue nacionalizado por ley aprobada en el Parlamento el 31 de diciembre de 1948 como forma de cobrar deudas que el Reino Unido mantenía con Uruguay tras la Segunda Guerra Mundial. La expansión ferroviaria se hizo mal. El Proyecto  aprobado por el Parlamento en 1884 bajo el título "Ley de Trazado General de Ferrocarriles" establecía una garantía de utilidad del siete por ciento sobre una estimación de cinco mil libras por kilómetro. Eso llevó a que no importara la calidad de la obra sino abaratarla, además las ganancias aumentaban con el kilometraje. Conclusión: el excesivo número de curvas, ausencia de túneles y mínimo de  puentes significó mayor lentitud de los trenes, menor aprovechamiento de la fuerza motriz de las locomotoras, con mayor consumo de combustible y desgaste de materiales. La mala administración hizo el resto.

La línea a Punta del este se clausuró el 28 de noviembre de 1982 El servicio de pasajeros en todo el país se levantó por resolución del 30 de diciembre de 1987. A las 11 horas 41 minutos del sábado 2 de enero de 1988 el último tren de pasajeros, el ferrobús 157 con un acoplado, cumpliendo el servicio 5424 proveniente de Pan de Azúcar, llegaba a la Estación Central.

Trenes de carga siguen pasando sin horario ni frecuencia fija. Las barreras no funcionan. Algunas casillas de los guardabarreras y otras fueron desmanteladas por depredadores humanos La Estación de Pan de Azúcar se cerró el 21 de julio de 1992. Es cierto que las condiciones actuales son diferentes a las de 1910, hay alternativas de transporte, pero aquellas reuniones de pasajeros y curiosos, la nocturna bocina del tren, los silbatos y las campanas, han dejado en nosotros un vacío muy profundo.

 

 

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ALVARO FIGUEREDO,

POETA DE MI PUEBLO

                    

                    (Escrito para Revista Letras N°4)

 

Yo no lo conocí... No estuve nunca frente a él para decirle cuánto le conozco en mi poesía.

Alvaro fue un maestro que venció al olvido. Me han hablado de sus clases, de sus encierros inspirados.

Alvaro, el hombre al que amó Amalia hasta el último latido. El poeta que dejó el mundo un miércoles de enero para transformarse en mensaje que trasciende los límites del tiempo.

Alvaro... un verso que juega irrespetuoso entre la realidad y la quimera, entre la metáfora y la palabra fría.

Una rima que danza semidesnuda tras un velo blanco. Una ilusión a punto de locura y una falsa liviandad en la sonrisa, para disimular una nostalgia entre líneas de la vida.

Alvaro... Una palabra que no es palabra, sino corcel galopando en las colinas del sentimiento. Un teatro que transcurre a telón cerrado. La confusión provocada en la percepción del tiempo... que va, viene, se detiene y sigue inexorable en un mismo trazo de su aguda pluma.

Alvaro y su facultad de transgredir fronteras; asomar y ocultarse e inventar un mundo de poesía para vivir en él, eternamente.

En ese mundo lo he visto contemplando el mar en éxtasis azul... Lo he visto cabalgando en la llanura e intemporal, tratando de encontrarse en su cuerpo o en la imagen de un espejo.

Yo no conocí a aquel hombre pretérito como tantos, salvo los recuerdos que Amalia me contó o el retrato hablado que escuché a mi madre, su alumna.

Pero sé quién es Alvaro Poeta... dice cosas aún que se desprenden del árbol de palabras con la misma libertad que las hojas de otoño.

 

 

 

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FRASES...

 

 

En setiembre de 1999, Pan de Azúcar festejó su 125° aniversario. Me tocó estar en el stand de Emisora RBC, y desde allí se emitió un programa especial de "Pan de Azúcar en Sintonía". Muchas personas me contaron sus recuerdos de Pan de Azúcar. Son sólo frases, ejercicio de memoria, pequeñas historias, piezas sueltas de un gran rompecabezas.

 

-Prof. Ricardo Leonel Figueredo-

¿Por qué "Chino"? porque a una de mis abuelas le decían "La China", entonces a mí me pusieron  "El Chino" De a ratos me llamaban "El Indio" y cuando comencé a jugar al fútbol me decían "Calandria" por lo pícaro.

Lo más lindo que había del Pan de Azúcar de ayer eran los silencios. Se oía el ruido del mar en primavera, y el despunte de los yunques de las herrerías marcaban las horas y marcaban la labor del pueblo. Lo más triste para mí eran los toques de doliente cuando moría alguien y los toques de oración, que se hacían al atardecer.

Yo conocí cuatro indios: al Indio Miguel, a Juan Enrique (que era alto, posiblemente de otra etnia), al Indio Romero (que era bajito) y a otro que le decían "el Chingolo).

Los personajes populares eran muy numerosos porque el pueblo era muy chico, posiblemente tuviera mil doscientos habitantes. A los diez años yo me lo conocía todo, hasta las "casas malas". Era repartidor de un periódico que editaba mi padre y cuando pasaba por ahí miraba de reojo porque siempre estaban las puertas abiertas. Recuerdo que el último ejemplar lo entregaba allá cerca de la Av. Aparicio Saravia,  a Ermauro Sierra, que además fue el dueño  del campo donde hoy está el parque Zorrilla. Además el nombre al parque Zorrilla se lo puso tu abuelo (el Crio. Juan Angel Pereira). En 1963 aproximadamente hubo una comisión muy grande departamental de nomenclatura, porque por ejemplo en Maldonado llamaban a un médico y no había cómo explicarle la dirección. A mí me nombraron delegado de esa comisión y casi todos los nombres los puse yo, pensando en que más adelante se podía cambiar alguno (a pesar de que yo no soy partidario del cambio de nombres). Fue tu abuelo quien me dijo que le pusiera ese nombre al parque.

Yo me acuerdo del primer entierro que vi, que fue un vecino de la Barra (Cancedo) Lo enterraron en tierra, el pozo tenía como un metro y medio, y después de haber depositado el cajón, los dolientes tomaban terrones, los besaban  y se los tiraban encima. En esa época, la entrada al cementerio estaba por la calle Cerro, que ahora se llama Rivera. Antes había estado por la calle Maldonado, que ahora se llama Francisco Bonilla, y que se llamó primero Libertad. Recién alrededor de 1930 se abrió la entrada donde está actualmente. Además, en el cementerio, en la parte de adelante, algún día encontrarán momias, porque en la época de viruela se hacían fosas de tres metros de profundidad, se echaba el cadáver y se le arrojaba cal viva arriba.

 

Sergio del Puerto:

Recuerdo las peñas, las "bolicheadas", treinta años atrás. Salíamos un sábado con la guitarra bajo el brazo, y en cualquier bar, en cualquier boliche, entrábamos y ya quedábamos cantando y se armaba una rueda. Llegábamos uno o dos y cuando queríamos acordar éramos siete u ocho. Entre ellos estaban Julio Caballero, el "Corrompo", Leonardo Larrea, Carlitos Martínez, Milton Rodríguez, el "Chiquito" Caballero... De repente cantábamos toda la noche y pasábamos precioso...

Me acuerdo de alguien que para todo Pan de Azúcar, especialmente para la gente carnavalera, fue muy importante: Angelito Botaro, gran payador, gran cantor. Nunca lo voy a olvidar, porque la  primera vez que canté un candombe, me acompañaron él y Julio Caballero. Recuerdo a Jorge, gente de los carnavales, a quienes sólo había que pegarles el grito y estaban allí.

 

Wilson Pimienta:

Yo venía a Pan de Azúcar siendo prácticamente un niño. Mi madre nos mandaba al catecismo (ella nos inculcaba un profundo sentido de humanidad) y veníamos por la ruta 9 vieja, que más parecía un camino de hormigas que una ruta. Veníamos caminando en verano con unos soles  tremendos, implacables, el asfalto estaba derretido, y nosotros reforzábamos con alquitrán las suelas de los zapatos. Las consecuencias las pagaba el sacerdote con su equipo de limpieza, que tenían que utilizar  queroseno.

Otra. Cuando era niño venía a caballo desde la campaña. El compromiso irrenunciable era tener que pelear. El paisanito de afuera tenía que pelear, y  yo lo hice con muchos. Una vez hice replegar a tres enemigos... uno de ellos, Nilo Píccolo, que ya falleció y lo recuerdo con cariño porque después fuimos compañeros de liceo y amigos personales. Me provocaron. Yo llevaba ropa para lavar a Doña Flora, una vieja vecina de la periferia del abasto. Saqué un "portayilé" de hojalata y los replegué. Pero siguieron atacándome en sucesivas oportunidades hasta que un día mi hermano Juan me tuvo que defender.

 

Esc. Julio Báez:

Me acuerdo cuando jugábamos al fútbol con el comisario Ferreiro. Iba a mirar los partidos de Baby Fútbol donde jugaban los hermanos Popelka, incluido el Padre Popelka.

 

Prof. Ricardo Leonel Figueredo.

En mi infancia los juegos no eran tan comerciales como ahora. El niño creaba sus juguetes... los arcos, los trompos que hacíamos limando madera de naranjo, los zancos, las bolitas, las carreras pedestres, y eran (como dijo Pimienta) muy comunes las peleas. Yo tengo el caballete nasal partido de una trompada que me dieron por entonces.

Detrás de la Escuela había un campito donde venían los circos. Yo recuerdo al circo Río Branco que murió en Pan de Azúcar, al circo Villanueva y otros, algunos de ellos tan pobres que murieron en Pan de Azúcar o muy cerca, cuando ya el espectáculo del cine los fue desplazando.

La "yapa" era una institución. Uno iba a cualquier negocio y el bolichero tenía un bollón enorme con caramelos y hasta por la compra de una caja de fósforos le regalaba uno. Uno se habituaba a concurrir a comprar. Las tiendas tenían una modalidad muy curiosa. Había muestrarios de botones, que eran enormes. Íbamos a la tienda, pedíamos el muestrario, en la casa elegían y después se devolvía. En las sastrerías había muestrarios de telas. Con el roce de los dedos sabíamos la calidad de la tela, que resultaba mejor si era más suave. Los trajes se hacían todos en sastrería. La solapa de un saco llevaba más o menos mil doscientas puntadas de pespunte.

 

Felipe Figuera:

Fue un campeonato (respondiendo a nuestra pregunta sobre guantes expuestos en un comercio, con la aclaración de que pertenecieron a Figuera cuando obtuvo el Campeonato Nacional) organizado por Crush. Usted no sabe porque no era nacido. Se disputó en Maldonado en 1957 o 1958. Defendía a un club de Pan de Azúcar, donde también estaban "Caderas", Ramón de León, el "Chancho" Cabrera, el "Chiquito" Clavero, Herzon  Goicoechea y otros que no me vienen a la mente. Yo competía en medio-mediano (75 kg.). Después hicimos varias exhibiciones pero no quise ir a Montevideo, porque me querían agarrar "de bolsa" (bromeando con las palizas que podía haber ligado en la capital).

 

Presbítero Francisco Gordalina

(Padre Paco)

Quiero recordar que aquí, en Pan de Azúcar, en 1881, el primer Obispo que tuvo el Uruguay, Mr. Jacinto Vera, vino a recorrer en misión los ranchitos de la zona, y falleció el 6 de mayo de ese año en la casa que hoy lleva su nombre (pegado al museo Alvaro Figueredo). Esperamos que algún día el Vaticano lo declare  "Santo de la Iglesia Uruguaya", es decir, ejemplo y modelo para todo cristiano. Fue un Obispo que se dedicó a atender a los pobres, a los enfermos, que se dedicó a la promoción y formación de los futuros sacerdotes, y en aquellos tiempos recorrió todo el Uruguay en diligencia o a caballo, según fuera el caso. Murió aquí en Pan de Azúcar, seguramente eso no fue una casualidad y es algo que debemos rescatar para la historia de Pan de Azúcar. La cruz que marcaba el lugar donde fueron sepultadas las vísceras, se retiró por la construcción de un complejo de viviendas  y fue trasladada a la parroquia. El templo actual de la Ciudad fue inaugurado en diciembre de 1951, y la construcción comenzó en 1946. Fue bendecido por el Cardenal Barbieri.

 

Edison Toledo:

Yo recuerdo los partidos de fútbol que se hacían en la cancha de Fontes,  allá por los años 49 o 50. Jugaban el Canario Tejera, Varón Cuadrado, Abaddíe. Las carreras ciclistas que tenían un circuito en el centro del Pueblo. Recuerdo personajes como Quinche,  Miguelito Brum, descendiente del Cnel. Olivera y otros. Mi abuelo me contaba que a principios de siglo las calles eran de tierra, y la comisaría estaba  en el camino a la Estación, donde después se instaló el comercio del Goma-Goma.

Recuerdo el Molino de Santiago Cordone en la Posta del Renegado, que funcionaba con una noria a agua.

Charo de León:

Recuerdo una institución deportiva muy querida, El Renegado.

Tenía un himno que decía "Renegado entusiasta y valiente,/ que de liber vestís tus colores;/ demostrando en las bregas del fútbol/ vuestra clase de atletas mejores/ no bajéis ante nadie la guardia/ ni ante el más aguerrido campeón/ que en las lides del  fútbol hoy triunfan/ el empuje, la fe y corazón./ No es con goles que siempre se gana/ eso nunca debéis olvidar/ que en la cancha es más admirado/ el que seba perder y ganar./ Adelante muchachos del barrio/ a la cancha hay que entrar a ganar/ mas cuidando que la acción innoble/ vuestro triunfo no pueda empañar...

El Parque Zorrilla (aportes del Prof. Ricardo Leonel Figueredo y oyentes de Pan de Azúcar en Sintonía)

...Allá por 1958, cuando Carlos Estades era edil de la Junta Departamental de Maldonado, se expropió el campo donde hoy está el Parque.  Permaneció  virgen por mucho tiempo, en estado "selvático". Cuando Barrios (de San Carlos) fue presidente de la Junta Local de Pan de Azúcar autorizó cortar el bosque y el lugar quedó prácticamente destrozado. Durante mucho tiempo se hizo muy poco. Lazo Batista construyó la represa y el puente que cruza para "el Abasto". Anteriormente al parque, cuando no estaba construido el puente actual en ruta 9, por esa zona atravesaba el arroyo la diligencia, era "el paso". Hasta 1912 aproximadamente, hubo un servicio de botes y balzas que cruzaban a los pasajeros de la diligencia. Los botes estaban sujetos a cables que impedían que se los llevara la correntada de las crecientes. Era un servicio otorgado por licitación a un particular. El último licitante fue un italiano abuelo de los Schiavone, y el último botero fue Belarmino Martínez. Mucha gente anónima trabajó en el parque.

En 1958 había en el parque unas piletas para lavar y enjuagar la ropa. Muchas mujeres iban a pasar el día con una cuerda, colgaban a secar la ropa, y regresaban con ella limpia.. Las piletas estaban cerca del puentecito que va al Abasto. En esa época el parque estaba siendo limpiado, y había vacas y otros animales  pastando.

En 1964 había sólo una calle que entraba hasta las piletas de lavar. Alrededor todo era tupido y virgen, pura espina. Tanto, que las madres no dejaban entrar a sus hijos en la vegetación. Se mejoró allá por 1969. El agua era cristalina.

Los niños jugaban al fútbol en el campo cerca del agua allá por 1930. No había víboras. Un señor sacaba arena.

En 1980, cuando Ruben Tuvi fue secretario de la Junta, se hicieron grandes arreglos en el parque. En esa época se construyó una balsa como escenario flotante, lugar donde se hacían buenos espectáculos. El constructor de la balsa fue Omar Sención (El Gallo) junto con Paco González y otros funcionarios municipales.

Es interesante la historia, pero lo más importante es que el parque está allí, para que lo disfrutemos. Las viejas diligencias y aquellos botes, las lavanderas y antes quizás, campamentos indígenas, pueden verse cerrando los ojos a la orilla del agua.

 

 

 

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LA CALLE DE MIS AFECTOS

(a los pandeazuquenses que ya no están, o que hace mucho tiempo que no veo)

 

Pan de Azúcar de ayer, que te levantas en transparencias en mi memoria, como un teatro intemporal, con actores que se fueron pero siguen impregnados en tus calles.

Pan de Azúcar de ayer o de siempre, azul en mi recuerdo... la muerte es ley para los cuerpos, pero no borra las huellas del camino.

En ese Mundo perenne y paralelo, Antonio Uranga me lleva todavía a la Estación para sorprenderme con el larguísimo tren de la tarde.

Mi abuelo Juan Angel Pereira sigue levantándose temprano para ordeñar y en  las calles me cuentan del Comisario y su caballo.

Piringo Bonilla pinta a pulso las letras de un gran cartel, bromeando con un triunfo de Nacional.

Catalina ofrece sus violetas,  enharinado el rostro. La camioneta de Baliña muerde el cordón en la esquina y el viejo Camejo, enjuto y doblado, cabalga las calles sin prisa.

Ruben Abaddie reparte pan por la mañana... El Boca Arturo Llanes sigue parado en la puerta de su farmacia.

El almanaque no existe en este pueblo del pasado.

Amalia me habla en una esquina del Alvaro que nunca conocí.

Domingo Piegas Oliú, Juez de Paz, charla no sé si de historia o de árboles nativos en cada vereda. Allí están la carnicería del “Clota”, la empresa fúnebre del “Flaco” Villalba, el Almacén Toledo de Don Bruno, el Solvox Radio del “Apagón” Silva.

La Marcha del Silencio cuando mataron a Pascasio Báez, y el paso cansino del Indio Miguel.

Pan de Azúcar, estás aquí. Sigo tu calle de pueblo de gente sin olvido... Cancela con un refrigerador en la Mehari, el  “Teté Ferraro” y Peñarol, los sermones y las poesías del Padre Isabelino Pérez. La Madre Sagrario en el Colegio San José, Lucía, Anunciata, Sonia, Asunción, Blanca y María Luisa... la pelota otra vez en el fondo de Zacarías.

La Bicicleta con motor y el telegrama de Fonseca. Las cartas de Ismael Ferraro y la cachila amarilla de  “Fachola” Seippa. Mi tío Juan y su camión de piedra. Una espada que me prometió Gustavo Núñez si yo era oficial del Ejército.

Calle de mis afectos, con mil esquinas.

Saludo a Don Carlos Villalba en la vidriera de su tienda, a Sureda en el quiosco de la Plaza, en la otra esquina Cedrés... Mabel me espera para la clase de acordeón.

Adiós, Don Arnoldo... ¿Cómo va Nacional? Y entro en la carnicería del “Nene” Barbachán. El Gordo Freddy me saluda de paso para el Albion, y me siento en la silla giratoria del Portugués a cortarme el pelo, mientras me cuenta sus historias del VW, de su hermano ciclista y de su viaje a Europa.

Qué tal, Juan Carlos... ¿Abriendo la farmacia? Adiós Dora... ¿Tan temprano para Antel? El Dr. Eduardo Becco me mira con mi muela “enganchada” en una pinza.

“El pelo corto, muchachos... ¿A ver esas medias? ¿Dónde está su corbata? Inspección severa de Adán Pedroso en la puerta del Liceo, en la calle Ituzaingó.

Cecilia me llama “Tocayo” porque cumplimos el mismo día.

Moyano padre vendía sus revistas y Quinche repetía fantasías en las mesitas de lata del Bar Avenida.

El Capitán Bravo me daba clases de Matemática y un consejo que siempre repito.

Antonio Martínez prepara una de sus cámaras para la fiesta de esta noche.

Adiós Eguren... ¿No se cae el perrito del tanque del camión?  Liber Plada me muestra varios trajes mientras  Washington Quintela conversa con mi abuelo. Saludo al Comisario Ferreiro y nos vamos en motoneta con una bolsa de ración en la parrilla.

Allá va Piringo, en moto, con sus cañas... rumbo a Punta Colorada. Robertito Blois me urge a retirar un paquete que llegó de Minas. José I. Fontes me responde, enfermo, desde su silla en la vereda. Apito Suárez me saluda sin parar y Lilo Bonet regresa del reparto.

Yo cumplo los mandados en el barrio: El “Nene” González sentado a caballo sobre la silla, suelta con poca gana las cartas del truco y aparta los porotos, para atenderme bromista en el mostrador del almacén. En la zanja está Hilario, o el Chiche Cuadrado - no sé bien- durmiendo la mona.

Adiós, escribano Romero. Adiós Edgard Bonilla, ¿qué tal, cómo está? Y me pregunta por mi familia.

Pan de Azúcar, Pan de Azúcar de mis adentros... ¡Qué cosas nos hace el tiempo!

Buenos Días Don Ruben Echevarría, Adiós Arturo Núñez. Bruno pasa en su camión Citroen verde y Piringo no para hasta COLEOL.

Luzardo conversa entre autos “colachatas”. Enfrente el padre de Razquín charla con su Señora. Pasa el Escribano Pí en su Opel.

Abal camina para el campo de Gustavo y voy a lo del “Tocho” a mirar televisión...

Traigo uva de lo de Salomé. Montes de Oca sale de su carpintería y Jorge Bottaro camina con muletas.

La “Vieja de la Mancha” y su carrito redondo.

El “Fanta” deja un rival “pintado” con una “bicicleta” en el parquet del Albion.

Adiós, Pitongo. Adiós “Negro Cadera”, Rodolfo Pizano, Oscar Alonzo, Honorio, Martina y Wilson.

Mario Suárez, la oscuridad de Andrés, Osvaldo Ruiz, don Nito Méndez, “Jesucristo” Luis Pérez, Desiré.

... Gente, personajes... tantos, que no puedo mencionar. Pandeazuquenses que marcaron huellas indelebles... los veo en transparencias en el aire... Siempre están, aunque ya no están.

Las calles, un poco vacías, reciben pasos nuevos, tiempos nuevos de esta ley injusta de la vida, de este loco tren que corre a la estación... y del que somos sólo, sólo pasajeros.

 

 

 

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El Cerro desde Cada Esquina

 

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INDICE

El Cerro desde cada Esquina

Prólogo

Éste, mi mensaje

Pan de Azúcar y El Turismo

Cáp. I.- - Reportaje al Profesor   Ricardo Leonel Figueredo

Cáp. II.--Entrevista a Alfredo Moyano

Cáp. III.-- Reportaje a Amalia Figueredo

Cáp. IV--“Juventud, Divino Tesoro”

Cáp. V.--Liceo de Pan de Azúcar  “Cincuenta años después”

Cáp. VI.--Escuela técnica    “Julio César Rubio”

Cáp. VII.-- Es necesario ordenar el tránsito

Cáp. VIII.-Educar para el tránsito

Cáp. IX.- Una Biblioteca, un tesoro

Cáp. X.- 10 años de la Comisión de Cultura de  Pan de Azúcar. Acta fundacional

Cáp. XI.-  El Deporte como actividad Social

Cáp. XII.- “El arte no paga”

Cáp. XIII.-  Reportaje a Roberto Villalba

Cáp. XIV.- Desiderio

Cáp.  XV.- Una Historia Diferente

Cáp. XVI.--Pan de Azúcar y la Vivienda

Cáp. XVII.--Reportaje a Abayubá Caraballo

Cáp. XVIII.--“La Canción de Pan de Azúcar”

 “Te recuerdo Pan de Azúcar”

Algunos breves comentarios

 

 

 

 

 

 

 

“El Cerro desde cada esquina”

 

Pan de Azúcar ciudad y Pan de Azúcar el cerro, son un binomio unido por lazos más firmes que la simple coincidencia de los nombres.

      La planta urbana se extiende en la convergencia de varias rutas, que hace mucho tiempo, le hicieron importante como punto geográfico.

      El Cerro es la identificación de la zona. De una zona que va mucho más lejos y que se reconoce ante su estampa característica, coronada por la singular Cruz de cemento.

Aunque, claro está, sólo la ciudad tiene el gratificante privilegio de mostrar la mole de granito desde cada esquina…

        

           Alberto Vaccaro

 

 

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 Prólogo

 

Si te paras en cualquier esquina, ves un cerro. Durante las horas cambiará plásticamente

De colores, de cielo y de primeros planos.

     Encontrarás la sonoridad de las calles, los olores que se desparraman, el andar sin tropiezos por las veredas nuevas y quizás sientas ese sabor a salitre que trae el viento de las sudestadas.

    Alberto Vaccaro, ha hurgado, buscando raíces, tatuajes y la epidermis de Pan de Azúcar. La ciudad está en marcha. Su condición de periodista le obliga a rastrillar continuamente y ese continuo golpear en el yunque determinó que nacieran estas crónicas.

    Testimonio auténtico de una época, tiene un valor realista, una premonición de futuro, una realidad acuciada de urgencias y las preocupaciones de quien siente amor por su terruño.

    Los que lleguen más tarde, tendrán tiempo de volver al escenario. Quizás los telones del fondo sean distintos, pero todo partirá de un núcleo.

     Vaccaro ha corrido nuestro telón, así es Pan de Azúcar.

 

      Ricardo Leonel Figueredo

 Presidente de honor de la Comisión de Cultura

        De Pan de Azúcar

 

 

          

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     Éste, mi mensaje

 

Casi a punto de agotar los temas de los que me propuse escribir, me pregunto qué respondería si me interrogaran sobre las razones que me impulsan a hacerlo.

No hay dudas: Diría que tengo un mensaje y experimento la imperiosa necesidad de publicarlo para que llegue a los lectores; éstos tendrán que calificar mi trabajo, pero yo sentiré la tranquilidad del deber cumplido.

En verdad, siempre me sentí atraído por la comunicación. En mi adolescencia soñé escribir un libro de poesía, pero mis románticos versos duermen entre apuntes y no sé si quiero revelarlos. Algunos aparecieron en semanarios, revistas y libros de varios autores. Otros, son un mensaje que ya no siento, son un bonito recuerdo para mí, pero no me representan tal como me veo en la actualidad.

  Más tarde, como docente, pensé en editar mis apuntes de Astronomía… tal vez algún día lo haga.

  Pero como periodista, me encontré de pronto frente a un cuaderno de anotaciones, en el que fui registrando alguno de los temas que en el transcurso de más de trece años de programa radial, me fueron preocupando sobre Pan de Azúcar y la zona.

“Las palabras se las lleva el viento”, cuando son dichas por radio. Muchos las escuchan, entienden su significado, se sienten o no, movidos por ellas…pero con el tiempo se olvidan. La palabra escrita perdura, se puede leer y releer tantas veces como haga falta y en el momento que se desee.

 Algunas cosas quiero compartirlas con ustedes: frases que me dijeron personas que respeto y valoro, unas pocas ideas; pero fundamentalmente, un grito de alerta

 

Sí, un grito de alerta. El trompo del tiempo gira sin pausa, aunque parece por momentos dormido e inmóvil. Los cambios a veces son lentos e imperceptibles, pero constantes. En el ajedrez de la vida cada movimiento puede ser un paso importante hacia nuestros objetivos, y a la vez, suele dejar desprotegidas a nuestras piezas más valiosas.

Como todos, quiero el progreso de mi Ciudad. Quiero que crezca para fortalecer la economía. Entonces harán falta viviendas.

   Mientras las casas y apartamentos van surgiendo maravillosamente por doquier, me pregunto si las autoridades pensaron hacia dónde debe extenderse la urbanización. Me pregunto si los nuevos barrios tendrán los servicios esenciales. Quiero saber que otros problemas tendremos en la inevitable y necesaria expansión demográfica: Aulas de clase insuficientes y grupos superpoblados, incremento de la delincuencia, proliferación de vicios, aparición de cinturones marginales, carencias mayores de agua potable, más frecuentes cortes de energía eléctrica, basurales, ratas…  

Las páginas que siguen son eso: un grito de alerta, que aparece repetido de diversas formas, desde distintos ángulos. Directa o indirectamente. Expresamente o incluído en comentarios generales que no siempre me pertenecen, sino que quise rescatar,  de diálogos con quienes dignos de mayor consideración, tienen su auténtico y muy propio punto de vista.

Si todo transcurre como espero, al terminar la lectura de este modesto pero esforzado trabajo, Ud. Habrá recibido el mensaje.

 

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     Pan de Azúcar y el Turismo

 

El turismo es la principal industria de Pan de Azúcar y toda la zona Oeste del Departamento de Maldonado. El Departamento en sí vive del Turismo. Englobamos en esta actividad a quienes trabajan en hoteles, restaurantes, casas de veraneo, construcción de edificios, comercios en general, etc.; en resumen, en todos aquellos emprendimientos destinados directa o indirectamente a albergar y dar servicio a los visitantes.

  Pan de Azúcar supo de fábricas importantes, con significativo número de personal. En la actualidad, las fuentes de ocupación no son muchas y de las existentes, pocas son para una cantidad grande de funcionarios.

     En un análisis grueso, podríamos decir que Agro Industrias La Sierra emplea a unas trescientas personas, cuarenta de las cuales residen en Pan de Azúcar. Poco más de cuarenta funcionarios tiene el Supermercado Juan Blois, un número próximo a cien personas trabajan en Nortel y otras tanto en la Compañía Nacional de Cemento (K.110). Casi doscientos funcionarios tiene la Junta Local, unas cien personas trabajan sumando, OSE, UTE, y ANTEL en la Ciudad, aproximadamente cuarenta personas lo hacen en la Salud   (Pública y Privada).

Dada la gran cantidad de comercios que existen en Pan de Azúcar, es difícil de estimar cuántas personas dependen económicamente de ellos, aunque en la mayoría, sólo atienden el dueño y uno o dos empleados. ¿Serán trescientas personas?

Agreguemos Comsa (ex Igam), policías y militares, estudios o consultorios de Profesionales Universitarios, fábricas de cerámicas, carpinterías, maestros y profesores, mecánicos, bancarios…

    ¿Cuántas personas trabajan en una u otra rama de actividad, dentro de la Ciudad de Pan de Azúcar? No estamos en condición de hacer un cálculo exacto. ¿Podríamos hablar de mil quinientas personas? Seamos optimistas y digamos dos mil.

       Nuestra intención no es hacer un censo de ocupación en la Ciudad, sino demostrar con números redondos y claros la gran importancia del Turismo: La empresa Guscapar  traslada en verano diariamente a Piriápolis unas mil ciento treinta personas  como  promedio. Según los responsables de la línea, el ochenta por ciento de esa cifra corresponde a trabajadores en el área turística; unos novecientos pandeazuquenses. En invierno, el número de viajeros disminuye a setecientos por día, casi todos por razones laborales.

  La misma empresa traslada a San Carlos por Maldonado, cuatrocientas veinte personas en verano y trescientas sesenta en invierno.

Coom  mueve cada jornada estival unos cuatrocientos pasajeros a Maldonado-Punta del Este y doscientos en invierno. Además muchas personas utilizan otros medios de trasporte:  ómnibus, micros y camionetas contratadas; varias empresas de línea, vehículos particulares, etc.

 Un cálculo muy pesimista, nos deja la idea de que más de mil personas trabajan todo el año en turismo, como dijimos al comienzo, directa o indirectamente en dar alojamiento y servicio   a los visitantes que reciben Piriápolis o Punta del este, mientras que en verano la cifra se eleva a más de mil quinientos o dos mil.

   El Hotel Argentino ocupa en verano a doscientas ochenta personas, y en invierno a más de cien permanentemente, y unas ciento cincuenta los fines de semana. De estos números podríamos desglosar a quienes viven en Pan de Azúcar: 51 en verano y aproximadamente  la mitad en invierno.

  Citamos el Hotel Argentino por ser uno de los mayores complejos turísticos, pero podríamos extender el comentario a cada hotel, restaurante, comercio en general o inclusive a la Construcción, estrechamente vinculadla turismo.

De lo antedicho nos surgen varias conclusiones. La primera es profesionalizar y categorizar la mano de obra. Si bien la Intendencia Municipal de Maldonado ofrece a través de IMET cursos de Turismo, pensamos que la Universidad del trabajo, que dispone de la estructura básica necesaria en la Escuela Técnica de Pan de Azúcar, tendría que incluir entre sus opciones, carreras cortas de mozos, mucamas, conserjes, cocina internacional, guía turístico y albañilería.

La iniciativa dotaría a los trabajadores de la ciudad y de la zona, de una capacitación que les pondría en mejores condiciones de competitividad ante la aparición de mano de obra de otros países, especialmente Brasil. Permitiría aspirar a mejores remuneraciones y evitaría tener que comenzar siempre como peones y ayudantes. Pero además, se verían beneficiados todos los establecimientos de la zona turística al poder contar con funcionarios especializados.

      Otra conclusión es que la Ciudad toda, debe aspirar a entrar en el mercado turístico no solamente colocando trabajadores en Piriápolis y punta del Este, sino haciendo que los visitantes lleguen a Pan de Azúcar. Tenemos mucho para ofrecer: el Parque Zorrilla, El Museo, La Guardia Vieja, los hermosos paisajes de la Ruta 60 y de Nueva Carrara. Pero podemos crear nuevas atracciones: Expo-Ferias permanentes de artesanos, fiestas criollas, Exposición de cuadros…y una ciudad limpia y ordenada que invite a recorrer las veredas  y apreciar las vidrieras de los comercios  o detenerse en bares o restaurantes.

  Claro que simultáneamente, habría que realizar una campaña de información con folletos y cartelería, publicaciones en la prensa y otros, que tendría que organizar una institución como por ejemplo el Centro Comercial.

   No descubrimos nada si señalamos que el Este del País tiene un gran potencial turístico, hasta ahora casi exclusivamente explotado en base a la costa y las playas. Poco a poco habrá  que ir pensando en argumentos que extiendan el tiempo de trabajo, para que éste pase de solamente dos meses de trabajo a la mayor parte del año. En todo el Mundo existen lugares sumamente visitados en cualquier época, muchos de ellos lejos del mar. Si pensamos seriamente en el asunto, y nos disponemos a aprovechar al máximo las posibilidades que ofrece una región rica en hermosos paisajes naturales; si además tenemos en cuenta que a los viajeros les interesa conocer las costumbres autóctonas, y si también pensamos que el Mercosur impone un nuevo tiempo para el que debemos prepararnos con propuestas nuevas, entonces, Pan de Azúcar debe ser parte activa de un contexto global destinado a ofrecer variedad  de opciones para el turista.

El siglo XXI podrá encontrarnos con varios hoteles que complementen  la capacidad de alojamiento de Piriápolis o Punta del Este, con paseos reacondicionados o agregados a los ya existentes, con comercios  abiertos a un mercado de más clientes… y si la inversión resulta, la eyección en la economía  de la comarca acercará otros proyectos

 

 

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CAPÍTULO (1)

 

        Reportaje al Profesor Ricardo Leonel Figueredo.-

 

 

Cada pueblo fundamenta su identidad en algunos hombres que sobresalen por su personalidad. Individuos que tienen su lugar ganado de tal modo, que son columnas fundamentales en la estructura intelectual de la comunidad. Líderes naturales que generan un respeto unánime.

     En  épocas de guerra serían héroes…Patriarcas. En épocas de paz son aquellos personajes que marcan rumbos. Todo pueblo los tiene. Pan de Azúcar también.

       Creo ser muy justo al decir que un claro ejemplo es el Prof. Ricardo Leonel Figueredo; el “Maestro Chino” para muchas generaciones.

    

    Educador por naturaleza, es de esas personas que no se ciñen a los caminos hechos, sino que gustan  de fabricarlos, apartándose sin pudores de las mayorías costumbristas. Maestro y profesor de Enseñanza Secundaria, no pasó inadvertido para ninguno de sus alumnos. Como historiador, siguió sus propias reglas y razonamientos para reconstruir el pasado. Como escritor inventó un estilo y jamás se apeó de él. Como pástico eligió muy bien sus paisajes. Como un ciudadano muy observador evaluó con un criterio auténtico los hechos sociales. Poco partidario de elogios melosos, sabe ser un crítico severo, o alentar con una palmada en el hombro a los que recién empiezan.

   No se trata de un ideal, sino de un hombre con virtudes y defectos, que simplemente se destaca por facetas muy marcadas en su personalidad.

      Al “Maestro Chino” acudimos mil veces para pedirle opinión sobre algún  tema. Nos ha acompañado desde el comienzo de nuestra labor periodística. Con acierto fue designado Presidente de Honor de la Comisión de Cultura de Pan de azúcar. Por todo lo antedicho, al iniciar este emprendimiento, asumimos que una de las visitas que haríamos, sería al Profesor Ricardo Leonel Figueredo.

 El lunes 9 de enero de 1995, previo acuerdo, asistimos a su casa de la calle  Artigas casi Rivera. Fue un diálogo abierto como hemos tenido varios pero con un grabador sobre la mesa:

De acuerdo a datos de Martínez Rovira, en 1823 hubo un proyecto de fundación de Pan de Azúcar, que no se concretó por las luchas que se produjeron en aquel entonces. Recién en 1874 se viene a concretar por una sencillísima razón: el lugar estaba en la ruta de penetración al Brasil, que partía de Montevideo y llegaba hasta el Chuy. Era necesario ir fundando ciudades intermedias para las “postas” que duraron hasta 1911”

Naturalmente el Prof. Figueredo respondía así a la primera pregunta: ¿Cómo nació Pan de Azúcar? En su relato, hizo lugar para mencionar a un olvidado entre los fundadores de la ciudad:

“La inquietud partió de Joaquín Márquez, a pesar que lo discriminaron y no lo pusieron como fundador. Joaquín Márquez compró los terrenos y solicitó a Félix de Lizarza que hiciera el fraccionamiento. Este fraccionamiento se hizo dos veces porque el primero se hizo de Norte A Sur, entonces las primeras casas (todavía queda una frente a la UTE) estaban ubicadas de tal manera que sólo tenían  Sol en verano. La segunda delineación (que no sé quien la hizo), tomó los puntos cardinales por las diagonales de la plaza. Fue una inquietud importante con vecinos casi todos de san Carlos, pero reitero, discriminaron a los que ya estaban que eran muchos. Incluso vivía gente en la zona del Renegado, y la primera escuela de niñas estuvo en las antiguas casa de Santiago Rappa”.    

El objetivo de este trabajo no es estrictamente histórico, sino que quisimos apoyarnos en los comienzos del centro poblado, para tener un panorama de su evolución. En nuestro concepto Pan de Azúcar crece en forma desordenada, y sería muy positivo elaborar un Plan Director que estableciera normas para la expansión de la Ciudad.

    Se lo comentamos al Pro. Figueredo, y nos dijo:

“Bueno, para mí, está creciendo en forma completamente desordenada, existe una inclinación a ir hacia el Norte, en vez de ir hacia el Sur. Para mí tendría que crecer hacia el Sur, pero los hechos me contradicen y lo hace hacia el Norte. En este momento realizar un fraccionamiento cuesta mucho dinero…Muchísimo dinero. Entonces es  casi imposible  si no se parte de una cooperativa de viviendas, poder concretar un fraccionamiento porque solicitan calles, luz, agua, y en algunos casos hasta saneamiento. En segundo término, los solares cuestan mucho”

“Hay un fraccionamiento que data de 1945, con cuarenta y tantos solares, que no tienen ni luz ni agua, y no sé por que no fue vendido, porque esa división fue aprobada”  

Creemos que el problema de la vivienda es uno de los mayores, pero también hay otros en la actualidad. Quisimos saber la opinión del Maestro:

“Problemas hay muchos, pero la gente es inconforme, porque le solucionan una cosa y ya está pidiendo más. Cuando yo tenía catorce o quince años, los autos patinaban frente a la plaza; hace veinte años, las calles del Centro no se podían transitar por los pozos, y yo veo que la gente se sigue quejando. Yo vivía en una esquina, donde por más de cuarenta años aguanté aguas servidas, y jamás me quejé porque sabía que los vecinos no tenían otra solución. Parece que en la actualidad son todos demasiado sensibles o muy quisquillosos.

No hay dudas que Pan de Azúcar ha crecido. Hay nuevos complejos de viviendas y por la calle vemos frecuentemente gente nueva. Apellidos no autóctonos aparecen en las escuelas.

Pero  nos queda la impresión de que si se desarrollara más la construcción de casas el crecimiento sería más rápido.

“Sí. Si hubiera más viviendas, la ciudad tendría más habitantes. Pero he notado que treinta años atrás, la cantidad de ómnibus que salía de Pan de Azúcar por la mañana era muy inferior. En estos días a la hora 8, ya han salido once ómnibus con trabajadores. Quiere decir que al ritmo que va la ciudad, crece por la ocupación de mano de obra en lugares vecinos: Punta del Este, Portezuelo, Piriápolis. Además, la mano de obra de Pan de Azúcar es bastante bien cotizada. Hasta los “botijas” trabajan. Yo vivo en un lugar céntrico donde del sábado al domingo no se puede dormir, pero han disminuído los ruidos porque todo el mundo está trabajando”

El rumbo que tomó la charla nos puso frente a una de nuestras claras convicciones: la principal fuente de trabajo de Pan de Azúcar es el turismo; por quienes cumplen funciones directamente  en establecimientos turísticos, como hoteles, restaurantes e inmobiliarias, y por quienes lo hacen en la construcción, supermercados, estaciones de servicio y tantos otros rubros que se activan en base al turismo.        

“Creo que sí, como en todo el Departamento, la fuente laboral es el turismo. Hubo incursiones en la frutilla que me parece que fracasaron  porque no se repitieron, en la papa, y están las canteras, las caleras, la fábrica de cerámica, las carpinterías, Nortel, pero haría falta que surgieran pequeñas industrias que no han sido descubiertas.  Si la gente pidiera menos alquiler por algunos locales grandes que están vacíos podrían instalarse pequeñas industrias. En estos momentos un muchacho joven que tenga iniciativas, no puede desarrollarlas, porque necesita capitales. Los impuestos nacionales, BPS, alquileres altos, no le dan ninguna oportunidad como para subsistir. En Pan de Azúcar, hay demasiados comercios. En dos calles existen cerca de cien comercios, son las calles, Félix de Lizarza y Rivera. La Ciudad es un centro comercial donde la gente subsiste, pero no gana de acuerdo a lo que invierte. Los capitales invertidos en comercios, posiblemente dieran más resultado en el Banco”.

“Volviendo al crecimiento de Pan de Azúcar, cerca de la plaza está el fraccionamiento de Bonet, seis hectáreas fraccionadas en manzanas pero no en solares. Esto traba la expansión para el lado Este, mientras los fraccionamientos del Barrio Las Brisas se van aproximando al K.110. Dentro de muy poco tiempo, el K.110 va a estar unido a Pan de Azúcar”

En otras páginas de este libro nos referiremos a la juventud, pero queríamos conocer la opinión de alguien que ha estado cerca de los jóvenes por muchas generaciones:

“La juventud fue siempre la juventud… uno en aquella época tenía sus “deslices”. Yo recuerdo perfectamente haber aspirado efedrina sin saber las consecuencias, porque uno de los compañeros la usaba para destaparse la nariz cuando estaba resfriado. Posiblemente los muchachos sean más “noveleros” en este momento. Yo saqué la grande  cuando tenía veintiún años: dejé de fumar; para mí fue “sacar la grande”. No he sido bebedor, a pesar de que mis “birundelas” me las he tomado. Los muchachos lo hacen todo por esnobismo, por novedad… Empiezan jugando y se hacen adictos. Ahora ¿Por qué toman vino los jóvenes? Yo cuando era chico  tenía una bodega a disposición. Estudiaba de noche con Lilo Bonet en la bodega, probábamos todo, pero no tomábamos en demasía. Ahora los muchachos toman vino porque es lo Más barato que hay, no tienen “paladar” para distinguir el vino bueno de uno malo y toman por tomar”

“En mi juventud, nos “agarrábamos” a trompadas, y ahora no lo hacen; en este aspecto son más civilizados, pero están en más contacto con los vicios. La droga es un peligro, la televisión tiene mucha culpa de lo que pasa por la violencia que exhibe. Nosotros éramos violentos de otra manera, en el fútbol, por ejemplo. En la época de tu abuelo el Crio. Juan Angel Pereira, y antes también, cada partido con los de San Carlos terminaba con treinta o cuarenta presos. Esto ahora no se ve, pero al fútbol asiste mucho menos gente, y ha decaído notoriamente. Ahora vivimos en un mundo dirigido, a los jóvenes les imponen la música, la moda, los vicios. Todo es a base de propaganda. Una de las cosas que mató al fútbol  fue la aparición de “las maquinitas”.Las maquinitas aislaron al muchacho, lo segregaron.”

“Una de las cosas que nos enorgullece es el nivel cultural de la ciudad; escritores, plásticos, artesanos…

“Pan de Azúcar siempre fue culta. Desde 1916 existió una sociedad cultural negra,”Espinas de una flor”que hacía actos culturales. En 1932 hubo otro movimiento importante. En 1957 explotó el “Saltimbanqui”, un movimiento cultural enorme, con teatro, otras manifestaciones, pero lamentablemente duró poco. Es algo cíclico que aparece cada veinte años, y depende de los jóvenes que se hacen adultos. A veces los jóvenes fracasan porque no tienen continuidad. Así no se llega a ningún lado. Hay que trazarse una meta y seguir”.

“La prensa escrita comenzó con un negro que escribió un periódico a mano (“La Verdad”)del que no queda ningún ejemplar. En 1918 surgió un periódico que se llamó “Pan de Azúcar-La Sierra”, y luego otro” La Palabra”, del cual yo conservo un número. A fines de la década del veinte hubo dos periódicos: “El Pueblo” y “Rumbos”, que se preocupaban por las inquietudes locales. En la década del treinta existieron varios periódicos de vida más o menos efímera, y con la llegada de los diarios de Montevideo cuando comenzaron a pasar los ómnibus, las publicaciones locales murieron. “

“ En  1937 hubo una revista literaria(“Mástil”) que dirigía mi tío Álvaro En la misma época apareció una cartulina escrita a mano, “El Tábano”,dirigida por Miguel Ángel Cortés, gran pintor… Era toda crítica y por ese motivo le dieron algún “piñazo”.

“El Tábano” quedaba durante unos quince días sobre una mesa del Bar Avenida, así todo el mundo se enteraba de lo que decía. En la década del cincuenta aparecieron muchos que no me acuerdo, El Saltimbanqui, que fue un periódico de alto estilo. Ahora se destaca el gran esfuerzo que ha hecho  el Semanario Zona Oeste, aunque la gente no capta los esfuerzos locales. Acá no se valora ni se conoce que mucha gente de Pan de azúcar está triunfando en el exterior, y se valora más lo foráneo. Quizás lo mismo te pase a ti, que algunos no te valoran el esfuerzo de mantener tantos años un programa radial de Pan de Azúcar”

“Esto se da en muchos lados. A veces nos subestimamos frente a valores de Montevideo que porque son de Montevideo se creen que saben mucho y no saben nada”

Hablar con el Prof. Figueredo nos está permitiendo conocer su óptica sobre muchas cosas, pero hay un tema que ha sido siempre su pasión: los negros. Sabemos muy bien que en su opinión la población de color era parte significativa de la identidad de Pan de Azúcar no muchos años atrás.

“En la década del treinta más o menos, entre negros y mulatos, se podía calcular un treinta por ciento de la población; incluso le llamaban “EL pueblo de los Negros”. Había negros retintos, de esos azules, y pardos. Los negros – negros, se dedicaban a la música. Los cumpleaños duraban dos o tres días, sin parar los tambores día y noche. Después de la guerra en la década del cuarenta, el Uruguay vivió una época floreciente (Inclusive una fábrica de tejidos que había acá trabajaba en tres turnos

haciendo  abrigos para los soldados). El fin de esta época tomó desprevenido al país y también a loa negros. Éstos que estaban en la música y en el vino se empezaron a morir tuberculosos. Cuando hubo que trabajar,  las mujeres lo hacían en trabajo doméstico y los varones  una orquesta muy buena (dirigida por un negro de Melo, de apellido Terra) que tocaba en los mejores lugares de Punta del Este. Después se empezaron a ir a Montevideo, quedaron los viejos, y todo se desintegró.”

"Los negros  que hay ahora  no son de acá, son casi todos de Treinta y Tres. Queda la negra “Cosa Pelada”, que vive detrás del Hospital, y “La Tota”. Después de la desaparición  de los negros, Pan de Azúcar cambió mucho. Recuerdo el último conjunto, en la década del cuarenta: “Los Negros Humildes”,dirigido por una negra muy gorda, Jesusa Botaro, ya veterana. Tenía cuarenta integrantes y tanta calidez, que quisieron llevarlos para Buenos Aires, pero los negros no quisieron ir. Ganaban todos los premios del Departamento, regresaban con todos los negritos dormidos arriba de los camiones. “

Una persona que como el “Maestro Chino”conoce tan bien la Ciudad, su historia y su evolución, seguramente  valora  el progreso  que ha llegado en los últimos tiempos. Le hicimos la pregunta:

“En los últimos cinco años ha habido tres cosas muy importantes, algunas iniciadas antes. Todo el mundo decía que el saneamiento no iba a funcionar, que iba a costar carísimo; pero la gente lo paga con el agua y no se da cuenta. Fue posiblemente de las últimas cosas que se hicieron, aunque muchas casas  no están aún conectadas. Otro progreso valioso fue el teléfono digital, antes se demoraba un día para hablar a Montevideo. Pero algo que la gente no valora en su real dimensión, es la cantidad de viviendas que se han construído, varios complejos terminados, tres para comenzar, las viviendas municipales en la Estación. Lo que queda vacío se llena rápidamente, sinónimo de crecimiento de la Ciudad. Como Pan de Azúcar yo no he encontrado ninguna ciudad chica en el Uruguay. Acá hay solamente un rancho al lado de la vía, es el único. Las demás casas son todas de material, lo que habla de un buen nivel de vida. Hay trabajo, las casas son caras, pero el nivel de vida es alto. “

“Al Mercosur  yo lo veo con esperanza (ya este año pensaba exportar canarios, pero obtuve pocos pichones).Lo que creo es que el uruguayo tiene que volcarse al campo. La salvación del país no está en Montevideo, sino en la campaña.

Eso sí, no podemos estar supeditados solamente a la ganadería. A quienes trabajan mucho, les va bien, como Calo que tiene varios invernáculos y abastece comercios de Montevideo. Otro hombre, Machado, se transformó en productor agrícola. Machado era buzo, tuvo que retirarse por la edad, vendió su casa en Piriápolis y compró una fracción de campo cerca del Cruce, y trajo a toda la familia y las hijas casadas.  Hizo un invernáculo y ya están viviendo de eso. Ricardo Torres, que lo hizo él solo, con gran   sacrificio, compró el nylon que dura dos años. En los primeros cuatro meses desquitó la inversión vendiendo cebollino y plantines de tomate. El asunto es ingresar en lo moderno, nuevas técnicas especialmente de riego,  y trabajar.”

Quiero agregar que Pan de Azúcar tuvo un desarrollo importante allá por la década del cuarenta cuando se fundó el Banco Pan de Azúcar, (Caja Popular en el comienzo), que hizo una cantidad de fraccionamientos e inició el loteo a plazos”

“Muchísima gente (en el Barrio del peligro por ejemplo), accedió a terrenos chicos  de trescientos metros más o menos”

“Pan de Azúcar se destacó hasta la década del treinta por la enorme cantidad de viñedos. Éstos se abandonaron: había inspección fiscal, y las bodegas se dejaron. Hubo un gran vivero de árboles frutales que tenía mucha venta, pero como las personas eran viejas, también se dejó. Todo eso requería mano de obra extranjera, especialmente italianos. Estos italianos hicieron una cantidad de quintas que abastecían a Pan de Azúcar, pero poco a poco fueron desapareciendo…”

La charla seguía, sumamente amena para mí, porque estaba enterándome de cosas que desconocía. Aprovechar los

 Conocimientos del Maestro Me parecía una buena inversión si lograba evitar que alguno de estos recuerdos pasaran algún día al olvido. Pero era hora de terminar, por lo que quisimos cerrar la nota con un mensaje a los pandeazuquenses de hoy y de mañana:

"Hay una cosa que es fundamental. Yo estoy alejado de Secundaria, veo a los muchachos, algunos que van al liceo hasta sin cuaderno o lápiz. Pero todavía el porcentaje de alumnos de la Ciudad que llegan a la Facultad es bastante grande, y es grande el número de chicos que se reciben de profesionales universitarios. Para eso hacen sacrificios, viajan, estudian. Pero lo logran porque tienen una meta. El mensaje es ese: Fijarse una meta para poder llegar”

      Romance para la fundación de Pan de Azúcar

 

El plomo de las palomas

Eriza cardales secos.

Sobre mástiles de izaba

Mutilan gritos los teros

Y en la pizarra del agua

Viven horizontes viejos.

 

Ya Don Félix de Lizarza

Rompe el yunque del silencio,

Amojonando distancias

Sobre los planos del viento.

Un candelario de ranchos

Esparce fogones nuevos.

Agrias lechuzas rechinan

Rayando el perfil del cielo.

 

Un redoblar de pezuñas

Queda aquietado en cencerros

Y esmerilada de grillos

La tarde cuelga sus flecos.

Mil ochocientos  setenta

Y cuatro. Sus compañeros

Son: Don Francisco Bonilla,

Enrique Brun y Don Pedro

Alfonso, Miguel Alzuri…

Se está incendiando el lucero.

 

Y candiles temblorosos

Arden en cansancio y sueño.

También Felipe Pagani

Y Andrés Vázquez. Todos ellos

Enraizarán en espigas

Materializando anhelos.

 

La Luna escarda las nubes.

Abriendo grietas, un perro

Se apuntala en un ladrido.

Canta el arroyo contento

Y pan de Azúcar naciente

Se adormila entre los cerros.

 

Pro. Ricardo Leonel Figueredo

 

 

 

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