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Poesías        

Allá por los 80 realizábamos en Radio RBC un programa titulado “Literatura en la Zona”. En él, y con algún hilo conductor, íbamos leyendo poemas de autores de esta Comarca.

Permanentemente llegaba material de los escritores.

Muchos años después, abrimos con mi madre las viejas carpetas, y nos propusimos publicar en este espacio una selección de aquellas composiciones.

 

Alfredo Moyano

Alvaro Figueredo

Amalia de Figueredo

Ángela Mira Vega

Blanca Cestaro

Blanca Luz Brum

Daniel Omar Pereira

Elena Silva

Élida B.Acosta de Civila

Fabiana Danta

Fabiana Martirena

F. Curi

Gaby  Ana Rojas

Gloria Quesada

Isabelino Pérez Sierra

Jordán Civila

Julio Báez Umpiérrez.

Lenir Baute

Liliana Riva

Loreley Molinelli de Cabrera

Luis A. Quevedo

Luis A. Quijano Alpuín

Margarita M. de Bonilla

Margot Bonilla de Rosa

Marita Pacheco de Blois

Mary Lagresa Bertrand

Nilda Gedimi

Orlando Cabrera Plada

Prof. R. L.  Figueredo

Raúl Montañez

Roberto Villalba

Silvia Rodríguez

Valentina Peña de Gianola

Wilma Pereira

Yamandú Beovide

Alberto Vaccaro

 

 

Indice de Poesías

Romance para la Fundación de Pan de Azúcar

El plomo de las palomas

eriza cardales secos.

Sobre mástiles de izaga

mutilan gritos los teros

y en la pizarra del agua

viven horizontes viejos.

Ya don Félix de Lizarza

rompe el yunque del silencio,

amojonando distancias

sobre los planos del viento.

Un calendario de ranchos

esparce fogones nuevos.

Agrias lechuzas rechinan

rayando el perfil del cielo.

Un redoblar de pezuñas

queda aquietado en cencerros

y esmerilada de grillos

la tarde cuelga sus flecos.

Mil ochocientos setenta

y cuatro. Sus compañeros

son: Don Francisco Bonilla,

Enrique Brun y Don Pedro

Alfonso, Miguel Alzuri...

Se está incendiando el lucero

Y candiles temblorosos

arden en cansancio y sueño.

También Felipe Pagani

y Andrés Vázquez. Todos ellos

enraizarán en espigas

materializando anhelos.

La Luna escarda las nubes.

Abriendo grietas, un perro

se apuntala en un ladrido.

Canta el arroyo contento

y Pan de Azúcar naciente

se adormila entre los cerros.

Ricardo Leonel Figueredo

 

Romance para la fundación de Aiguá

 

Ay! Margarita Muniz

sonámbulo está tu sueño

los gritos de la vigilia

resuenan como cencerros,

si está resonando el valle

con tamboriles de teros

y los anillos de cuarzo

tintinean en los cerros.

Ay! Margarita Muniz

cómo repica el desvelo!

si el arroyo en su campana

repite su son añejo

y el gallo del viento canta

erguido sobre el silencio,

y la luna enjuaga todos

los vidrios de los espejos.

Ay! Margarita Muniz

clava el puñal de tu anhelo!

y rasga las cuatro cuadras

en donde nacerá el pueblo.

que tu tatuaje de hoy

quedará firme en el tiempo,

y tú tienes tu sonrisa

durmiéndose en el deseo,

Ay! Margarita  Muniz

traza una cruz en tu pecho!

persígnate de horizontes

y así te acurruque el sueño

que ya una bruma de ranchos

te está rondando en acecho

y San Antonio de Aiguá

viene saliendo a tu encuentro.

Ay! Margarita Muniz

año de mil ochocientos

noventa y dos y tu vida

asida está a un derrotero.

de noche cierra sus valvas

aprisionándote adentro.

Ay! Margarita Muniz

Se quedó afuera el recuerdo.

ROMANCE PARA LOS NIÑOS EVADIDOS

 

Huérfano el viento en la esquina

llora solo su congoja

Procesión de soledades

recorre calles de sombra

Escoltando a los tres niños

-tres penas con una alforja-

en busca de derroteros

para clavar su zozobra

 

Atrás ladraban los perros

sobre un silencio de estopa

En un recodo de tunas

se deshojó la amapola

de los últimos faroles

que jugaban a la ronda.

Tres ansias bajo la luna

van desvelando la hora.

 

Fuego de los carboneros,

ojos de pupilas rojas

traza señal de los cerros

a tres miradas absortas

El agua de una cañada

estila fresco en las bocas

Desnudos los horizontes

muestran sus formas redondas.

 

En los perfiles del río

cazaron palomas moras

apedrearon lechiguanas

asaron quince mazorcas.

Fueron calando remansos

en zambullidas maduras

y una siesta de chicharras

les dio almohadones de sombra

 

Entre dos guardiaciviles

tres penas niñas se ahondan

en la cruz de los caminos

quedó la esperanza sola.

la tarde sangra en los cerros

por tres heridas remotas.

Entre dos guardiaciviles

triste silencio solloza

 

Prof. Ricardo Leonel Figueredo

Presidente de Honor de la

Comisión de Cultura de Pan de Azúcar

 

Indice de Poesías

 

 

POESÍAS DE ALBERTO VACCARO

 

Una puerta, una ventana… ¡Una casa!

Sólo cañas largas, en el espacio oscuro

Sólo sombra gris a un costado de la calle

Fingiendo vida entre los árboles y el muro

 

Personas que llevan en sus brazos a un niño

Que van de la cocina al mueble de la sala

Sólo cañas, sombras y sueños escondidos

Ilusiones, ausencias, simplemente nada.

 

Una mesa, una cena, un dormitorio,

Un hogar extraño sin voces ni palabras

Entre las tacuaras, al Este del villorrio,

Donde falta luz y deambulan mis fantasmas

 

Una puerta, una ventana, una choza

Sólo un cañaveral callado y la fantasía

Sólo el viento suave que hace mover las hojas

Y rayos de Luna para escribir mi poesía.

-.-.-.-.-.-.

 

Una calesita allá en la esquina,

Es raro tu rostro sin sonrisa.

Nunca te vi vestigios de alegría

Pero la rueda gigante gira

Allá en la esquina, por tus pupilas.

Un corcho torcido en la chumbera

Latas que no caen si las golpeas

Aros al pico de las botellas

Y algodón de azúcar en los dedos.

Ven, acompáñame que te llevo

A ganar peluches de fantasía

Y entre carromato y boletería

Soñar los juegos para una niña

Y ver tus ojos que se iluminan

Allá en la rueda, allá en la esquina.

 

 

El Indio

Escucho el canto del agua, que corre clara arroyo abajo, oigo a las ramas susurrando secretos con el viento... y percibo la sombra del indio en las orillas añejas.

Entonces no sé, si el silencio del bosque es silencio, simple murmullo de hojas, de vida silvestre; o es un compendio de voces dormidas en el lecho del tiempo.

Incolora, desteñida tal vez, la sombra del indio reposa, agachada junto al fogón que arde en otro tiempo, junto al arco que arroja saetas al olvido, allí donde la lanza clava siglos sin historia.

El Indio está allí, mudo, apenas una sombra etérea entre las sombras vivas, donde los suyos buscan esplendores idos en su tierra despojada. Sabiduría milenaria de escasas huellas, fuego modesto convertido en cenizas que nada dicen del ayer.

Lo veo, robusto y viejo, caminando el bosque, sin esperanzas. Sin los hijos que eternicen su existencia. Sin clamores, sin amor, sin presente, una sombra difusa, aquí, allá, en todos lados, paso lento, sigiloso... Se esconde de la luz que lo acusa ausente, y el paisaje se le pierde en dimensiones imposibles.

Sombra, sólo sombra que nadie ve, en la ribera del arroyo, en los brillos del agua, en cada piedra, en mis ojos, más adentro de mis ojos...

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

 

Sobre la curva convexa de la Tierra

Te desplazas como una invisible fuerza

Las arenas del desierto se acomodan

y al pasar, las dunas renuevan su forma.

Levantas a la altura, los barriletes,

Que se sacuden con nervios de serpiente.

Hinchas las velas del barco con tu soplo,

Para empujarlo por los mares ignotos.

Ondulas tu presencia en cada bandera

Y las aspas del molino se aceleran.

Curvas el tallo verde, quiebras la rama,

De hojas amarillas tapizas la plaza.

Una caricia, un beso transparente,

Se posa en paisajes siempre diferentes.

Cuando el Sol satura de luz la mañana

Tu frescura seca entra por la ventana.

Cierro los ojos para viajar contigo

Por horizontes que apenas adivino,

Para cargar de azules mi propio cielo

Y de lejanas islas mi agudo sueño.

Como un papel arrugado, iré contigo

A la rueda-rueda con el remolino.

Alberto Vaccaro

 

Antes de mí, y después de mí, el Mundo será el Mundo…

Sin estáticas perennidades ni eternidad.

Será la materia evolutiva del exterior a lo más profundo,

Proveniente de la nada, y en la nada viajando hasta el final.

Mísero segmento de un segmento nada más,

Se irá terminando mi tiempo, del tiempo universal.

La esfera ya estaba, y esfera será mientras exista

Aún las estrellas, llegado el instante, morirán.

Todo es breve, pese a las escalas muy distintas,

Todo es breve, y se entrega a los cambios sin parar.

 

Indice de Poesías

 

El árbol hueco del Parque Zorrilla.

 

Han pasado los peores temporales, y sigue allí... sólo cáscara y ramas huecas enlazadas de ramas vivas de algún vecino.

Ha corrido el agua tumultuosa de las crecientes, la risa de los niños en domingos de parque, el humo de los asados, las sombras y los pájaros... pero el viejo árbol, un fantasma de pie en el bosque verde, no abandona su esencia de atalaya.-

El arroyo tiene sus puentes viejos y nuevos, su playita cautivante, sus secretos insospechados. Y caminan los recuerdos entre hojas yertas y el susurro de aquella represita.

Pero el árbol muerto no muere todavía. Es una torre a sólo metros de la ribera.

Entre tantas especies, se ve aún la mano de Don Domingo. Las mesas de hormigón invitan al solaz, los caminitos a inocentes aventuras, y en un torbellino de tiempos aparece alguna diligencia para cruzar el arroyo.

Cuántas diligencias habrá visto pasar en su juventud, este testigo de los años que no quiere caer al yermo del olvido.

Estuvo allí, enhiesto, cuando desde un escenario flotante, el parque se llenó de música y canto.

Estuvo allí, a pocas cuadras de los rieles, cuando inundaba la noche el silbato del trencito de Piria.

Desde su comprometida altura, vio pasar a las lavanderas entre corredizos de espinas.

Cuántos vecinos y visitantes furtivos disfrutaron su sombra.

El implacable viento lo respeta. El agua le canta como a un niño sus canciones de cuna, el bosque lo apuntala en el abrazo indispensable de generaciones nuevas.

El parque creció a su lado, las espinas se transformaron en calles, la maleza en mesas y bancos de hormigón

En las mañanas, el sol busca lugar entre las ramas para obsequiarle su calor. El árbol hueco del parque caerá como pobrísima leña, algún día, alguna noche. Sus cáscaras en el suelo se descompondrán como simple tierra que vuelve a la Tierra.-

Quizás, entonces, nadie lo recuerde entre formas nuevas que tendrá el paisaje. Pero yo lo visito con frecuencia. Le pregunto cuántos años tiene, y me responde: más que la ciudad.

Le pregunto cuántas personas se apoyaron en su tronco, se cobijaron a su abrigo, o se refugiaron a su sombra... y no me contesta.

Le pregunto a la gente, y pocos lo conocen. Un árbol más, un árbol viejo, sin mucho para dar.

¡Eso creen!

Pero en lo poco que muestra todavía, en las huellas a cuchillo de algún amor, en su presencia de siglos, tenemos mucho para leer y comprender... mientras su sombra existe todavía, su abrigo, su silueta.

El árbol que no quiere caer caerá, antes o después de que lo veas. Depende de ti.-

Alberto Vaccaro

Indice de Poesías

 

Me gusta cuando vienes,

me tomas del brazo desde atrás,

apoyas el mentón en mi hombro,

y te fijas en las mismas letras que estoy leyendo.-

Tú el náufrago, y yo el tronco que flota en la corriente.

Me gusta sentirte cerca.

Eres la hija que no tengo, un bonito envoltorio de cariño.

Me cuentas secretos, haces preguntas, confías en mí.

Yo el náufrago, y tú, el tronco que flota en la corriente.

Nada es absoluto, ni siquiera el Mundo que habitamos porque sí.

Locura, tristeza, pasión, nostalgia, culpas, alegría... todo es relativo.

Vientos que soplan en verano desde todas direcciones.

El concierto de grises de la lluvia.

La exageración de colores cuando brilla el Sol.

La oscuridad de misterios en el cielo nocturno.

Lágrimas que no salen de los ojos y risas

que apenas asoman en las comisuras de los labios.

Todo es relativo, menos tú y yo, en este mágico instante de paz infinita.

Me gusta cuando vienes porque vienes, sin promesas ni pedidos.

Náufragos y troncos flotando en la corriente de roles alternos.

¡Qué importan los relojes... si el tiempo se detiene!

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

 

Te espero... no sé por qué

Tú vienes por otro tiempo

Yo voy lejos adelante

Y te espero, no sé por qué

 

Escucho tus pasos en el silencio

Te veo en la nada

Siento latidos nuevos

Y te espero, sin palabras

 

Escribo, no sé por qué,

Versos que ya perdí...

Sueños que ya soñé...

Y te espero, sin motivo.

 

te espero, aunque no vengas

Te doy la mano, aunque no estés,

Te sonrío sin notar tu ausencia

Y no despierto, porque no quiero.

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

 

Estás allí y no te veo. Sólo veo tus pupilas que taladran sin pudores el fondo de las mías.

Navego por el mar que ofreces, como un velero sin prejuicios, ni más destino que la dirección del viento.

El pulso se acelera. No sé si alegrías o nerviosas emociones circulan por mi sangre.

Una flecha lanzada al vacío... Un rayo en la feroz tormenta. Una sola estrella en la noche oscura.

No sé, no entiendo, no te veo. Algo de tus ojos me invade el alma.

Es un instante apenas, un segundo, y despierto al Mundo.

Estás allí, y pasas, como si todo fuera simple y fácil.

Los relojes retoman su implacable tic-tac y los caminos trazados se separan sin remedio.-

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

 

Me enamoré de niño varias veces.

Sólo sueños sin siquiera un beso.

En mi juventud tuve cien amores.

Escribí cien poesías por cada uno.

Fueron cien, también los desengaños

Escribí cien poesías por cada uno.

Dije que el amor es falso

Y me enamoré de nuevo.-

El torrente me condujo hasta el remanso

En la barca del verso nuevo.

Pero un pícaro río corre fuerte

En cauces de la más pura fantasía

Para decirle al corazón que siente

Y darle vuelo a mi poesía.

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

 

Hay algo que nos une

Y no es la vida.

No es el Mundo

Que seguimos con desgano.

Es un nexo

de canciones y poesía

Que descargan

Al contacto

Nuestras manos.

Pero en el aire cotidiano

Está cautivo

Prisionero de los rumbos prefijados

Y aparece en nuestros ojos

Como Sirio

Un brillo distante y pronunciado.-

Alberto Vaccaro

 

 

Indice de Poesías

 

Tengo las llaves del castillo, y voy por ti.

Paso el puente de tu pupila y camino la senda de  tus ojos.

Estás allí, sin teatro ni armadura, expuesto tu perfil,

Y tu sueño roto.

Lloras, y te acompaño.

Afuera los aplausos, la pintura y los trajes

Del teatro que interpretas con tu vida.

El telón separa silencios del camarín al escenario…

Y de mi sombra a la butaca vacía.

Tengo las llaves del castillo, y voy por ti,

A liberar tu llanto de sus cadenas…

A decirte “Estoy aquí”

Donde sólo los amigos llegan

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

 

Llueve y hace frío.

La noche se termina y el sueño se siente amenazado.

El instante robado tirita al costado de la carretera, repudia sus culpas,

Descubre su espacio, y se esconde.

Hace frío.

El Sol no se verá por las nubes

Y los amores prohibidos reclaman más noche.

Hace frío.

Historias de carruajes y calabazas rondan la madrugada

Vidrios empañados,

Sueños vencidos.

Alegrías extrañas, casi tristes.

Hace frío, y nace el día

Alberto Vaccaro

Indice de Poesías

 

Una tarde lloraste en mi clase... ¿Recuerdas?

Por la cascada azul de tu pupila

Desbordó un río de pena contenida.

Un mar de lágrimas nubló tu mirada

Y se hizo lluvia sobre mi alma.-

Un sueño niño se quebró en tus ojos

De cristal azul, mientras yo,

Como un tonto te miraba

Sin encontrar palabras que decir.

Una tarde lloraste en mi clase... ¿Recuerdas?

Te había visto triste, demasiado,

Y pregunté ¿Qué te pasa?

Por la ventana azul de tu pupila

Contemplé imprudente tu dolor.

Me dije ¡No te metas! Pero era tarde.

Y en el cielo que muestras cuando miras

Me sentí un intruso, quise pedir perdón,

Volver atrás, ¡Pero era tarde!

Alberto Vaccaro

 

 

Indice de Poesías

 

Muerte Primera

La sentí de golpe

en mis adentros

como una gran batalla.

Ella habitándome

llevándome

despojándome en diciembre.

Yo desasiéndome

salvándome

queriendo ser del mundo.

Ella habitándome

escarbándome

como a su sola tierra.

Me vio tan pobre

que deshabitándome

trayéndome a diciembre

me habló de un ramo

y haciéndome de niebla:

vuelve a tus hábitos, Amalia.

Aun es temprano.

Amalia de Figueredo

 

 

Indice de Poesías

 

Primavera

Simplicidad de jardín

hay en tus pétalos sinfonía,

esencias ya olvidadas

de color de dulces días.

Al llegar la mañana

el cielo está despejado

y en las barcas de mis sueños

bordan malvones dorados.

Ya llega la primavera

la brisa trae golondrinas,

con opresión en sus pechos

revolotean las colinas.

Color de trigo maduro

bajo ese cielo de nubes,

es el Sol que nos despierta

para subir a las cumbres.

Primavera: un jardín

de rosas y azucenas;

reverdeciendo esperanzas

para escribir un poema.

Valentina Peña de Gianola

 

 

Indice de Poesías

 

Canto de Amor y de Esperanza

 

Cuando mis huesos descubrieron dolores impensados

y mi corazón - niño lagrimeó en una madrugada,

cuando mis ojos bebieron las distancias y

a la utopía le clavaron una espada, te

 

integraste al paisaje de mi pobre vida con

paso leve y tu mirada de niña enamorada.

Y mi corazón anduvo cantando entre los verdes

y las lunas fueron todas de esperanzas.

 

¡Y te estoy amando! Más allá de dolores y de penas

te estoy amando hasta el borde mismo de las

lágrimas. A los hijos que inventamos y que laten

cada noche detrás de una mirada.

 

¡Y te estoy amando! Con la fuerza del destino

y la palabra. Y estoy aquí en mi morada

palpitando mis días y mis noches con la

luz de tus pupilas en mi alma.

Alfredo Moyano

(del poemario "Cantares")

 

REQUIEM PARA UN AMIGO

 

 

Allí donde el azul se mezcla con el verde

y el fuego rompe entre dos aguas.

Donde la helada eterna quema sombras

y el vuelo nocturnal de un ave, crece,

 

está la muerte en viernes trece

con risa cruel que la desangra,

allí, donde Acuario juega su marcado naipe

y el duende universal llora tristeza

 

un febrero brutal muere en su hastío,

en pirueta mortal, grito al vacío,

que horada siglos de fecundo llanto

para volver en rubia espiga, luz y canto.

 

Alfredo Moyano

 

Indice de Poesías

 

Roberto Villalba

 

Nacido en Pan de Azúcar en 1955, Roberto Villalba es un muy auténtico exponente de la literatura comarcal.

En el mundo de sus versos vive un luchador rebelde con tra las injusticias de la vida.

Implorante. Duro y a veces inflexible. Solidario. Su poesía no se aparta de la realidad, de esa realidad que muchos preferimos ignorar... Pero que nos envuelve sin remedio.

Sin necesidad de quedar bien con nadie, Roberto escribe lo que siente, y como ya lo hemos escrito en otras publicaciones, por profundidad, su poesía merece ser leída más de una vez.

"No puedo cantar el amor

el amor de sangrienta llama

el amor que todo lo exige

el amor que todo lo da.

No puedo cantar el amor

el de las nocturnas llamadas

el de los abrazos infinitos

el de los besos derramados

por la piel, el de la flor

abierta donde se duerme

el jubiloso semen.

No puedo cantar el amor

su misterio, su llanto, su ausencia

su locura que duele, duele...

No puedo cantar el amor

ni escuchar su desesperado llamado

la piel ya no me importa.

¡Ay pero no puedo acallar sus campanas!"

Roberto Villalba

 

No quiero ver

más la miseria

no, ni la ventisca

de las Estaciones

 

Quiero la canción

De las frondas

El amor de los adolescentes

En las esquinas

 

La infinitud de su semen

Prematuro de las horas

 

Rehacer la paz

Con el pez y la luz

Asumir el pan

Y la criatura gris

Entretejida con las venas.

 

Más allá

Del olvido puede estar Ananié

Corazón descubierto

Que en la escala de los días

Se extinguió oscuramente

Patria para tu corazón

de violín insurrecto

que en la vorágine del tiempo

pudo ser amor

pudo ser destino

pudo ser estrella

que rompió a llorar

en caudales de luz

de rosas rojas

infructuosas .

 

Roberto Villalba

 

Indice de Poesías

 

 

Alvaro Figueredo nació en Pan de Azúcar,

el 6 de setiembre de 1907.

En 1932 se recibió de Maestro de Educación

Primaria.

El 18 de Julio de 1935 se casó con Amalia

Barla, maestra fernandina, y del matrimonio

nacieron dos hijos: Alvaro Tell y Silvia Amalia.

Editó su primer libro de poesía en 1936: "Des-

vío de una estrella" . Del mismo año es el pe-

riódico literario "Mástil".

Su segundo libro de poesía ("Mundo a la Vez")

apareció en 1956.

Fue premiado en diversas oportunidades dentro

y fuera del país.

Falleció en Pan de Azúcar el miércoles 19 de

enero de 1966.

 

 

ALVARO NUPCIAL

 

"Junto en mi voz un Alvaro y lo alejo

-hacha de miel- a darme el dulce gajo

donde pende el poema en que trabajo

mi eternidad con dócil entrecejo.

Junto en mi voz un Alvaro y lo dejo

-guija de miel- rodar, Alvaro abajo,

hasta la flor de Amalia en que agasajo

mi eternidad con amoroso espejo.

Si más poema que Alvaro, me escojo,

si más Amalia que Alvaro, me elijo,

junto en mi voz un Alvaro y lo empujo

hasta el celeste niño en que me alojo,

y vuelvo a hablar del término del hijo

mi eternidad con inocente lujo".

-----

 

“Memoria de mi calle” (1956)

 

“Hablo tan poco

buen día

cómo llueve

qué viento

que desgracia

o cada día cada noche un perro

comiendo el digo el te diré el  decía

el hasta luego

el sí perdón vecina

y a veces tanto polvo

de automóvil

tan breve poco pájaro

o amable soledad

qué tarde linda

qué plateada

buen día

equivocado porque estoy tan bueno

porque todo esta ahí

como en la mano”.

 

----

 

“Narciso enlutado”. 1947.

“Abro el umbral del Alvaro en que moro,

junto en mi voz el Alvaro que aspiro.

Doy un Alvaro al aire, si suspiro,

y arrojo al mar un Alvaro, si lloro.

 

Cae del cielo un Alvaro, si imploro,

nace en mi sombra un Alvaro si expiro,

y, Alvaro solo y sin razón, me miro

si Alvaro tanto, a solas, atesoro.

 

De Alvaro tanto, mas que dueño, avaro,

me voy llorando al Alvaro mas duro

para olvidar al Alvaro en que muero.

 

Mas sin quererlo, el Alvaro mas claro

le brindo el cáliz del Alvaro que apuro,

para escuchar los Alvaros que espero.”

 

----

 

"Romance  a Abel Martín”

 

“Hace mil años, un día

al pie del mar de un espejo,

me quedé muerto mirando la sinrazón de mi sueño.

Desde mi voz descendían

gaviotas de pecho negro,

y el mar estaba de pie

temeroso de mi aliento.

Se ahogaba un niño de miel

en  su fulgor pasajero

y me lloraba el cristal

donde yo me estaba viendo.

Mi mar era un niño azul

vestido de terciopelo,

con dos ojos desvelados

mirando mis ojos ciegos.

Le pregunté quien vivía

del otro lado del viento,

y el mar se burló de mi,

con sus razones de espejo.

Así me encontré una vez,

con Alvaro Figueredo,

en un rincón de mi casa

un crepúsculo de invierno.

Mi sombra estaba detrás

de la pared del espejo,

y era el espejo un carruaje

llevándose un niño muerto.

 

Otra vez me puse a hablar

con Alvaro Figueredo.

era un miércoles amargo

y al pie del mar verdadero.

Un ancho toro de espuma

con las pezuñas de fuego,

iba quebrando el crepúsculo

donde yo me estaba viendo.

El mar estaba sin ojos

ese miércoles de enero

y se trenzaban la barba

con los olvidos del tiempo.

Yo estaba solo y miraba

al mar con ojos ajenos.

Mis ojos lloraban lentas

gaviotas de pecho negro.

De mar en mar se escuchaba

el llanto del campanero.

El mar estaba en el mar

y el mar estaba en mis sueños.

Le pregunté quién vivía

del otro lado del viento,

y el mar se burló del mar

como si fuera un espejo.

Los dos quedamos al pie

del mar que nunca sabremos:

Mi voz un poco mas fría

y el mar un poco mas negro.

El mar estaba dormido

soñando un miércoles muerto

Pero yo estaba soñando

durmiendo un miércoles ciego.

Ya nadie sabe quien soy

y en cuanto soy, solo veo

un mar que mira sin ver

las hojas de un mar eterno.

Si yo no fuera quién soy

Pensara que era un espejo”

 

A.      Figueredo

 

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Indice de Poesías

 

 

YAMANDÚ BEOVIDE

(DEL LIBRO "HOMBRE Y NO PUEDO" -1962-)

"Titiritero"

Esta cabeza triste

Esta voz

Estas manos moviéndose sin ganas,

Y más

Estas palabras,

Y más aún,

Estas manos, esta cabeza triste

Esta voz,

Y menos todavía

Este que está debajo

Y dice y dice,

Y la cabeza de madera triste

Y las manos moviéndose sin ganas

Y el ademán pesado

Y menos todavía

Este que a veces llaman Yamandú.

 

 

Indice de Poesías

 

 

 

Perdido por no encontrarte

 

Quisiera hables igual que si estuvieras

Junto conmigo como estabas antes;

Pero el espejo dice que los años

Se llevaron tu risa de otras tardes

 

Tuvimos una vez ,una caricia

Y una luna brillando en la ventana

Una ciudad amparaba en las esquinas

Tu corazón en flor y mi esperanza

 

¿Dónde andará tu paso?¿por qué calles

Caminas hacia nunca? Por hallarte

mi  palabra rescata tu presencia

Yo me perdí también por no encontrarte.

 

He recorrido hoteles desde entonces,

escaleras sin fin he caminado:

esta pieza triste y este espejo

nunca más nos verán entrelazados.

 

Yamandú Beovide

Poeta   nativo de Pan de azúcar

Autodidacta, andariego, director teatral,

Tipógrafo, músico, se radicó finalmente en Montevideo.

Obtuvo en 1970 un importante premio en el 2º festival de la Canción.

 

Indice de Poesías

 

 

AMOR SIN BARRERAS

(Lenir Baute)

Estar a tu lado

es lo mejor que me pudo haber pasado.

Agradezco a Dios el haberte encontrado

y que de mi te hayas enamorado.

Son para ti

los más bellos de mis poemas.

No es preciso que lo mencione,

es suficiente con que los leas.

 

Sentirte ausente

es más cruel que la muerte.

Estoy tan segura de este amor

que sé que nunca voy a perderte.

Me duermo pensando en tu mirada

y no tengo más sueños...

En ella quedo atrapada.

¿Será eterno el amor que nos condena?

Si es así, sabremos

que amarnos, valió la pena.

 

Indice de Poesías

 

Un Ejército en pie

Dragones en hilera formando en la cuchilla.

Infantes que se enraízan cerca del pastizal.

Al viento las melenas grises y alborotadas

en la cinta plateada, bota fuerte calzáis.

 

Soldados en ¡Descanse! Desde hace más de un siglo.

Ni avanzan ni se vuelven. Callados siempre están;

marcando su presencia aquellas viejas rutas

donde el veloz viajero jamás ha de pasar.

 

Se advierten desde el llano coronando las lomas,

bajando las laderas y volviendo a trepar.

Dan sombra al caminante que pasa por su vera

aspirando su aroma rústico y natural.

 

Eucaliptos altivos donde filtran los vientos

y rayos vespertinos se posan a jugar

en los atardeceres tibios y rumorosos,

como broches preciosos de luz crepuscular.

 

Habrán otros caminos más anchos y lujosos,

más cómodos y abiertos, más fáciles de andar,

pero vosotros seguiréis dando abrigo

a angosto derrotero que no quiere cambiar.

 

Yo miro la cimera ¡Imán irresistible!

Comprendo que al progreso podréis quizá estorbar,

pero seguid enhiestos, firmes, quietos y austeros

mientras me quede vida, mientras os pueda admirar.

 

Wilma Pereira de Vaccaro

30/7/1991

 

Homenaje

 

Tú, Juana la rica de sueños y amores,

de oscuros cabellos y agrestes aromas

 

Tú, la Juana nuestra, que alabó el rocío,

le cantó a la tierra, al árbol y al río.

 

¡Qué fresco tu verso todo primavera,

pleno de esperanzas tu rico rimero.

 

Tú la joven clara, de andar peregrino

de dedos con rosas, de higueras y trinos

 

Princesa en un día glamoroso y fasto

senda de violetas, trompetas en alto.

 

Tú, Juana la hermosa, tú, la más florida

la que sólo loas  regaló a la vida.

 

Juana la de América, Juana la colmada

y Juana la sola, la casi olvidada…

 

Juana luz y sombras, para ti mi canto,

dama de las letras, de estrellas tu manto.

 

Wilma P. de Vaccaro

18/3/2010

 

 

Älvaro y la hoja final

 

Una flor para el poeta Álvaro Figueredo

 

La hoja eterna cayó tan de repente

desdeñando  al muchacho en la calzada,

al abuelo y a  aquel sufrido enfermo

para llegar hasta la austera casa.

 

Cayó así sin aviso, muy de prisa,

lo despertó del sueño de la siesta,

para mostrarse bien, ocre, precisa

anunciándole un  cruel dormir  sin tiempo

 

Había olvidado al miércoles de enero

que una tarde escribiera de su puño.

no la esperaba ahora, de sorpresa,

y quiso rebelarse, mas no pudo

 

 

Creyó salvarse en la ruleta rusa

o ser mago soñaba un mediodía

Pero no hoy ¿cómo llegó la intrusa

si esta tarde feliz, él se sentía?

 

¿Y ahora qué? Ya sin tiempo ni alborada

sin Amalia y ella sin él ¿qué dejaría?

Un testamento inédito de cantos,

una lira, una musa, su poesía….

 

 

De un mañana de luz, le habló su madre,

y hoy olvidado acaso, se evadía

Dios en su niñez quedó guardado

pues mil dudas  hoy siempre sacudía.

 

Y la hoja severa que pensara

cegó sus ojos ahora para siempre

y con vergüenza de morir, su cara

escondió tras la losa gris e inmensa.

 

Wilma P. de Vaccaro

 

A RUBEN DARÍO

 

 

Cuánta mujer deseara haber sido Francisca,

para darte ternura, para calmar tu mal,

pero fueron las huellas de Eulalia o Carolina

las que jamás dejaron secar tu manantial

 

Hay un niño en tu pecho cuando derramas flores

y lloras los insomnios de las noches sin calma.

Débil hombre, caíste en redes tentadoras

que rasgaron tus carnes,  y golpearon tu alma

 

Ay! Darío, la vida te impulsaba hacia Eros

Tú gustaste cien  bocas, quizás buscaste más,

pero algo te faltaba y acentuaba tus miedos

mientras en finas copas bebías el champán.

 

¿Besaste a la princesa prisionera en sus tules?

Recóndito palacio la guardará sin duda,

pero en horas oscuras hubo mujer y musas

para acallar pasiones ,sin dulzor ni ternura.

 

¿Quién como tú ha logrado sangrando regar rosas

y sacar del carbono  las luces más brillantes?

Quién pudiera palabras selectas y preciosas

esparcir en las hojas blancas y sollozantes

 

Pero el alma sensible no te marcaba rumbos

aunque obsequiaras  broches de fina pedrería.

Alhajas tus palabras cual tu sentir fecundo,

que lucirse pudieran en cara joyería.

 

 

Fue tu lira tan rica que envidiarla pudiera

inspirado poeta con el más alto vuelo.

Pero tú fuiste uno, tu vida y tus quimeras

te dejaron desnudo en tu busca del cielo.

 

 

Tu pluma venció al tiempo, al viento, a las edades,

Mas recojo con pena las dudas del mensaje.

Tu juventud perdiste, tu esperanza temprana

quedó allá entre la brisa que refresca el boscaje.

 

Aunque admiro tu numen no he de beber tu savia,

mi sendero fue grato, sin espinas, con paz.

Son mis giros muy lentos, tengo cortas  las alas

y dejo  grises versos, cada tanto, al azar.

 

 

Wilma Pereira de Vaccaro

5 de setiembre de 2007

 

Indice de Poesías

 

 

APREMIO

 

En mi ayer se confunden  las hojas con el tiempo

y yo juego con ellos, los detengo.¡ Son míos!

El cielo lo es también, el campo y la ribera,

el arroyuelo,  el niño, el pájaro y sus trinos

 

De repente furtivo un viento huracanado

se vuelve mi oponente, y  agresivo  disputa

las verdes hojas, y el tiempo que se escapa,

y me empuja impaciente , dolida  por la ruta.

 

 

Y yo que dueña ayer  me creí del Universo,

siento  ahora  pasar el tiempo huraño y frío,

y corro, río y sueño, y lloro con apremio

antes que la última hoja, cubra el caudal del río.

 

Wilma Pereira de Vaccaro

 

No sé por qué te elijo

 

Tu nombre es de mujer, así lo creo,

y te  he elegido abril entre los doce.

Ni siquiera he sabido  los por qué

Eres la primavera o el otoño

con aroma de rosas si estás lejos

o con hojas al viento si me tocas.

Abril indefinido, amor de mil poetas

que recuerdan a la chica joven

o a la dama que no pensamos vieja.

Primavera u otoño, casi apacible,

no tuviste en mi vida sitial privilegiado

tal vez no fuiste nadie, ni una nota

señalé en tus días de almanaque

ni bodas, cumpleaños, ni festejos

Más yo les debo a julio y hasta a enero

por ser  más benignos con mis” nanas”

Sin embargo te nombro como a octubre

aquel mes que me llenó de ilusión y de nostalgia

Él fue el mes de amor, florido y recordado

tantas veces amado, ¡tan colmado!

Y tú que no me diste ni perfume ni flores

es el nombre que elijo, y te perdono

por llevarte a mi muerto, al  compañero,

¿A quién  puedo culpar por su partida?

Él se iba de a poco, en otros meses

y quizás te eligió para dejarme un tres

cualquiera que estuviera libre

No tuviste nada grato para darme

me  dejaste un ¡Adiós! En una tarde.

Wilma Pereira de Vaccaro

 

 

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Luis Alberto Quevedo es un poeta nacido en San José de Mayo, pero desde hace años radicado en Piriápolis. Lo valoramos como un escritor en permanente búsqueda de superación, y como un ser humano dotado de gran voluntad para ir derribando barreras económicas y llegar a sus lectores ya con varios libros, pronto con una nueva entrega.

En "Desde el Corazón" encontramos:

SOÑADOR

Soy un vagabundo errante

Soy un pobre soñador

Que navego por los mares

Pensando sólo en mi amor.

Solitario por las calles

Solo con mi soledad

La mirada indiferente

Perdida en el más allá.

Mi barco no tiene puerto

La esperanza es el timón

Los compases de los remos

Son los de mi corazón.

Ella me estará esperando

Y yo no podré volver

Si el engaño es la distancia

Más lejano es mi querer.

Vagabundo a mí me dicen,

No comprenden mi dolor

Si me ven sucio y cansado

Por el precio de mi amor.

En mis noches de delirio,

Me parece hasta soñar

Con su carita de niña...

Es muy cruel el despertar.

 

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Raúl Montañez, fue uno de los excelentes poetas que ha dado el departamento de Maldonado. Del libro "Pajarillos de Papel" extraemos:

TARDE DE LLUVIA

Estoy mirando a un niño jugar bajo la lluvia

Quiebra con sus manitas los espejos del agua

Tiene los pies descalzos, tiene el alma desnuda

Y un cascabel alegre brincando en su garganta.

El niño juega y juega desbordado de vida

Y de su propia risa se ríe a carcajadas

Vencedor del silencio en premio a su alegría

Una nube de plomo le regala una lágrima.

Estoy mirando a un niño reír bajo la lluvia

Yo bebo de su risa detrás de mi ventana

Y qué bien que me hace para mi sed madura

Después de haber vaciado mi copa de nostalgia.

Yo también cuando niño jugué bajo la lluvia

Ahora, viejo y cansado, me pesa tanto el tiempo

Que mientras ria el niño, yo respiro ternura

Porque casi no puedo sostener mis recuerdos.

 

 

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Gloria Quesada Manzor es una mujer joven, pero su inclusión en este espacio se debe a su pasado.

Años atrás recibimos "Muñecas y Letras", un libro que Gloria publicó en 1978 con la recopilación de textos escritos desde sus siete años de edad. En particular uno, que escribió cuando tenía diez años, nos emociona profundamente:

BENGALA

Lo trajo mi empleada. Era una suave pelotita negra, en cuyo interior latía un pequeño corazoncito. Abrió los ojitos, me miró. Me brindó todo su afecto a través de sus pequeños luceros. En esa mirada me di cuenta que sería mi mejor amigo.

El tiempo pasaba y Bengala crecía.

En las tardes de sol corríamos por el campo; a veces nos bañábamos en la laguna más cercana.

Los días de lluvia lo pasábamos frente a la estufa, jugando con una pelotita de goma roja.

Bengala cumplía ocho meses.

Una mañana me levanté precipitadamente a verle y...

¡Qué horror! No lo podía creer: Dios se lo había llevado.

Dormía el sueño eterno del que nunca despertaría.

Me arrodillé ante él, lo besé. Una lágrima hacía temblar mis ojos, parecía una prisionera que quería salir de su celda.

La lágrima estaba a punto de deslizarse por mi mejilla cuando de pronto, algo la detuvo: un poco de felicidad entró en mi corazón y con amor lo miré y me dije:

¡Mi Bengala! Pensar que Dios lo vino a buscar a él, a mi perro, para llevárselo, ¡Qué gran orgullo que se haya acordado de él!

¡Mi querido Bengala!" Dios se lo llevó a conocer el maravilloso mundo del paraíso.

Desde entonces, por las noches, antes de acostarme, le pido a Bengala que ayude a toda la gente buena y humilde del Mundo, que casi siempre pagan las consecuencias por los males de los demás, que ninguno tenga más que otro, pues tenemos derecho a lo mismo: todos somos hermanos.También le digo que dentro de un largo tiempo nos reuniremos y los dos podremos disfrutar de la maravillosa vida del paraíso.

 

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1907 - 100 años de Alvaro Figueredo  - 2007

El poeta Alvaro Figueredo nació en Pan de Azúcar el 6 de setiembre de 1907.

En 1932 obtuvo el título de Maestro de Enseñanza Primaria.

El 18 de Julio de 1935 se casó con Amalia Barla, maestra de la ciudad de San Fernando de Maldonado.

En 1936 editó su primer libro de poesía Desvío de una estrella, y el periódico literario Mástil.

Se le reconoce la iniciativa e impulso para la  realización del 1er. Congreso de Escritores del Interior, realizado en 1938 en el Ateneo de Montevideo.

Colaboró durante años en la revista escolar El Grillo, editada por el Departamento de Publicaciones del Consejo de Enseñanza Primaria y Normal, trabajos recopilados en el volumen Estampas de nuestra tierra, bajo el título de Diario de Goyito.

En 1944 dio lectura ante la Piedra Alta de la Florida, a “su Canto a la Independencia Nacional”.-

En 1946 recitó en Colonia su “Oda a la Paz después de la Victoria”

También en 1946, su “Canto a Iberoamérica” fue  distinguido con Mención Especial en los “Juegos Florales de México”.

Su segundo libro de poesía Mundo a la vez apareció en el año 1956.

En 1964 fue designado miembro correspondiente a la Academia de Letras del Uruguay.

Falleció en su casa de Pan de Azúcar en la tardecita del miércoles 19 de enero de 1966.

(extraído de la Biografía del libro Poesía)

 

Alvaro Figueredo fue, antes que nada, un habitante de Pan de Azúcar y frecuentemente de Punta Colorada. Nacido en la ciudad que fundó, entre otros, su abuelo materno, profesó un gran cariño por sus calles y su plaza, por sus niños y adolescentes.

“Pueblo Mío, profundamente mío…” (La Canción de mi Pueblo Azul) pinta con claridad ese sentimiento veinteañero, que evolucionado, sazonado con los años y la madurez espiritual, reaparece en el discurso leído ante su gente el día en que Pan de Azúcar fue declarada Ciudad en 1961.

Poeta no fue su profesión, sino su naturaleza. El “ABC del Gallito Verde” conjuga esa esencia escritora con el amor por los escolares, y testimonios de sus alumnos reflejan la autoridad natural de su sabia presencia en el aula.

Alvaro Figueredo es también recordado por sus magistrales clases de Literatura en Educación Secundaria. Dueño de una valiosa biblioteca y de sus mensajes, Alvaro fue catedrático cuyos apuntes podían ser utilizados a niveles universitarios.

Apático, poco comunicativo, tal vez introvertido o tímido en su relación diaria con los vecinos, abría su cuota de expresividad cuando la pluma jugaba sin barreras, casi surrealista, sobre el papel.

Amante de la libertad, consecuente con su tiempo generacional en los mensajes de contenido latinoamericano, comprometido con su tarea docente, pero más con circunstanciales olas de inspiración… Solía recluirse en geniales paréntesis creativos, de los que surgió un legado del que poco existe publicado, y en el que habrá que bucear años para rescatar, seguramente, muchos libros más.

 

Alberto Vaccaro

MARY LAGRESA BERTRAND

 

 

ALVARO DICE

 

 

A la memoria del gran poeta pandeazuquense Álvaro Figueredo

 

Mary Lagresa Bertrand  (poeta autora de este bello poema)

 

 

 

La celeste heredad su mano lleva

A intocable lugar que acaso dijo

Y al pie de la escalera le pregunto

Por el labio creciendo a cielo fijo;

 

Por el clavo de sangre estremeciéndose

Por la piedra y el ay del triste-triste

Por la flor y un apóstol deshojándose

Por el pan y un silencio que no existe;

 

Al pie de la escalera le pregunto

Por la voz que se escucha indoblegada

Por la pátina el velo de la esfinge

Los veranos que gritan y las lágrimas;

 

Por el pálido beso por el río

Diecinueve de enero en la muralla

Repentino de ingrávida ternura

Tierno de repentina campanada;

 

Al pie de la escalera le pregunto

Por la góndola el palco y la manzana

La teatral dimensión la lluvia leve

La tentación la rosa atribulada;

 

Un tanto así de viento sobre el mundo

La soledad los hombres de la fábrica

Las nueve sin final y el pasadizo

Cuando llora la Sierra de las Ánimas;

 

Desde el laurel temible le pregunto

Por la rótula el cirio y la ventana

Las muchachas de miel y de jacinto

Alvarísimamente sollozadas;

 

Al pie de la escalera le pregunto

Por las cosas que había en su mirada

Y él las vuelve a decir inmensamente

Y de otrísimas luces se levanta.

Mary Lagresa Bertrand

 

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BLANCA LUZ BRUM

 

¿SABES DE DÓNDE VINE?

 

 

¿Sabes de dónde vine con mis ropas sencillas?

Con el alma y el cuerpo saturada de aromas

De tréboles, de malvas, verbenas y gramillas

Y en los ojos las curvas perfectas de las lomas?

 

Yo vine de los campos que dora el sol ardiente

Donde forja el labriego el pan de cada día

Arrojando a los surcos la bendita simiente

Mientras juegan sus hijos en la blanca alquería.

 

Donde salta en las sierras las aguas cantarinas

Tan puras y tan claras que asomándose a ellas

Maravillada he visto mi alma en esas cristalinas

Aguas;¡y la tenía toda, tachonada de estrellas!...

 

¿Sabes de donde vine

Yo vine de los campos que dora el sol ardiente

Donde todo es sencillo y más bueno se siente.-

 

 

Año 1927   Del libro “Las llaves Ardientes” de

Blanca luz Brum    (Poeta pandeazuquense)

 

 

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Marita Pacheco de Blois

 

Banda de mi pueblo

 

Cuarentaisiete sueños despertaron

al gigante de su cerro

y dio el bautismo

a la marcha de esperanza

Al andar de la fe!

que dibujado en un azul y blanco

marcaban su nombre: Pan de Azúcar

 

Cuarentaisiete sueños redoblaron

en sus calles

Cuarentaisiete sueños llamaron a juventud!!

y se quedó prendida en el aire

la banda de mi pueblo

en su plenitud

Marita Pacheco de Blois

 

 

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Liliana Riva

 

Belén

 

Canciones de vida nueva

que emitirán las estrellas

en la dulce primavera

del amor, que hará su huella.

 

Un canto sutil, alado,

detendrá el caos mundano

¡Hoy ha nacido el signado

Conductor del ser humano!

 

Su iris de azul intenso

la enhorabuena predica

El mismo amor es. Se entrega.

 

Dan sus soles gran suspenso

al orbe mueven y excitan

del amor al centro llegan.

 

Liliana Riva

 

Tierra natal

 

He nacido en la diestra del cantor

río baluarte de mi país natal.

Las aves me legaron su volar

que más tarde se hizo eco, cielo y sol.

 

Aquellas que le cruzan, encantadas,

por rumores que disipan su caudal,

purifican el lenguaje que recoge

los misterios y los fénix de su ser

 

Las acacias y los sauces impregnaron

en mi estrella la esperanza y el calor.

Esos ecos, en mi alma se fundieron

en soleadas caracolas de canción.

 

Es la indómita esperanza que ya emerge

en sus costas como hermanas, al confín

de amores y promesas, que suceden

bajo un cielo con estelas de rubí.

 

Hoy lo veo alborozado en canto y juego

con diamantes que afinan su poder.

Dan las gotas danzarinas, en gorjeos,

como siempre ¡Juventud, amor y sed!

 

(Liliana Riva)

 

Poema III

 

Sentir tu presencia en el viento

y el frío,

Templar tus latidos en el leño prendido;

escuchar en el eco el son

de tus palabras;

embriagar mi linaje de la paz

de tu alma…

Perdurar tus encuentros…

Contemplar un recuerdo…

Fundirse en el silencio…

Liliana Riva

 

Poema V

 

Y marca el reloj las vetustas horas

que camino quieta

Horas repletas de mis sentimientos.

Horas de llanto y monólogo abierto.

Horas que surcan un mar

hacia un puerto.

Horas lejanas, distantes del tiempo.

Ratos inertes de estruendo interior.

Diáfanas vivencias…

Letargos rosados.

Canciones sin eco,

que a nadie se van.

reloj que has estado la vida

en la tierra

Voces que me acercan a la eternidad.

Liliana Riva

 

 

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Daniel Omar Pereira

 

BIOGRAFÍA DEL ALMA BIOGRAFÍA DEL ALMA QUE NACIDA

SE TRANSFORMA EN PALABRAS DE EXPRESAR

UNA SOLA PALABRA EN MUCHAS OTRAS

TRATANDO DE DECIR LO QUE ES “AMAR.”

EN LA RESPUESTA FIEL QUE ESTÁ ESCONDIDA

JUNTO A UN VERBO DIFÍCIL DE OCULTAR

EN AQUEL “VERBO” NACE TU EXISTENCIA

TU HERMOSA BIOGRAFÍA PERSONAL

CAMINANDO EN “EL TIEMPO” QUE ES TU HERENCIA

SIGUES LA MISMA HUELLA UNIVERSAL

Y TE CUESTA ACEPTAR QUE VAS DEJANDO

EL DESTINO DE TODO SER MORTAL.

BIOGRAFÍA DEL ALMA HACIA OTROS MUNDOS

TU ETERNA BIOGRAFÍA PERSONAL.

 

Daniel Omar Pereira

 

 

 

Estirpe de poetas

8/11/83

Daniel Pereira

Estirpe de poetas olvidados,

ausentes para aquellos

que no saben.

Romance espiritual ¡que nunca muere!

Incomprendidos quizás por la ignorancia,

usándola de juez a su dictamen.

ubicando a los poetas y sus poemas

en la sentencia cruel de la

distancia,

Diciéndoles de sí, -¡Son acusados!

-De qué? (pregunto yo)¡de qué se

Les acusa?!

Si en pleito los poetas justifican

la ausencia, el olvido, la ignorancia

y en todos sus poemas, ”Un abogado”

Daniel Pereira

 

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Jordán Civila

 

Caminos

Por esa grieta polvorienta anduve,

modulación de horas perdidas

SÍ. Era feliz con mi sombra a solas,

con mi sombra a espaldas, al costado, enfrente.

Ella bailaba todos mis pasos,

siempre callando, siempre mi duende.

También fui antorchas de serranías

donde los gritos huyen al viento

Y fui peregrino por las umbrías

mansas y pobres que nadie entiende.

Crucé los lagos y los arroyos

y hasta del río fui penitente;

bañé mi cuerpo con mucha herida,

sangré por noches la mala suerte.

Ahora me tienes, limpio, cercano,

trayendo el oro tan prometido.

Ven y acompasa todos los pasos.

Sé compañera de mis caminos.

 

 

Jordán Civila

( carolino)

 

El Viaje

 

Arde en el hogar crepitante leño

sándalo y mirra en azules velos,

queman sus cuerpos en voraz anhelo

de aromar las reliquias del ensueño.

 

Canta en la opalina luz, el risueño

recuerdo de un amor que fue modelo,

y grave y dulce en majestad de vuelo,

torna su encanto a florecer sedeño

 

Caminan en la sombra de la estancia

los duendes del pasado más querido

mientras pierde la llama su arrogancia…

Y en un suspiro grave entristecido

muere el ensueño que perdió fragancia

y termina el viaje preferido

 

Jordán Civila

de San Carlos

 

 

Quiero pedir

Jordán Civila

 

En el paupérrimo reino

de mi alma, un erial

yermo, reducido,

va en cintas destrozadas

envolviéndose y atándose.

¿Qué puede llevarse de este viaje? Nada.

Siempre así. Pido

una limosna de treguas,

un lago azul,

esa alfombra de mullidos pastos

y el poder del olvido

para el fracaso, para el rencor.

La grandeza del perdón

para mí mismo.

 

Jordán Civila

 

Sepulcro

 

Jordán Civila

Seud. Ciril Davanjo

 

Bailan las sombras…¡Compañeras fieles!

festín de comensales insaciables,

preparan un disfraz inalterable

a la enorme estatuaria sin laureles.

 

Sobre invierno, desnuda de sus pieles

mi blancura privativa e inmutable,

mostrará con sonrisa inexplicable

un ánfora sin ácidos ni mieles.

 

Hueca armazón ¿Quién descubrir sabía

el moho de lagares que envolvía

a tus formas sarcásticas y puras?...

 

¡En tu sueño, sin tiempo y sin aurora,

eres verdad eterna que atesora

la armonía inefable de la altura!

Jordán Civila

 

 

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Élida B.Acosta de Civila

 

En San Fernando de Maldonado

 

Ancestrales jardines perfuman el aire

renovado de ayeres fernandinos

y una pléyade de ágiles vivencias

estremecen mis sueños cautivos

 

Hay como una caricia  dormida

que tendida a lo largo del camino

se despierta, y me alcanza la frescura

de las calles aquellas, sin olvido

 

Hay contornos aún que alumbran

el recuerdo nostálgico y cristalino

de las horas más cálidas y plenas

que en ensueños el alma ha vivido

 

¡Siento en sus viejas calles, sonoridades

de una música antigua que llenó de infinitos

mis anhelos de vértigos azules

y la rosa encarnada, del amor en cultivo.

 

Élida B.Acosta de Civila

Educacionista y poeta fernandina

 

Al encontrarnos tú y yo

 

Élida B. Acosta de Civila

 

Fue nuestro roce, roce de transparencias

puro e intangible, pleno de azul.

Tensas tus alas, rítmico el canto,

tú eras la vida, mi sueño, mi luz

 

Un concierto de astrales sinfonías

preludiaban las almas al vibrar

la inquietud de mil sueños que serían,

tus sueños y mis sueños…¡Nada más!

 

Así enlazado el vuelo nuestras ansias

fuimos la nota lírica de un cantar,

cifrada en el celeste pentagrama

de lo etéreo, que dio fin a tanto esperar

 

¿Recuerdas era tarde de Primavera;

en el ambiente un aire de tisú,

y desde el alto un Hado que inspiraba

en el espacio ¡nuestra cita azul!

 

Élida B.Acosta de Civila

Educacionista y poeta fernandina

 

 

 

 

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Margot Bonilla de Rosa

 

Ciudad de Pan de azúcar

 

Tú ciudad, tú señora, Pan de azúcar,

la de mi inquieta infancia campesina

embriagada de zumos y de cantos,

en la morada gracia de las uvas

y el sonoro alboroto de los pájaros.

Tú, ciudad,

el Pan de azúcar del abuelo anciano

que con otros varones te hizo pueblo,

el de mi padre sencillo y laborioso

que no estaría presente para verte

en la etapa ascendente de tu historia,

el Pan de azúcar de la escuela nuestra

la de la siempre igual fisonomía.-

En torno de ella se detuvo el tiempo.

¡Hoy, ciudad, ¡Pan de azúcar!

si parece que ayer cazara pájaros…

¿lo recuerdas Santiago?

Tu cardenal con su copete rojo

como una viva brasa  que alumbraba

las sencillas mañanas dela infancia.

Íbamos por los senderos de las viñas,

Tú con tu jaula al frente

Buscando entre los surcos paralelos

al cardenal que no cazamos nunca,

y yo, con mis pequeños cuatro años

me distraía haciendo a los racimos

un búcaro de rosas con las manos,

olvidando que íbamos de caza.

……………………………………….

Hoy te veo, ciudad, entre los cerros

que circundaban la coqueta aldeana

que el cristal del arroyo reflejaba

con el primer rubor de la mañana,

como una flor pequeña y campesina

que la mano de Dios acariciaba.

Desde la cumbre de tu cerro altivo

levantando su diestra de azucena.

Él bendiga tu ayer y tu mañana!

 

Margot Bonilla de Rosa

 

(Este poema aportado por su primo Ricardo Leonel Figueredo era inédito todavía en los  años ochenta. Fue escrito en 1961.Nieta de Francisco Bonilla, estaba radicada en Maldonado)

 

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Isabelino Pérez Sierra

 

Décimas de los diez

 

Gerardo, que en los diez años

de vida que vas llevando

sigues franco conquistando

entre amistades y extraños,

los lauros de los escaños

de tu tan querida escuela,

la que siempre se desvela

por darte conocimiento

abriendo tu entendimiento

dejando en tu alma su estela.

Hoy te saludo en tu día

confiando en que has de seguir

un fecundo porvenir

que te llene de alegría

luchando con valentía,

para obtener la victoria

que trae junto con la gloria

el noble afán de ser bueno,

y ánimo siempre sereno

para tu eterna memoria.

Y sin cortesías vanas,

con mucho orgullo tu padre

y con emoción tu madre,

desde las horas tempranas

se unen a tus hermanas

para rendirte homenaje,

porque te ven con coraje

 

para hacer frente a la vida,

y ven lindo en la subida

tu victorioso carruaje.

La vida se te presenta

con muy singular destello,

ya que vivir es muy bello

que al alma inunda y contenta,

porque estando siempre atenta

a obrar por doquiera el bien,

sabe que tiene también

el crisol de la entereza,

redoblada fortaleza,

valdrá siempre cien por cien.

Yo quisiera conquistar

una a una las estrellas,

tener las flores más bellas

para poderte obsequiar,

mas me habré de conformar

con mi presente sencillo

que no tiene mucho brillo

pero llega al corazón:

que no intenta ser canción

ni seco canto de grillo.

Isabelino Pérez Sierra

Cura párroco

1984

 

 

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Margarita M. de Bonilla

 

Dios te lo ha dado

 

El sol que te acaricia y que te besa

El agua que florece en tus espigas

La aurora que amanece en la belleza

de una mañana azul, plena de vida

 

El ave que se esconde en la maleza

Y te ofrece sus dulces melodías,

Esa luz que encendida en mil estrellas

Irradia su fulgor en tus pupilas.

 

Esas flores que embriagan con su esencia

Y en colores alegran y acarician

Esa canción sutil que te embelesa,

Ese rayo de luz que te ilumina.

 

Esa frase de amor (sedante entrega)

Cuando el dolor nos hiere con su espina,

Esa mano que tiéndese sincera

Cuando sin reclamarla la precisas

 

Todo es obra de Dios que en su grandeza

Nos acerca su dádiva divina,

Porque hasta en una lágrima comienza

Ese caudal de amor que nos dio vida.

Margarita M. de Bonilla

 

 

 

 

 

 

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Orlando Cabrera Plada

 

 

Alegoría marina

 

El mar torna la hoguera celeste del ocaso

en múltiple ceniza con su infinito abrazo

y artífice pagano, con prodigioso alarde,

convierte en leves tintes el brillo de la tarde.

Para la isla grávida de leyendas y trinos

ofrenda la bahía sus pórfidos marinos

 

Y mécese el velamen de un balandro a lontano

entre las quietas aguas y el cielo del verano

Se esfuman con el día los tenues litorales,

un mago en el poniente despliega sus cendales

y es todo este paisaje mi único universo

para el ardor del alma, para el decir del verso.

 

A Poseydón presiento, Nereida me enamora

cuando barquero en tierra, la proa bogadora

a navegar me incita hacia ignorados puertos

por soledosos orbes, por confines inciertos.

 

Pero a la extraña ruta donde el albur impera

prefiero, nauta en vilo quedarme en la ribera

gozando de natura la cósmica armonía

de ritmos y colores , eterna sinfonía,

encantamiento sumo que ahuyenta la cercana

desmesurada espuma de la apariencia vana.

 

Si a elegir me dieran las maravillas del mundo

Elegiría este mar rutilante y profundo,

que atrae a los petreles, los líquenes se lleva

y a los nimbos costeros incesante renueva.

 

Cuando Neptuno apaga la luz crepuscular

me guía su tridente hasta la estrella polar.

 

Orlando Cabrera Plada

 

Exhortación

 

Viajero, Quédate en San Carlos. Su gente tiene

casa hospitalaria y franca, pródiga la mesa

y el lagar terruñero del corazón, contiene

el balsámico y puro licor de la nobleza

 

Quédate en San Carlos. Fluye aquí la vida, canta

la forja del trabajo que alegra y que recrea,

es honrado el esfuerzo que el músculo agiganta,

límpia como molienda la mente que procrea,

 

Quédate en San Carlos. Dialoga el tiempo en paz

con voces de su ámbito cordial y generoso.

Aula, taller y máquina en comunión feraz

tornan el pasar útil y el rumbo provechoso

 

Quédate en este lugar bucólico y dorado

como un paisaje en versos de Virgilio el latino,

Remanso para el triste del ánimo agobiado,

posta para el caminante harto ya de camino.

 

Afíncate viajero en esta tierra mía,

raíz de mis abuelos, reposo de mis muertos,

ciudad donde los sueños palpitan todavía…

los pulsan mis recuerdos, tan hondos y tan ciertos.

Orlando Cabrera Plada

 

Indice de Poesías

 

 

Fabiana Danta

 

Suspiro

 

 

 

Dos pares de duendes niños

muy curiosos y apurados,

han penetrado en el alma,

de fresca brisa colmados

 

 

Un secreto han descubierto;

el más oculto y soñado,

y con sus alas de seda

del corazón lo han llevado

 

Lo han colocado en un cofre

con él los cuatro marcharon,

para mostrárselo al mito

que ese secreto ha inspirado.

…………………………………

Pronto han de volver los duendes,

sin carga y muy fatigados,

y dirán que el señor viento

con el cofre se ha quedado

 

Ya sigue pasando el tiempo,

ya sigue el viento apagando

la dulce voz de un suspiro,

suspiros de enamorados.

Fabiana Danta

 

 

Indice de Poesías

 

 

Loreley Molinelli de Cabrera

 

Rescoldos

 

Puedo decirte mil cosas,

tantas que ni imaginaras,

y tú nunca las sabrías.

Pero sé que a tus oídos,

mis frases no llegarían.

Y no es tan sólo decir,

puedo sentir como tantas

otras veces ya sintiera,

esa tierna sensación

que me invade en tu presencia.

Puedo decir y sentir.

Puedo amarte en mi inconciencia

Puedo inundarme en sentires

Y en pasiones turbulentas,

que tú nunca lo sabrías.

Mi voz no tendría respuesta.

 

Loreley Molinelli de Cabrera

 

JAUREGUIBERRY

 

Añoro a Jaureguiberry,

tibia cuna de mi infancia.

Sus juncales agitados

con sus penachos de lana;

los médanos, con sus faldas

siempre pulidas y blancas.

Añoro sus callecitas

con barro y charcos de agua,

sus lagunas cristalinas

hogar de grandes bandadas.

Y aquellas interminables

y apacibles caminatas:

Húmedos pies en la orilla,

revolotear de gaviotas

y un rumor dulce y constante

de alas en cantos del Plata.

Jaureguiberry has dejado

toda mi  vida impregnada,

con la natural belleza

que siempre nos circundaba.

Tus pinares con sus trinos,

tus noches de luna clara.

El silencio de la noche

quebrado en cantos de ranas;

y toda la magnitud

del rayar dulce del alba.

Mediodía esplendoroso

con un rabiar de chicharras

y atardeceres de dulce

melancolía marcada.

Te añoro Jaureguiberry

añoro tu dulce calma

 

Loreley  Molinelli de Cabrera

 

 

Indice de Poesías

 

 

 

Julio Báez Umpiérrez.

 

 

Exasperación interior

A Van Gogh

Cielo azul, cielo gris, el aire corta como cuchillos

Noche negra, luna roja, las estrellas son lágrimas plateadas

¿Dónde está el mundo en este instante?

¿Dónde el trigo, dónde la rosa, dónde la brisa?

El viento es un látigo sonoro

Los árboles se encrespan y silban

La tierra gime y revuelve sus entrañas oscuras

¡Mirad el sol henchido de fuego!

Mirad el mar y su delirio azulísimo!

Mirad esa flecha de gaviotas

que se clava en el centro exacto de mi alma

Julio Báez Umpiérrez.

1977

 

 

Indice de Poesías

 

 

Elena Silva

 

 

LAMENTO

Por todo lo que se piensa

Por todo lo que se expresa

Por aquello que se arraiga

Y no nos deja

 

Hoy lamento…

 

Por todo lo que se gana

Por todo lo que se pierde,

Por aquello que sonr{ie

Y luego miente

 

Hoy lamento…

Por aquella flor que se quiere arrancar

Y está  lejos

O por cierto sol que se quiere alcanzar

y…!no hay medio capaz de entendernos!

Ni cielo, ni viento que escuche:

¡Qué inmenso es el mar!

¡Qué alto el amor!

¡y qué poco el tiempo!

Elena Silva

 

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Gaby  Ana Rojas

 

Soledad

 

Esta soledad me va creciendo tanto

que la veo como cosa tangible y voluntaria

La siento en todo este espacio

y en todo este tiempo

La siento enlazarme y enroscarse en mí

como algo conocido.

La siento sin pudor deslizarse en mi cama

y en mi almohada

La siento arrimarse a mí en cada momento

como esa amiga indeseable y presurosa

La siento llegar desde el olvido de todas mis cosas

y de todos mis días

La siento llegar desde mi ayer cercano

hasta éste tan nuevo

y tan suyo.

 

Gaby  Ana Rojas

 

 

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Fabiana Martirena

 

Un día te querré. Un día. ¿Cuándo?

 

Un día te querré. Un día ¿Cuándo?

No lo sé ni me importa todavía.

Tan segura de amarte, estoy, un día,

Que ni anhelo, ni busco. Voy andando

Mi mano que la pena va ahuecando

Hoy reposa, indolente, blanda y fría.

Un día te querrá, hoy sólo ansía

Encerrarse en la tuya, descansando.

Mi amor sabe aguardar, no es impaciente

Su deseo es arroyo, no torrente

Que hacia ti con certeza sigue andando.

Y una tarde cualquiera y diferente

Me ha de dar a tu amor serenamente.

Un día te amaré ¿qué importa cuándo?

 

Fabiana Martirena  15 años  Posiblemente año 85

 

 

VOLVERÉ

 

Cuando ya todo sea todo gris neblina

Cuando ya no haya nada que hacer

Volverá otra vez la golondrina

Volverá en tus brazos a caer

Triste, desorientada, garúa fría,

Abandonada, incierto amanecer,

Triste soledad, dura apatía,

Que hace llorar, enloquecer.

Volverá a tus brazos ya rendida

De tanto de vagar y de no ser

Que todo lo que ha visto en esta vida

Lo verá más allá de tu querer.

No quiere suras palabras, miradas frías,

No quiere rencores vanos, voz de mujer,

Que le diga tristemente estas palabras:

“No le esperes porque ya no ha de volver”

¡Porque ella quiere refugiarse entre tus brazos

Ahogar todo su frío en tu calor

Que la ayudes a olvidar todo el pasado

Que la enseñes a vivir para tu amor!

 

Fabiana Martirena

 

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Cantos a francisco Piria

 

Te llevo conmigo

Luis A.Quijano Alpuín

Es Piriápolis una estrella prodigiosa,

que del cielo una noche se escapó,

y escondiendo su estela luminosa

entre el mar y la sierra se ocultó

 

Buscador de ilusiones y de sueños

solo Piria, soñando la encontró,

mas no es suya a pesar de ser su dueño,

a nosotros su hallazgo nos legó.

 

Como él, quisiera contemplarlo

y mirarlo igual que él lo miró,

a su espíritu quisiera yo pasearlo

y a su sueño llevarlo entre los dos.

Luis A.Quijano Alpuín

 

Respuesta

Canción

 

Desde una inmensa roca que el tiempo no ha vencido

y el milenario empuje de este mar resistió,

te admiraron los ojos de los reflejos idos;

ayer te miró Piria, pero hoy te miro yo

 

Limita tu horizonte oscuro firmamento

tronchando la esperanza de la continuidad,

mi espíritu flotante recorre como el viento

desde el paisaje efímero, hasta la eternidad.

 

Y vibran con arpegios tus olas encrespadas

imponiendo el axioma que otro ser ya escuchó

-me dices, que la muerte pasa y no deja nada?

ayer te escuchó Piria, pero hoy te escucho yo.

 

Dejadme que conteste aplicando un teorema:

si la roca en arena su estado transformó

no ha vencido la muerte, sólo hay un cambio apenas,

hoy es arena Piria mientras soy roca yo.

Luis A. Quijano Alpuin

 

 

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Blanca Cestaro

 

En cien lenguas

 

No hay idea

ni hay verbo

que el hombre

desde su universo

no supiera.